Zygmunt Bauman

Ayer, 9 de enero, murió Zygmunt Bauman, uno de los sociólogos contemporáneos con mayor fama y reconocimiento mundiales. Nacido en Polonia en 1925, de origen judío, durante las últimas dos décadas de su vida adquirió fama mundial, sobre todo a raíz de su conceptualización de la “modernidad líquida”, en el marco del estudio de la modernidad , la posmodernidad y la globalización. También es conocido por sus aportaciones sobre el holocausto, el socialismo y el consumismo, entre otros.

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Como buen sociólogo, su obra traspasa las estrictas y académicas fronteras de la sociología para mezclarse con la historia, la filosofía o la ciencia política. Bauman también es un buen escritor que ha mostrado tener uno de los dones más valiosos de la escritura literaria: la capacidad de generar metáforas que dan forma (imagen) a la abstracción y la gracia de hacer de la manera de describir la realidad social una motivo más de interés. A esta capacidad narrativa se le debe sumar un enorme conocimiento de la tradición literaria, filosófica y humanística, en general, de la cultura occidental. Es un placer intelectual leer sus libros.

Bauman es, como hemos dicho, un sociólogo y, por tanto, su centro de interés ha sido la modernidad y sus efectos. La sociología es hija de la modernidad y, como tal, una constante reflexión para comprender las causas de este momento de la historia occidental que llamamos modernidad, así como las consecuencias sociales y personales que esta modernidad tiene en las conciencias de los individuos. Así pues, no es de extrañar que el centro de interés de Bauman sean algunos de los temas que vertebran y que mejor describen este “huracán” que ha sacudido formas de vida y conciencias, comunidades humanas y países, estructuras económicas, políticas y sociedades.

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Retos virales.

La pregunta sobre la que quiero reflexionar es por qué se aceptan los retos (virales), por qué motivan i/o nos resultan atractivos. Por qué se llevan a cabo.

Si buscamos en el diccionario la palabra “reto” la encontraremos definida como el tener, o proponerse, o aceptar un objetivo que es difícil de cumplir o conseguir. No se trata de una acción cotidiana sino que requiere saltarse de algún modo el guion. En este sentido, el reto constituye un estímulo o un desafío para quien lo afronta. Resalto las ideas de estímulo y desafío.

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El hecho de que los retos nos resulten estimulantes nos dice mucho de su lugar en nuestra manera de ser. En el vivir cotidiano, en la monotonía del día a día, la mayoría de las acciones que llevamos a cabo se producen como de forma automática. No tenemos que pensar en ellas, se suceden casi inadvertidamente y sin aparente esfuerzo. Son eso que hacemos cada día, que hemos repetido cientos o miles de veces. El hecho de que el vivir diario se gestione de este modo nos facilita mucho la vida y nos hace, digámoslo así, más eficaces. Si nos paramos a pensar, si algo nos hace reflexionar sobre este hacer cotidiano, puede resultarnos aburrido y lo podemos valorar como anodino. Uf, cada día lo mismo! Parece como si la falta de experiencias nuevas nos hiciese perder interés por la vida. Echamos de menos el “ah!” de sorpresa y emoción que va asociado a una primera vez (“la primera vez que…”). De ahí que muchas personas, cuando toman consciencia de su “normalidad”, pues en definitiva estamos hablando de eso, se sienten empujadas a buscar nuevas experiencias y nuevas sensaciones. Nos estimula lo diferente, lo que puede aportar ese plus de emoción a nuestra monotonía. Los retos pueden tener características y dimensiones muy diversas: gravar o participar en un pequeño vídeo en el que vamos a congelar nuestro movimiento y expresión, subir una cima de 6 mil metros, nadar 50 piscinas, conquistar el amor de una persona o obtener un doctorado en física.

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Quin és el sentit de l’art?

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Markus Gabriel,  en el seu llibre Per què el món no existeix, explica que el sentit de l’art és que ens confronta amb el sentit. No seria tant un coneixement, un procés per obtenir coneixement sobre el “món”, com un procés (o no sé com dir-ho) que ens mostra quines són les condicions de la producció del coneixement. El sentit fa aparèixer objectes que es situen d’alguna manera davant el sentit i l’oculten. Per exemple, això és el que passa amb el sentit de la vista. Els objectes vistos sorgeixen davant del sentit de la vista i oculten el fet de ser vistos. Veiem els objectes, i no que els veiem.

[¿Us sembla que pot ser allò de Machado… “El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas;/
es ojo porque te ve…?]

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I d’aquesta manera, en les arts visuals –diu Gabriel- es fan visibles els nostres hàbits de veure, la forma com veiem els objectes. Però també amb arts com la cuina podem veure com canvia el nostre sentit del gust. L’art allibera els objectes dels quals tracta, col·locant-nos en posicions diferents davant d’ells i fent-nos veure el camp de sentit especialment fet/creat per ells. L’art desvia els objectes dels camps de sentit en els que normalment apareixen (i no ens adonem en la forma en què apareixen) i ens permet adonar-nos de la manera en què els objectes tenen/prenen sentit en els camps de sentit que li són propis.

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Pagar para pasar miedo

¿Por qué hay personas que compran una entrada de cine para ver una película de terror? El cine de terror, las películas de “miedo”, tienen su público. Algunas han recaudado millones de dólares, recuérdese “El exorcista”, “El sexto sentido”, “Expediente Warren”, “Annabelle”, “La señal”, “El proyecto de la bruja de Blair” o las de Freddy Krueger. ¿Cómo es que pagamos para tener miedo, una emoción que se clasifica entre las negativas? El miedo nos produce pesar, nos atenaza, nos puede angustiar… disminuye nuestra potencia de existir. ¿Por qué, entonces, pagamos por ello?

Siempre hay, claro está, quién lo pasa tan mal viendo este tipo de películas que se abstiene de hacerlo. El cine de terror puede despertar viejos fantasmas, provocar pesadillas o revivir malos momentos del pasado. Sin duda, si se sabe esto, es mejor abstenerse. Pero estamos hablando de una minoría de personas. Por lo general, a quién no le atrae este género cinematográfico es porque, sencillamente, no le interesa o le resulta aburrido. Esto nos da una primera pista de por qué hay quien sí está dispuesto a pagar por ver una película de terror. Si a una persona al salir del cine, aún con los pelos de punta o muy excitada, le preguntamos por qué ha ido, nos resonderá que porque le encanta, que lo ha pasado muy bien, que le ha gustado el miedo que le ha provocado, o los sustos que ha sufrido. De algún modo está satisfecha, se siente bien. El efecto final no es el pesar o emoción negativa a la que antes me refería.

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Hipocresía social

En el último salón erótico de Barcelona resulto polémico un video que pretendía mostrar la hipocresía de la sociedad española, o de todas las sociedades en general.

Como producto publicitario, debe de reconocerse a este video su capacidad de afectación/convencimiento porque hace que sin ninguna duda parezca hipócrita el comportamiento de muchas personas en relación con el sexo. No obstante, tengamos presente que hipocresía no solo se refiere a esconder los sentimientos o motivos reales de una acción, o a la inconsistencia entre aquello que se dice i aquello que se hace, sino que también se refiere a la falsedad con la que se hace lo que se hace, es decir, cuando se pretende conseguir un determinado estado de opinión y un determinado comportamiento en la audiencia aunque las intenciones (intereses) están alejadas de lo que parece. El vídeo en cuestión demuestra (o aplica intencionalmente) un profundo desconocimiento de los mecanismos de la vida social, pero es enormemente hipócrita en el último sentido de la definición. No en vano es un producto comercial. Veamos.

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“Encuéntrate a ti mismo y síguete”. Reflexión sobre un despropósito.

8 Things Society Says You Need To Do (But You Really Don’t

Creo que fue un Tweet el que me llevó a este documento (que no merece la pena leer). La última afirmación, una especie de “mandamiento” para resumir los anteriores, dice lo siguiente:

Find yourself – follow your own heart and mind. The point of this whole article is that you need to find yourself. Follow your own heart and mind, don’t conform to anything just because that’s what society expects from you.

(Encuéntrate a ti mismo – sigue tu corazón y tu mente. El núcleo de todo este articulo es que necesitas encontrarte a ti mismo. Sigue lo que te dicte tu corazón y tu mente, no te conformes con cualquier cosa sólo porque sea lo que la sociedad espera de ti)

Sinceramente, me escandaliza que tan enorme despropósito (como trataré de explicar) pueda pretender ser propuesto como un “mensaje de verdad y de liberación personal”. No obstante, no quisiera menospreciar el hecho de que sea bien recibido por muchísima gente. Es más, el axioma “escucha tu voz interior y no te sometas a las exigencias sociales”, en sus múltiples versiones (novelas, películas, publicidad, terapeutas, etc.), tiene gran difusión y amplio número de seguidores. Intento argumentar su falsedad y el porqué de su extraordinario éxito.

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Sobre la amistad

Los seres humanos establecemos múltiples formas de relación con otros seres humanos. El conjunto de estas relaciones, buenas y malas, condiciona el sentido de nuestra vida. Puede afirmarse con rotundidad que el valor de una vida humana depende de los encuentros que tenemos con otros seres humanos. Deseos, pasiones obligaciones, intereses, compromisos… caracterizan estos encuentros, el valor que tienen para nosotros y sus consecuencias.

La amistad es un tipo de relación que establecemos los seres humanos. Una relación de amistad es distinta del parentesco, de una relación erótica, de la solidaridad entre miembros de un colectivo, distinta a la identificación con una persona o grupo, distinta a la admiración y a tantos otros tipos de relación que podemos tener o establecer con nuestros semejantes. A veces, pueden darse juntas o mezclarse. También podemos confundirlas.

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