Aprendizaje emocional

Sentir las emociones, aprender a reconocerlas (en uno mismo y en los demás), saber expresarlas, disciplinarlas o controlarlas, es un proceso fundamental en la vida de cualquier ser humano. Los niños deben aprender a hacerlo. Las emociones no son (o no solo son) innatas. Lo que sentimos y cómo lo sentimos, pero sobre todo, la interpretación de lo que sentimos y lo que sienten los demás, o suponemos que sienten, no es un saber innato y hay que aprenderlo. Esto no quiere decir que no haya una base biológica común sobre la que se construye -y es posible- nuestro paisaje emocional.

El aprendizaje emocional, es decir, saber qué es eso que sentimos cuando lo sentimos, por qué lo sentimos o cómo se debe sentir y si es correcto sentirlo de una u otra manera, es un aprendizaje que se lleva a cabo generalmente en el contexto familiar y en el ámbito de las relaciones (primarias) que se tienen durante la infancia. Suele ser un aprendizaje no intencional, indirecto, basado en el ejemplo (bueno o malo) y  resultado de las relaciones que se establecen con el entorno y en respuesta a estas relaciones. Este aprendizaje en los primeros años de vida marca profundamente nuestro “tono emocional”, es decir, lo que sabemos sentir y lo que no, nuestra capacidad de empatizar con los demás, de simpatizar o de sentir compasión, de entender el propio malestar emocional y de expresar las emociones correctamente. Sencillamente, saber expresarlas, bien o mal, condiciona el hecho de poder tenerlas. También puede ser un aprendizaje intencional y programado, como el que se lleva a cabo en algunas escuelas o cuando los padres son conscientes de la importancia y de la necesidad de educar las emociones, en definitiva, de enseñarlas.

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¿Qué quiere decir “sociedad líquida”? (según Z. Bauman)

El concepto “sociedad líquida”, y la idea de “líquido” aplicada al miedo, al amor, a las relaciones personales, etc., ha sido puesto en circulación por el sociólogo Zigmunt Bauman. El éxito de la metáfora “vida líquida” ha sido tan enorme que casi podríamos decir que forma parte del vocabulario cotidiano para hablar de la sociedad contemporánea. Este hecho, el de la incorporación en el sentido común del término “liquido”, me sugiere la conveniencia de definir qué es exactamente lo que Bauman entiende por sociedad líquida y cuáles son, según este autor, algunas de sus consecuencias. Veamos.

“La Sociedad moderna líquida es aquella en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas” (Bauman, Vida líquida, pág. 9)

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F. Farinelli. La razón cartográfica_2/2

Quiero resumir el capítulo “Crítica a la razón cartográfica: de la razón de estado a la razón instrumental” que B. Lladó ha escrito y publicado en el libro de Farinelli (Lladó, B. (2015) Franco Farinelli. Del mapa al laberinto. Barcelona: Icaria) como clave interpretativa del pensamiento de F. Farinelli y de su interpretación de la modernidad.

El sentido común nos hace entender el mapa como un signo, un signo el significante del cual es el soporte material y gráfico y el significado del cual es el territorio. Pero Farinelli nos propone subvertir la relación. El significante, el elemento original y presente no es el territorio; el territorio no puede preceder al significante, el mapa. La Modernidad se ha caracterizado por la inversión estructural del signo cartográfico: el territorio no es el dato original y presente que el mapa representa sobre el papel sino, al contrario, es el mapa el que precede al territorio (pág. 242).

Por decirlo kantianamente, vendría a ser como si la categoría formal (el mapa) fuese un a priori que condiciona la materialidad del territorio que se ajusta a las condiciones (de posibilidad) que le impone la categoría (el mapa). Por ejemplo, como dijimos en la entrada anterior, el estado territorial moderno asume (se ajusta a, se “informa” de) las propiedades de la extensión espacial: continuidad del territorio, homogeneidad de sus habitantes –cultura– e isotropismo, todo converge hacia la capital. El estado moderno “copia” el mapa.

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