Por qué asumimos riesgos

¿Por qué crees que triunfan entre la audiencia esos programas en los que se asumen serios riesgos?

En el hecho de asumir un riesgo, tiene que ver con las ventajas que se espera obtener en función del riesgo asumido (es una cuestión de cálculo, como cuando se juega a bolsa) y puede tener también un componente de excitación (de emoción) y de atracción por parte de determinadas personalidades. Pero el riesgo requiere valor, cuando se asume personalmente. También se puede tener en cuenta que es más fácil asumir riesgos colectivamente, pues el sentirse arropado, formando parte de un todo de un colectivo, disminuye la percepción del riesgo y nos hace más “valientes”.

En cambio “ver”, “contemplar”… ser espectador del riesgo (y a veces del riesgo físico del otro) produce placer. La distancia social (son los otros los que sufren la guerra, el terremoto, el hundimiento de la patera…) nos protege del sufrimiento, tiene el efecto de una coraza, nos inmuniza. Es lo contrario de la empatía (la empatía requiere proximidad, verse cara a cara, tocarse). La mediación que implican las “pantallas” nos hace aún menos vulnerables al sufrimiento ajeno y nos hace espectadores “desalmados”.

En la locación romana “Panem et circenses” está implicado el valor de riesgo como un elemento que satisface una dimensión la vida social. Se trata de un riesgo no personal, de la contemplación del riesgo y del peligro, incluso de la muerte del otro, pero, eso sí, con la tripa llena.

¿El público reclama hoy nuevas emociones? ¿Tiene eso algo que ver con la necesidad de evadirse de vidas cada vez más rutinarias?

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Entendre les religions avui

El 31 de març de 2016, l’Ateneu de Barcelona va organitzar una conversa sobre quina base de creences compartides pot dialogar l’Europa secularitzada amb la resta de cultures del món. La conversa es va fer a propòsit de la publicació per l’Editorial Mediterrània del llibre de Joan Estruch Entendre les religions, una perspectiva sociològica.

Libre Estruch

En la conversa va participar (a més de l’autor de llibre Joan Estruch i de Laia de Ahumada http://laiadahumada.blogspot.com.es/ ) el professor d’antropologia biològica en Ramon Maria Nogués de qui vull recollir algunes de les idees que va suggerir perquè en poques paraules ens va ajudar a entendre molt el fet religiós present, i el del futur. D’això se’n diu “saviesa”.

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Traición y cálculo. Por qué la traición “sale a cuenta”.

¿Cuáles son los principales motivos que llevan a alguien a cometer una traición?

La respuesta es muy clara y fácil: el interés y el cálculo. Dicho de otro modo, la instrumentalización de la razón. La traición consiste en rompe un compromiso, en romper la confianza que se ha generado en alguna relación. Por ejemplo, se pierde la confianza que se siente hacia un país o hacia una institución,  se rompen los vínculos que unen a un grupo, a una familia, a una persona (la pareja o un amigo). Y generalmente, esta ruptura o esta pérdida de confianza (que puede llevar a la traición) se lleva a cabo por “cálculo”. También puede suceder que ha haya habido un cambio de “afectos”, pero es menos frecuente como motivo de la traición. Justamente, lo que mantiene firmes las relaciones sociales, los pactos (incluso los comerciales) son los vínculos emocionales que se generan y que unen mucho más que las razones o los intereses. Si calculas, generalmente sale a cuenta traicionar. La teoría de juegos describe las estrategias y circunstancias posibles de este tipo de racionalidad.

La confianza (el compromiso) se entiende como una especie de promesa y de decisión de mantenerte en una relación aunque en el futuro encuentres otra que te podría interesar más, “salir más rentable”, como vulgarmente se dice, tanto si se trata de una relación de pareja o de una relación comercial. Si no se hace esta apuesta, la que implica la confianza, es evidente que se está abierto a que el compromiso sea traicionado así que se de una circunstancia favorable. Y es esta actitud racional la que nos hace muy traidores. Es decir “busca, compara, y si encuentras algo mejor…”.  Somos homo economicus en muchos ámbitos de nuestra vida. ¿En todos?

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El baúl digital de los recuerdos

Durante siglos, tal vez cientos de miles de años, la memoria biológica, y algunos pocos objetos, han sido el único medio humano de recuperar y rememorar el pasado. Para los griegos, ser cantado por los rapsodas era la única forma posible de inmortalidad. El baúl de los recuerdos era la mejor imagen-metáfora de la posibilidad de traer al presente lo que estaba de algún modo enterrado y olvidado. Una madalena para Proust o, para otros, un pequeño juguete en el fondo de un cajón, o una nota manuscrita entre las páginas amarillentas de un libro, nos permite evocar el tiempo pasado y trasladarnos a él.

Con la revolución digital la capacidad de almacenar y recuperar diferentes dimensiones del mundo vivido (fotos, vídeos, textos, sonidos, pronto olores y sensaciones táctiles) revoluciona también la capacidad de memorizar y de recuperar el recuerdo. Memoria digital, memoria externalizada que multiplica casi por infinito las posibilidades de almacenar momentos y de recuperarlos o rememorarlos a voluntad. Es posible filmarse de múltiples maneras las veinticuatro horas del día y guardarlo digitalmente, y seguramente alguien lo esté haciendo ya. Pronto un padre podrá decirle a su hijo: “Toma (entregándole un xip), la vida de tu abuela, toda, filmada en directo”. De momento, reconozco que me da pereza pensar lo que esto pueda suponer. [En el tercer episodio de Black Mirror, algo se nos cuenta de ello].

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La primera vez

Podríamos clasificar las experiencias que tenemos a lo largo de la vida en dos tipos:

  1. Las experiencias sorpresa, es decir, que nos sorprenden porque es la primera vez que las tenemos. Son experiencias de descubrimiento, por más que puedan ir acompañadas de conocimiento, como por ejemplo cuando decimos: “he visto a mucha gente besarse, pero nunca he besado a nadie”.
  2. Las experiencias de repetición. La segunda vez que, la quinta vez que, o siempre que… Si una experiencia se repite muchas veces acaba convirtiéndose en rutina. Las rutinas, por más que puedan resultarles aburridas a mucha gente, son muy importantes para hacer la vida más fácil y para orientarnos en el mundo con rapidez. Nos liberan de tomar decisiones.

Es importante tener presente que entre uno y otro tipo de experiencia lo que se da es un proceso que va de la “sorpresa” del descubrimiento –la primera vez que mantienes una relación sexual- a la “confortabilidad” de la rutina –siempre que haces el amor-. La vida es un transitar entre experiencias que son nuevas, y de alguna manera extraordinarias, y experiencias que se convierte en un hecho cotidiano. Envejecer es el proceso de ir reduciendo, que no perdiendo, la posibilidad y capacidad de sorpresa.

En los procesos vitales de la mayoría de las personas, “la primera vez” es muy importante porque queda como referente y puede servir para fundamentar el “mito” de aquellas acciones o momentos clave que tienen lugar en la vida de una persona: “La primera vez que…” En el caso del sexo la excitación que suele acompañar la experiencia, y los preliminares-expectativas que lo acompañan (y que pueden alargarse meses o años), le confieren a esa primera vez una especial relevancia y un lugar destacado en nuestro recuerdo.

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