Richard Sennett: la caída del hombre público o como la autenticidad se ha vuelto incivilizada.

“Las gentes pueden ser sociables sólo cuando disponen de cierta protección con respecto a los demás; sin la existencia de barreras, de fronteras, sin la distancia mutua que constituye la esencia de la impersonalidad, las gentes son destructivas.

Esto no se produce porque la “naturaleza del hombre” sea maligna –el error conservador– sino porque el efecto total de la cultura, transmitido por el capitalismo y el secularismo modernos vuelve lógico el fratricidio cuando las gentes utilizan las relaciones íntimas como un fundamento para las relaciones sociales” (Sennett, 1978: 384)

En principio, no quiero discutir la verdad de estas afirmaciones de R. Sennett pero, a partir de su gran ensayo El declive del hombre público, intentaré explicar qué fundamenta este veredicto sobre el hombre y la sociedad modernos.

En el origen de esta situación se encuentra una paradoja. Por un lado, la atomización del individuo moderno y la idea de que su felicidad (autorealización) solo es posible si atiende a sus necesidades más profundas y si es capaz de manifestar y expresar aquello que más íntimamente lo caracteriza y lo singulariza. Y por otro lado, el sentimiento de enajenación respecto de los vínculos y obligaciones formales que comporta la vida en sociedad. Estos se suelen vivir como imposiciones que hay que cumplir bajo la amenaza de la ley (y su capacidad punitiva) pero que molestan por ser regulaciones a las que el individuo debe someterse y que atentan a la libre espontaneidad del yo.

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Fisis y nomos. A propósito del habitus de Bourdieu.

“La evidencia de la individuación biológica impide ver que la sociedad existe bajo dos formas inseparables: por un lado, las instituciones, que pueden revestir la forma de cosas físicas, monumentos, libros, instrumentos, etc.; por el otro, las disposiciones adquiridas, las maneras duraderas de ser o de hacer que se encarnan en los cuerpos (y que yo denomino habitus). El cuerpo socializado (lo que se llama el individuo o la persona) no se opone a la sociedad: es una de sus formas de existencia. (…) Contra la representación común, que consiste en asociar sociología y colectivo, hay que subrayar que lo colectivo se halla depositado en cada individuo en forma de disposiciones duraderas, como las estructuras mentales. “ (p. 30-31. Bourdieu, P. (2000) Cuestiones de sociología. Madrid: Istmo. )

Afirmación número 1:

El concepto de habitus de P. Bourdieu nos permite afirmar, como su definición pone de relieve, que el cuerpo es social. Lo social, que tiene su origen en la interacción entre los individuos –eso que llamamos acción social- se encarna en el cuerpo individual (biológico y natural) en forma de disposiciones adquiridas que dan lugar a maneras de pensar, de actuar, de sentir, en definitiva de relacionarnos y ser individuos (seres sociales).

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Ch. Taylor y P. Bourdieu. Seguir una regla.

Wittgenstein, en sus Investigaciones filosóficas, muestra que el sujeto no solo no es sino que no puede llegar a ser consciente de toda una multitud de temas directamente relacionados con la aplicación correcta de una regla, afirma Taylor en un artículo titulado “Seguir una regla” (y lo muestra con los claros ejemplos con que lo hace Wiettgenstein) (221).

La argumentación de Taylor en este artículo nos servirá para resaltar el concepto de “trasfondo” (back-ground), fundamental en su filosofía y para repasar el concepto de habitus de P. Bourdieu (aludido por Taylor en el artículo).

El trasfondo, dice Taylor, no es aquello de lo que soy simplemente inconsciente (como no lo soy de la cara oculta de la luna) puesto que es lo que hace inteligible aquello de lo que soy indiscutiblemente consciente… (el trasfondo) es lo que soy capaz de articular, esto es, es lo que soy capa de sacar a relucir de la condición de implícito, es lo que facilita el contexto no dicho –en otras palabras: lo que puedo hacer articulable-. E esta actividad de articular me aprovecho de mi familiaridad con este trasfondo (…) El trasfondo es lo que convierte a ciertas experiencias en inteligibles para nosotros. Nos hace capaces de captarlas, las hace comprensibles. (101) (Paralelismos entre Heidegger y Wittgenstein –ver entrada en este blog)

Esta idea de trasfondo (cito a Alejandra Fierro ) nos apunta a la necesidad de tener en cuenta el dato contextual siempre presente en los procesos de conocimiento (prácticas sociales). Detrás subyace la idea según la cual el entendimiento es compartido y organizado por la prácticas sociales (pág. 298 del artículo citado).

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