Imaginación y consumo. A proposito de C. Campbell_1/2

Para hacer frente al hic et nunc (el aquí y el ahora) de nuestras vidas, hay que dar por descontados muchos futuros, no ponerlos en duda, y echar mano de la confianza y de la esperanza. De hecho, son estas características de la estructura temporal del tiempo las que nos singulariza y definen nuestra particular posición en el mundo.

También sabemos, pese a nuestra naturaleza pre-visora (somos capaces de ver con antelación y de proyectarnos hacia el futuro) que el futuro está lleno de incerteza. No solo es imprevisible lo que va a ser de nuestra vida, sino que la misma vida no está garantizada ni un solo minuto más allá del momento presente. Sin duda que este saber ni nos paraliza ni debe paralizarnos por más que pensadolo fríamente pudiera horrorizarnos. Es más, la insatisfacción que tantas veces nos produce nuestra cotidiana vida, la decepción que podemos sentir respecto de nuestro pasado nos abre las puertas del futuro al que abocamos nuestro sueños y nuestros deseos. Anhelamos una vida que parece que puede ser prometida, posible cuanto menos.

En este mecanismo de proyección hacia el futuro, de sueños y promesas que creemos que son propios (pero que la más de las veces no nos pertenecen o son ajenos a nuestras vidas e ignoran nuestras capacidades y nuestras posibilidades) es donde la imaginación tiene un papel preponderante. La imaginación gobierna, reina en nuestras vidas.

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Internet, fábrica de sueños (por F. Núñez)

Claves para la comprensión de la participación en foros y chats

Este articulo fue publicado hace más de una docena de años en: http://www.uoc.edu/humfil/articles/cat/nunez/nunez.html (en catalàn) y en: http://redcientifica.com/doc/doc200203190001.html (en castellano); y pese a lo mucho que ha evolucionado el medio, las ideas principales siguen siendo, creo yo, totalmente válidas para interpretar de dónde viene parte de la “energia” que nos lleva a entrar en la red.

1. Introducción. ¿Qué conduce a relacionarse en Internet

¿Qué puede hacerse en Internet? En Internet pueden hacerse, y de hecho se hacen, muchas cosas. Algunas de estas cosas son aquéllas para las cuales se ha ido creando la Red, pero otras, en cambio, eran impensables en el momento en que se implantó. Cada vez nos sorprende y nos sorprenderá más cómo se va concretando cada nueva posibilidad. La variabilidad de respuesta de los usuarios ante las grandes presiones que llegan de la industria es más grande de lo que a menudo suele creerse, y los ávidos consumidores nunca dejan de reinterpretar y recrear, en su práctica cotidiana, el sentido y el valor de los objetos y productos que están a su disposición.

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El avaro como precursor del consumista moderno (por F. Núñez Mosteo)

En un cuento infantil, de cuyo título no puedo acordarme, aparecía un avaro que había enterrado un cofre repleto de monedas de oro junto a un árbol en el bosque. Vamos, el típico avaro que obtiene placer guardando y escondiendo su dinero. Cada día, al caer la tarde, se sentaba junto al árbol encima de su tesoro para regocijarse en el placer de pensar en voz alta en el oro que allí tenia escondido y con el que tantos y tantos objetos podría comprar y emprender mil y una industrias. Una mala tarde, unos niños descubrieron como el avaro hablaba a su tesoro escondido y al poco que se alejó de su tesoro lo desenterraron y huyeron con él. Al día siguiente, la tierra removida advirtió al avaro del robo de su cofre y cayó de rodillas llorando con desesperación todo lo que había perdido: su dinero, los mil objetos que había soñado comprar, las grandes empresas que habría podido emprender. Todo le fue arrebatado.

La figura del avaro se nos ha presentado siempre como la de un hombre (y sí, generalmente de sexo masculino) mezquino, tacaño, codicioso, obsesivamente ligado a la materialidad de su dinero (que tiene muy poco de material), casi podríamos decir que al oro del dinero. Una triste figura incapaz de disfrutar de su riqueza porque no sabe o no quiere desprenderse de ella y se esfuerza por conseguir (y acumular)s más y más de lo que sería debido. Un extremo, en la concepción aristotélica del vicio,  del justo medio virtuoso que sería la generosidad o el  desprendimiento. En el otro extremo, una figura no menos denigrada, el derrochador, el que gasta sin contención ni miramiento.

En la crítica tradicional a la avaricia no se ha tenido en cuenta la “modernidad” de la figura del avaro. El avaro es como el consumidor moderno, una persona que ha descubierto que no hay fuente de placer mayor que la imaginación, y que la imaginación, más que la obtención de las cosas mismas, puede proporcionar una satisfacción completa a nuestro deseo. Así el avaro se nos manifiesta como un precursor del consumidor (consumista) moderno.

imaginacio

Avaricia_Durero   

Alberto Durero (1471-1528), Avaricia (1507)

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Post coitum omne animal triste est

Post coitum omne animal triste est
(Todo animal está triste después del coito)
Si era Galeno quien afirmaba que post coitum tristitia, seguramente estaba pensando en el relajamiento y flacidez física y anímica, tras la excitación, que, sobre todo en los machos (1), claro está, sigue al coito. Un desequilibrio humoral. Su teoría de los humores y del equilibrio humoral asemeja su diagnóstico al que también podría hacer S. Freud: tras la liberación de la energía pulsional, que coincide con el mayor placer, y que viene precedida por un estado de tensión en el sistema homeostático, puede pasarse a un estado de relajación y tristeza.  También Aristóteles apostaría por esta oscilación entre placer y tristeza (hedoné y lipé como los dos polos en los que se mueve nuestro ánimo), y afirmaría que “post coitum…”. La investigación hormonal más reciente, achacará a la liberación de prolactina durante el orgasmo masculino esta tristeza postcoital como un efecto derivado. Sin entrar en más detalles, podemos dar el tópico sino por verdadero, por aceptable.

Me resulta divertido pensar que Joaquín Sabina, en un tono mucho más jocoso, apostaba por esta sabiduría galénica cuando afirmaba en una entrevista que él nunca se había acostado con una mujer fea, nunca subrayaba, e insinuaba, además, haberse acostado con muchas. Inmediatamente, sacaba al entrevistador de su sorpresa diciéndole que otra cosa era lo que le parecían por la mañana al despertar a su lado.

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La imaginación y el sueño, laboratorios de experiencia (per F. Núñez)

Los humanos requerimos de largos años de aprendizaje (aculturación, socialización) para llegar a ser humanos. Somos un ser abocado a la acción y la acumulación de experiencia (humana); un ser previsor que anticipamos y nos proyectamos en el futuro, y un ser no acabado, porque hacernos humanos no tiene un final (A. Gehlen). Los humanos tardamos entre una y dos décadas en adquirir la autonomía necesaria para movernos por nuestros mundos sociales. A diferencia de los llamados “hábitats naturales” (ecosistemas), los mundos humanos, tan plurales y tan diversos, a menudo cambian a gran velocidad y su naturaleza, lo que son, depende de nuestras interacciones-de nuestros vínculos-y de nuestras acciones en el entorno.

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