Escribir trabajos académicos

Aquí tenéis unas indicaciones claras y precisas de cómo confecionar un trabajo académico.

Dedicado a lxs estudiantes del “Màster en humanidades: arte, literatura y cultura contemporáneas”. Especialmente a lxs que están haciendo su Trabajo Final de Màster.

 

Escribir trabajos académicos (por Mar Garachana)

Todo trabajo académico debe tener la siguiente estructura general:

  1. Introducción
  2. Desarrollo
  3. Conclusión
  4. Bibliografía

De estas partes, la de desarrollo tiene una estructura más o menos libre y puede tener características diversas según la temática del trabajo y el tipo de actividad que se esté llevando a cabo en cada caso concreto. En contrapartida, la introducción, la conclusión y la bibliografía tienen una estructura que debe ajustarse a las características que se indican a continuación.

  1. La introducción

La introducción es el apartado del trabajo donde debe quedar bien formulado el objetivo que se persigue. Conviene que este quede explicitado de manera clara y breve, con formulaciones tales como “El objetivo de este trabajo es …”, “En este trabajo se aspira a …”, “Este trabajo tiene como centro de interés … “. Aunque no hay una única formulación, lo que es indispensable es que el lector encuentre de manera inmediata y sin ambigüedades el objetivo del trabajo.

Una posibilidad es empezar el trabajo con esta presentación del objetivo. Otra es empezar por contextualizar el contenido que se va a desarrollar, indicando, por ejemplo, el tema de manera general, los trabajos previos que pueda haber sobre el tema, posibles aspectos problemáticos y, a continuación, señalar qué es lo que se quiere conseguir con el trabajo (la formulación del objetivo).

Una vez se tiene explicitado el objetivo, se debe justificar este objetivo. La pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿Por qué es relevante, en el contexto de conocimiento actual, llevar a cabo este trabajo? Es decir, no hay que dar ninguna justificación personal, sino de carácter científico. Este punto de la introducción resulta fundamental, ya que permite entender por qué un trabajo como el que se propone es pertinente.

El paso siguiente es la formulación de las preguntas de la investigación. Dicho en otras palabras, se trata de presentar de manera clara y concisa cuáles son las preguntas que suscitan el interés por el objetivo perseguido con el trabajo. A menudo esta es la parte más difícil de formular por escrito, por lo que conviene que le dediquemos un buen rato.

Finalmente, las introducciones deben terminar con una explicación clara y resumida de la estructura del trabajo. No se trata de hacer una enumeración, ni un esquema, que solo serían una repetición del índice que todo trabajo académico debe tener. Tampoco se debe dar una explicación muy general que no permita ver cuáles son los apartados que conforman el trabajo. Lo que el estudiante tiene que hacer es indicar cuántos apartados tiene el trabajo. Los siguientes son ejemplos de buenas prácticas de escritura académica:

  1. El trabajo se divide en cuatro partes. Tras la introducción, la sección 2 describe el método de análisis y de recogida de datos. La sección 3 presenta y discute los resultados de los diseños. Finalmente, la sección 4 concluye con las recomendaciones que se deben hacer a las autoridades médicas

 

  1. El trabajo se estructura en cuatro apartados. Después de esta introducción, se presenta una recopilación cronológica de las corrientes de estudio historiográfico relevantes (apartado 2). A continuación, se hace una valoración personal sobre el efecto de la subjetividad en la historia (apartado 3). Por último, el trabajo presenta unas conclusiones que responden a las preguntas aquí formuladas (apartado 4).

La introducción debe redactarse una vez el trabajo ya está terminado. Ahora bien, la planificación previa a la redacción del trabajo exige prestar atención a las cuestiones que se han recogido en este apartado. Cuando se planifica un trabajo, hay que pensar (i) cuál es el objetivo y la justificación de este (lo que queremos decir), (ii) a quién nos dirigimos, que condiciona la organización del trabajo (a quién hablamos) y (iii) cómo queremos estructurar el estudio (el cómo escribiremos).

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