Identidad y subjetividad

(En respuesta a una pregunta para un trabajo final de postgrado).

¿Cómo se relacionan entre sí los conceptos de identidad y subjetividad?

Uau! Bonita pregunta! Fácil de responder, ja, ja. Respondo como filósofo y como sociólogo. A ver si lo consigo.

Así, a bote pronto, se me ocurre:

Desde una perspectiva sociológica la identidad (todos esos personajes-rol que uno/a es) se adquiere en el proceso de socialización. Socialización (primaria) entendida como la manera en que los miembros de una colectividad aprenden –y aprehenden- los modelos de su sociedad, los asimilan, los integran en las estructuras de la personalidad (que probablemente tenga bases biológicas) y los hacen propios. Se aprende, por ejemplo, a andar, a comer, a pensar, a sentir, a comportarse, a ser… de una determinada manera, a ser A o a ser B, o una cosa ahora y otra después o las dos a la vez (que también pasa), etc. Se adquiera una identidad social y, también, personal. Nos incorporamos, eso que podría llamarse hacerse persona, en el mundo dado por descontado, que lo hacemos nuestro. Nuestro mundo, mi mundo. Un mundo que, dicho sea de paso, siempre nos precede. El mundo, ahora y siempre, está acabado cuando uno nace… Socializarse es integrarse en él, ese mundo que estaba ahí cuando “vinimos al mundo”. Nos identificamos, pues, y adquirimos nuestra identidad en ese proceso. Es un proceso, no un acto puntual. Esto es importante.

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El tuning contra el consumismo.

Llamamos tuning a la personalización de, por ejemplo, un automóvil a través de la incorporación y modificación de diversos elementos: cambios en la carrocería, modificación o incorporación de prestaciones, variaciones en el interior, etc. Podría pensarse que las personas amantes del tuning son mayores consumidores que los que simplemente compran un producto y esperan a que llegue su obsolescencia para cambiarlo. Sin embargo, esto no es así: el tuning puede ser una estrategia frente al consumismo. Y en el extremo, una metáfora del anticonsumo.

Se tunean coches, bicicletas, ordenadores, instrumentos musicales, carpetas, lápices, maletas, camas, ropa… e, incluso, si se nos permite un uso metafórico, tuneamos las habitaciones donde dormimos, las casa y, también, nuestro propio cuerpo. El objetivo no es comprar más productos que sumar o añadir a los que ya tenemos, sino que lo estamos haciendo es modificar nuestro entorno para hacerlo más útil o más práctico o, simplemente, más bello. Lo personalizamos para que nos guste, para que su utilización nos resulte más agradable, para singularizarnos de nuestros vecinos. El tuning, en este sentido, se relaciona mucho más con el uso del producto, con su usufructo, con su disfrute, que con la propiedad, el derecho a propiedad y su valor de cambio. Tunear un objeto viene a ser como cultivarlo, cuidarlo para que se desarrolle a nuestro gusto. Es más, una vez tuneados, los objetos quedan recubiertos por nuestros sentimientos. En términos psicoanalíticos se diría que los hemos cargado de líbido (de nuestra energía vital) y los hemos hecho significativos, nuestros. Pero se trata de un “nuestros” que no se identifica con la propiedad, sino la personalización del objeto.

Al embellecer los objetos proyectando nuestros sentimientos y nuestros deseos en ellos, los convierte en entidades más duraderas. Resulta más difícil desprenderse de ellos, no ya son meros utensilios, son también objetos bellos, bienes que mejoran nuestra vida. Esta renaturalización los hace mucho más perdurables, los rescata del consumo instrumental y los arranca de la tiranía de la obsolescencia programada.

La belleza contra el consumo.

El crecimiento económico depende del consumo y el uso vertiginoso de las cosas. La economía basada en el consumo sucumbiría si d pronto la gente empezara a embellecer las cosas, a protegerlas frente a la caducidad, a ayudarlas a lograr una duración. Byung-Chul Han.