El tuning contra el consumismo.

Llamamos tuning a la personalización de, por ejemplo, un automóvil a través de la incorporación y modificación de diversos elementos: cambios en la carrocería, modificación o incorporación de prestaciones, variaciones en el interior, etc. Podría pensarse que las personas amantes del tuning son mayores consumidores que los que simplemente compran un producto y esperan a que llegue su obsolescencia para cambiarlo. Sin embargo, esto no es así: el tuning puede ser una estrategia frente al consumismo. Y en el extremo, una metáfora del anticonsumo.

Se tunean coches, bicicletas, ordenadores, instrumentos musicales, carpetas, lápices, maletas, camas, ropa… e, incluso, si se nos permite un uso metafórico, tuneamos las habitaciones donde dormimos, las casa y, también, nuestro propio cuerpo. El objetivo no es comprar más productos que sumar o añadir a los que ya tenemos, sino que lo estamos haciendo es modificar nuestro entorno para hacerlo más útil o más práctico o, simplemente, más bello. Lo personalizamos para que nos guste, para que su utilización nos resulte más agradable, para singularizarnos de nuestros vecinos. El tuning, en este sentido, se relaciona mucho más con el uso del producto, con su usufructo, con su disfrute, que con la propiedad, el derecho a propiedad y su valor de cambio. Tunear un objeto viene a ser como cultivarlo, cuidarlo para que se desarrolle a nuestro gusto. Es más, una vez tuneados, los objetos quedan recubiertos por nuestros sentimientos. En términos psicoanalíticos se diría que los hemos cargado de líbido (de nuestra energía vital) y los hemos hecho significativos, nuestros. Pero se trata de un “nuestros” que no se identifica con la propiedad, sino la personalización del objeto.

Al embellecer los objetos proyectando nuestros sentimientos y nuestros deseos en ellos, los convierte en entidades más duraderas. Resulta más difícil desprenderse de ellos, no ya son meros utensilios, son también objetos bellos, bienes que mejoran nuestra vida. Esta renaturalización los hace mucho más perdurables, los rescata del consumo instrumental y los arranca de la tiranía de la obsolescencia programada.

La belleza contra el consumo.

El crecimiento económico depende del consumo y el uso vertiginoso de las cosas. La economía basada en el consumo sucumbiría si d pronto la gente empezara a embellecer las cosas, a protegerlas frente a la caducidad, a ayudarlas a lograr una duración. Byung-Chul Han.

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Imaginación y consumo. A propósito de C. Campbell_2/2

[Continuación]

La tendencia en el hedonismo moderno de hacer servir la imaginación para un placer perfecto y proyectar este hecho hacia la experiencia futura significa que se puede desear aquello de lo que aún no se tiene experiencia y, en el extremo, puede significar una búsqueda difusa de un desconocido objeto de deseo [“presente” en el un indefinido campo de posibilidades]. Esta característica del hedonismo moderno la podemos denominar nostalgia (anhelo), algo que es distinto del deseo por el hecho que tiene lugar sin la presencia de ningún objeto real [muchas veces se trata de la nostalgia por algo que nunca ha existido, y que pone en evidencia la situación paradoxal del hedonista –i también del consumidor- moderno]. Dicho de otro modo, por más que siempre se desea alguna cosa, se puede anhelar… no sé sabe qué. La nostalgia y una permanente difusa insatisfacción son las características de la búsqueda generada por el auto-ilusorio hedonismo, y son una consecuencia inevitable de la práctica del soñar despierto.

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Consum Compulsiu

En època de rebaixes, i les de gener són, juntament amb les de juliol, les més sonades, s’engega el motor del consum compulsiu. Es podria descriure com un impuls que porta a “anar de rebaixes” i a comprar molts productes (gangues) per suposadament pocs diners. Aquest impuls dóna la sensació que s’està fent una bona elecció. Ara bé, és ben possible que el resultat sigui l’increment del nombre d’objectes innecessaris o mai utilitzats o infrautilitzats que entren a formar part de prestatgeries, calaixos, armaris o racons gairebé infinits.

En general, el consum té poc de racional. Encara en té menys el consum compulsiu. Pel fet de tractar-se d’un tipus de transacció econòmica, podríem pensar que el consum està guiat per la racionalitat econòmica o instrumental, que ens fa calcular costos i beneficis, que busca, compara i es queda (compra) el que sembla la millor opció per satisfer la necessitat o, per què no, el desig o el caprici.

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El consum i l’alliberament del treball (per F. Núñez Mosteo)

[Aquesta entrada és part d’un text que vaig presentar en les IX Jornades de filosofia de Lleida i que convertiré en un article]

El consum i l’alliberament del treball

“Et guanyaràs el pa amb la suor del teu front fins que tornis a la terra

d’on vas ser tret: perquè ets pols, i a la pols tornaràs.”

 Gènesi 3.

INTRODUCCIÓ

Encapçalar un article sobre el treball amb a una de les frases més citades de l’Antic testament, la condemna al treball i la nostra condició efímera, té el perill de caure fàcilment en el tòpic. Vull, però, assumir aquesta falta d’originalitat amb el repte d’argumentar de quina manera hem aconseguit deslliurar-nos de la condemna i del lligam a la terra.

L’objectiu és agosarat i requerirà força matisos i contextualització per no caure en la justificació de la hybris que podria pensar-se que és el pecat que ens ha portat cap aquest alliberament. El primer “matís” que vull apuntar és que en aquest cas el camí cap a un estat, o millor, cap a una dimensió que s’escapa de la “condició humana” no ha resultat d’un enfrontament amb la divinitat o d’una argúcia per enganyar els deus, sinó que és tracta d’una conseqüència no prevista de l’acció social. Això, és clar, no ens treu ni intencionalitat ni responsabilitat.

Les nostres arrels grecoromanes i judeocristianes estan plenes de mites i advertències sobre les conseqüències que té el desig humà de ser com els deus o de voler equiparar la nostra potència o voluntat a la divina. La divinitat sempre ha castigat enormement la supèrbia humana. De fet, la condemna al treball per la subsistència, i la insistència en la nostra finitud, és ja un càstig a la desobediència i a voler ser com Déu. Mai no hem deixat d’intentar trobar la manera de deslliurar-nos de la submissió que això comporta i bona part de la cultura humana es debat en la tensió que ens comporta acceptar i dominar la contingència.

Gairebé sense adonar-nos-en, l’activitat consumista (el consum modern) ens ha obert les portes per tenir un espai, el del consum, on la satisfacció es deslliga de la submissió al món i amb sol poder de la ment som capaços d’habitar alguns paradisos. Aquesta és la idea que tracto de desenvolupar en aquest article.

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El avaro como precursor del consumista moderno (por F. Núñez Mosteo)

En un cuento infantil, de cuyo título no puedo acordarme, aparecía un avaro que había enterrado un cofre repleto de monedas de oro junto a un árbol en el bosque. Vamos, el típico avaro que obtiene placer guardando y escondiendo su dinero. Cada día, al caer la tarde, se sentaba junto al árbol encima de su tesoro para regocijarse en el placer de pensar en voz alta en el oro que allí tenia escondido y con el que tantos y tantos objetos podría comprar y emprender mil y una industrias. Una mala tarde, unos niños descubrieron como el avaro hablaba a su tesoro escondido y al poco que se alejó de su tesoro lo desenterraron y huyeron con él. Al día siguiente, la tierra removida advirtió al avaro del robo de su cofre y cayó de rodillas llorando con desesperación todo lo que había perdido: su dinero, los mil objetos que había soñado comprar, las grandes empresas que habría podido emprender. Todo le fue arrebatado.

La figura del avaro se nos ha presentado siempre como la de un hombre (y sí, generalmente de sexo masculino) mezquino, tacaño, codicioso, obsesivamente ligado a la materialidad de su dinero (que tiene muy poco de material), casi podríamos decir que al oro del dinero. Una triste figura incapaz de disfrutar de su riqueza porque no sabe o no quiere desprenderse de ella y se esfuerza por conseguir (y acumular)s más y más de lo que sería debido. Un extremo, en la concepción aristotélica del vicio,  del justo medio virtuoso que sería la generosidad o el  desprendimiento. En el otro extremo, una figura no menos denigrada, el derrochador, el que gasta sin contención ni miramiento.

En la crítica tradicional a la avaricia no se ha tenido en cuenta la “modernidad” de la figura del avaro. El avaro es como el consumidor moderno, una persona que ha descubierto que no hay fuente de placer mayor que la imaginación, y que la imaginación, más que la obtención de las cosas mismas, puede proporcionar una satisfacción completa a nuestro deseo. Así el avaro se nos manifiesta como un precursor del consumidor (consumista) moderno.

imaginacio

Avaricia_Durero   

Alberto Durero (1471-1528), Avaricia (1507)

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Consumo: algo está cambiando (por F. Núñez)

Publicado hoy en “El Economista” (http://www.eleconomista.es/)

Consumo: algo está cambiando.

La principal preocupación económica en estos días es la posible recuperación del consumo particular durante las navidades. ¿Se consolidará -y aún irá a más- el ligero aumento que parece estarse produciendo durante este mes tradicionalmente de mucho gasto familiar y personal?

Sí sabemos, es una evidencia y una obviedad, que la crisis no ha afectado a todos por igual, y que en muchos hogares se ha producido una retención o contención del gasto como reacción al miedo o por prudencia. Sea como sea, lo realmente interesante es preguntarnos si algunos hábitos de consumo están cambiando por causa de la crisis ante la incertidumbre de predecir el futuro y lo arriesgado de cualquier decisión.
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Bauman: Del treball al consum(isme) i algunes de les seves conseqüències.

En aquests tres llibres Bauman ens explica com la modernitat ha passat de societats d’essers humans disciplinats pel treball (de tipus fordista) a unes societats organitzades al voltant del consum. Els individus que per la seva localització social o geogràfica han quedat fora de la dinàmica consumista (no poden accedir-hi, principalment perquè no tenen diners ni crèdit) se’ns manifesten com a “sobrants”, perquè no tenen lloc en el joc social, no interessen a les grans corporacions socioeconòmiques i els Estats no saben ben bé què fer amb ells. I a més, tampoc són necessaris en el procés de producció.

Tracto d’extreure d’aquests tres llibres els arguments principals que ens poden donar la perspectiva i l’explicació de Bauman sobre aquest tema.
Bauman, Z. (2005) [1998] Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona: Gedisa.
Bauman, Z. (2005) [2004] Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Barcelona: Paidós.
Bauman, Zygmunt (2007) Vida de consumo. Madrid: FCE.

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