Pluralismo y mito_3/7

  1. El mundo de la vida cotidiana
    [O por qué le resulta difícil al extranjero incorporarse en “nuestro” mundo]

Antes de analizar algunas de las consecuencias de la modernidad, quisiera resaltar las características del mundo de la vida cotidiana donde se sitúan la mayoría de los individuos que viven y “sufren” una situación de pluralismo. A menudo, al no tener presente estas características, el discurso y la acción política no tienen sentido para la mayoría de ciudadanos, y los efectos buscados y pretendidos suelen alejarse mucho de las consecuencias no previstas -ni queridas-, pero bien reales, de la acción política y social. Sigo en esta caracterización la obra de Alfred Schütz.

El mundo de la vida cotidiana significa el mundo intersubjetivo que existe mucho antes de nuestro nacimiento, experimentado e interpretado por otros, nuestros predecesores, como un mundo organizado (y lleno de sentido). Es el objeto de nuestras acciones e interacciones y, si no pasa nada extraordinario, no hay ninguna razón para que sea cuestionado y puesto en duda. Normalmente, nos movemos dentro de él con un motivo claramente pragmático: es el mundo donde debemos actuar para llevar a cabo nuestras acciones.

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Pluralismo y mito_2/7

Repito la primera conclusión y tesis que quiero mantener, porque es fundamental para entender el pluralismo moderno: compartir mitos es la condición de la igualdad social y de la identidad colectiva. El otro, el extranjero, es el que no tiene los mismos mitos que “nosotros”. Este “nosotros”, claro está, tiene diferentes concreciones, en función de si estos mitos que compartimos son familiares, de un grupo o nacionales. También habría que indagar la presencia de mitos transnacionales en la medida que hablamos, por ejemplo, de “nosotros los europeos”.

El compartir mitos, pues, es parte importante de la cohesión social, del sentimiento de comunidad, de la pertenencia al grupo. No compartir los mismos mitos puede ser un impedimento para la comprensión del otro, una dificultad a la hora de ponerse en su lugar. Esta diferencia lleva fácilmente al enfrentamiento, no sólo hay enfrentadas diferentes perspectivas del mundo (diferentes mundos -y estilos- de vida), también se enfrentan, consecuentemente, los principios y los valores en los que se cree, o los derechos que se reclaman como propios (nota 1)

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Pluralismo y mito_1/7

La reflexión que ahora inicio es sociológica y, más concretamente, se quiere inscribir en la perspectiva de la sociología del conocimiento. Buena parte de las tesis que mantendré son tomadas de esta tradición en la que destaca la obra de Peter Berger y Thomas Luckmann La construcción social de la realidad. Un tratado de sociología del conocimiento.

Inscribirse en esta tradición significa, por ejemplo, tener la realidad de la vida cotidiana -una realidad que siempre es compartida con los otros- como el objeto central de la reflexión sociológica. Asimismo, esta tradición supone situar en un lugar fundamental “el hecho de reconocer que todos los universos simbólicos y todas las legitimaciones son productos humanos; que su existencia se basa en la vida de unos individuos concretos y que fuera de estas vidas no tendrían estatus empírico de ningún tipo “(Berger y Luckman, 1988: 181).

Estos son algunos de los supuestos desde donde abordaré el tema del pluralismo contemporáneo y el papel del mito en las sociedades modernas y pluralistas. De hecho, la mayor parte de las sociedades modernas son pluralistas, es decir, comparten un mismo universo central, dado por supuesto como tal, a la vez que hay varios universos parciales que coexisten en estado de acomodación mutua (B y L, 1988: 176). Esta situación, así como la realidad de la vida cotidiana dentro de una sociedad pluralista, está provocada por factores que no son de orden teórico y hace difícil reflexionar sobre el tema desde una perspectiva teórica y filosófica tradicional porque es difícil legitimar teóricamente (en nuestra tradición) una desmonopolización de hecho de la vida y del pensamiento.

La aportación de estas entradas en blog quiere ser modesta y, como he dicho, tendenciosa. Sólo pretendo subrayar algo que no debería de ser nada sorprendente: la importancia del mito en las sociedades humanas. Desde este planteamiento, de raíz bien durkheimiana, propongo que nos acercamos al tema del extranjero -del otro, de la alteridad- como aquel que no comparte los propios mitos, lo que le hace muy difícil ubicarse en el mundo de sentido de la vida cotidiana del individuo ordinario (la idea es de Alfred Schütz).
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Imaginación y consumo. A propósito de C. Campbell_2/2

[Continuación]

La tendencia en el hedonismo moderno de hacer servir la imaginación para un placer perfecto y proyectar este hecho hacia la experiencia futura significa que se puede desear aquello de lo que aún no se tiene experiencia y, en el extremo, puede significar una búsqueda difusa de un desconocido objeto de deseo [“presente” en el un indefinido campo de posibilidades]. Esta característica del hedonismo moderno la podemos denominar nostalgia (anhelo), algo que es distinto del deseo por el hecho que tiene lugar sin la presencia de ningún objeto real [muchas veces se trata de la nostalgia por algo que nunca ha existido, y que pone en evidencia la situación paradoxal del hedonista –i también del consumidor- moderno]. Dicho de otro modo, por más que siempre se desea alguna cosa, se puede anhelar… no sé sabe qué. La nostalgia y una permanente difusa insatisfacción son las características de la búsqueda generada por el auto-ilusorio hedonismo, y son una consecuencia inevitable de la práctica del soñar despierto.

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