El pueblo sin atributos (de W. Brown)

Wendy Brown, en su libro El pueblo sin atributos explica las características de la “secreta revolución del neoliberalismo”, que, a tenor de sus consecuencias en nuestras vidas y en las sociedades democráticas, puede considerarse un escándalo a voces. Una mínima mirada introspectiva hacia algunos de los mecanismos que gobiernan nuestras vidas bastará para poder contemplar los estragos de dicha revolución. Esta revolución se califica de secreta porque, por más que nos pensemos y nos representemos como capitales, no nos damos mucha cuenta de ello. El modus operandi de esta revolución tiene que ver más con el silencio con que las termitas colonizan y destruyen una vivienda que con el rugido que acompañaría el ataque de un león.

images

El libro de Brown quiere situarse en la estela de M. Foucault. Como él, describe el neoliberalismo en términos de un orden de razón normativa, de una racionalidad rectora de toda la vida humana. Dicho lisa y llanamente, el neoliberalismo se nos ha metido en la piel casi sin darnos cuenta, ha colonizado nuestro sentido común y se ha convertido en nuestro mundo dado por descontado. Es tan evidente que nos resulta invisible, y justo ahí radica su poder. La tesis central del libro sería esta: al convertirse el neoliberalismo en una razón rectora, toda conducta se ha transformado en conducta económica, todas las esferas de la vida humana (personal y social) se han

“economizado”. Los individuos convertidos en capital-mercancía (y, en consecuencia, en producto de consumo) tenemos casi como único propósito mejorar nuestro posicionamiento competitivo y mejorar nuestro “portafolio”. Somos actores y productos del mercado.

Personalmente, me resulta preocupante pensar que estos procesos de “economización” de la vida, personal y pública en general, puedan no ser reversibles. Parece ser que allí donde solían funcionar determinadas reglas sociales no sometidas al cálculo ni a la “capitalización”, cuando las traduces a términos económicos, ya no pueden volverse a aplicar. Por ejemplo, cuando en una cena a la que has sido invitado comentas cuánto te ha costado el vino, o en la celebración de un cumpleaños haces constar el precio del regalo, difícilmente podemos volver a hablar de generosidad o de don. No hay vuelta atrás, hemos entrado en una relación comercial de cálculo y de capitalización. Queremos ganar prestigio, aumentar el interés que podemos suscitar en los demás, confirmar nuestra “reconocida generosidad”, etc. Como comenta D. Ariely en su obra Las trampas del deseo, basta a veces con que empecemos a pensar en términos de dinero para que nos comportemos como los economistas creen que lo hacemos y no como los animales sociales que alguna vez somos o hemos sido.

Como he dicho antes, es suficiente un mínimo de introspección para descubrir que todo nuestro comportamiento (nuestros deseos y nuestros anhelos) se puede explicar en términos de competitividad, del esfuerzo constante por aumentar nuestro capital (no exclusivamente económico, también social, cultural, simbólico o erótico, por ejemplo). Es decir, nuestro comportamiento tiene como ley absoluta la tenacidad por aumentar nuestro valor de mercado: buscamos ser “deseados” como… profesionales, como amantes, como padres, como amigos, como políticos, etc. Siguiendo a Brown, nos convertirnos en CEO de nuestra vida emocional, de nuestra salud o de nuestra vida profesional. No nos queda más remedio que aplicar la lógica de maximizar capitales, en el presente y en el futuro, pues seguir otras vías o pretender salir del juego, sostiene Brown, nos puede llevar a la precarización e incluso a poner en riesgo nuestra supervivencia. La vida humana –como también sucede con las instituciones o los estados– debe de “gerencializarse” y utilizar las estrategias del networking y el benchmarking. Sencillamente, el eslogan podría ser: ¡convierte cada uno de tus deseos o necesidades en una empresa rentable! ¡Saca partido a tu vida!

Nota a parte: A los universitarios esto nos resulta aún, si cabe, más familiar! Extraordinario el cap. 6 del libro de W. Brown dedicado a la educación. Especialmente interesante el “drama” en el que pueden verse sumidas las humanidades y las preocupantes consecuencias de unas comunidades que “han perdido el reconocimiento como algo que nos mantenía unidos por literaturas, imágenes, religiones, historias, mitos, ideas, formas de razón, gramáticas, figuras y lenguaje. En su lugar, se supone que estamos unidos por tecnologías y flujos de capital. Esta suposición (…) corre el riesgo de volverse verdadera y, cuando esto ocurra, la humanidad habrá entrado en el capítulo más oscuro de su historia.” –pág. 256-.

Cada uno puede juzgar en su propia carne los efectos vitales de esta condición de (o reducción a) homo economicus. Propongo valorar si una “buena vida” –pues vivir bien debería de ser un objetivo ampliamente compartido– es posible cuando lo que tenemos es una “mera vida” absolutamente vinculada a la producción de riquezas, produciéndolas o acumulándolas. Otros efectos nocivos de la razón neoliberal que apunta Brown son la intensificación de la desigualdad, la inapropiada comercialización de todas las cosas y actividades humanas (y no humanas), la equiparación del Estado con el Capital ( y el dominio corporativo de las decisiones políticas) o el caos económico (téngase presente, por ejemplo, el funcionamiento de las “burbujas”).

En esta lista de consecuencias no deseadas, Brown subraya amargamente la derrota del homo politicus a manos del economicus. En sus términos: “la economización de la vida acarrea la atenuación radical del ejercicio de la libertad en las esferas social y política (…). Los estados se subordinan a los mercados (…) [y] los sujetos liberados para buscar su propia mejora como capital humano, emancipados de todas las preocupaciones por lo social, lo político, lo público y lo colectivo, así como de la regulación de estos, se insertan en las normas (…) de la conducta del mercado y se integran en los propósitos de la empresa (…) o la región o la nación… (pág. 146)

En sus consecuencias políticas, la democracia se vuelve procedimental. La política deja de ser el manejo del poder como una lucha en torno a fundamentos o metas comunes (el bien común), para convertirse en “gobernanza”, en el sentido de “gerencialización” arriba aludido. Y en última instancia, se lleva a cabo un proceso de individualización (y responsabilización) del ciudadano en la vida pública, así como del trabajador en las empresas. El ciudadano, como el trabajador o el estudiante o el consumidor, ha de saber seguir las estrategias correctas de “autoinversión” y “espíritu emprendedor” si quiere prosperar y sobrevivir. Muchas veces se ha de renunciar la interés común ante la necesidad del sacrificio para no verse expulsado del juego económico o de la lógica de la capitalización.

La pregunta que me hago es si estamos a tiempo de invertir este proceso y si es posible una vida no economizada y una subjetividad no capitalizada. El libro de Brown, como ella indica, no nos ofrece alternativas pues se trata solo de una crítica a la situación. No obstante, como todo ejercicio de desenmascaramiento sociológico, nos da pistas y nos ilumina algún camino. Tal vez una dimensión social no económica tenga que ver con algo así como la confianza, que no responde a la racionalidad (instrumental) y que se debe a nuestra condición social y a nuestra capacidad para establecer vínculos. Inquieta pensar que nos pueda pasar como con la confianza que una vez que ha sido rota o traicionada o puesta en duda, si bien podemos esforzarnos por rehacerla –y es posible rehacerla–, las cicatrices nos recuerden siempre que ahí hubo una herida.

 

 

 

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s