Pluralismo y mito_5/7

  1. La dificultad del diálogo

La situación social que hasta ahora hemos ido describiendo la podemos calificar de “pluralismo atómico” -si se me permite la expresión. Se trata de una situación donde casi cada individuo puede tener un conocimiento particular del mundo, unas formas singulares de vivir, unos valores y unas creencias hechas a su medida o un proyecto de vida escogido a la carta. La posibilidad, sin embargo, no termina nunca de ser socialmente uniforme. En las sociedades contemporáneas, no sólo encontramos un amplio abanico de comunidades -bien diferentes- con sus propios mitos (sistemas de conocimiento y de valores con sus sistemas de legitimación y comunicación), sino que los mismos individuos (proceso de individualización) han sufrido, dentro de sus comunidades de vida, un proceso de pluralización.

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Parejas mixtas. ¿Amores difíciles? (por F. Núñez)

Uno de los efectos de la globalización que nos llama más la atención son las parejas mixtas. Por parejas mixtas entendemos parejas donde sus miembros son de distintos países y nacionalidades, de distintos orígenes culturales, de diferentes ambientes sociales, y otras muchas “heterogeneidades”. A esta relación de pareja se puede llegar por muchos caminos: la pasión amorosa (el enamoramiento), la necesidad de cruzar una frontera o tener un pasaporte, el deseo de mejorar el nivel de vida y de tener una vida mejor, etc., etc., etc. Sean cuales sean los entresijos  del “amor”, las parejas mixtas han de afrontar los problemas propios de toda relación, pero agravados, creemos, por la distancia que la diferencia puede suponer.

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Modernidad, pluralismo, individualismo y crisis de sentido

Reflexiones y notas a propósito de los libros:

P. Berger i Th. Luckmann (1977) Modernidad, pluralismo y crisis de sentido. Paidós: Barcelona.
Beck, Ulrico y Beck-Gernsheim, Elisabeth (2003) La individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas. Barcelona: Paidós.

Modernidad, Pluralismo e individualismo no son conceptos, o realidades sociales, que por sí mismos deban preocupar. Otra cosa son sus consecuencias sociales, políticas o personales. Sin embargo, sí que nos llama más la atención el problema de la crisis de sentido. Consideramos que esta, el sentido, es la tarea básica de la vida social. Sin aparentes más complicaciones, pero tan sumamente complicado, esto quiere decir proporcionar un mundo ordenado (no caótico) y con continuidad. No debemos olvidar que somos mortales, “memento mori”, pero debemos pensarnos hacia el futuro. Ignoro si animales y plantas son capaces de vivir en el tiempo presente (el único tiempo real, claro está), pero la vida humana consiste en prever nuestras acciones. Esperamos y actuamos abocados al futuro.

La reflexión filosófica del s. XX ha puesto de manifiesto la preocupación por el sentido y la crisis de nuestras sociedades, modernas, plurales, individualistas y, ahora también, globales, para proporcionar unas dosis suficientes de sentido. La crisis de la razón y el problema del sentido han centrado buena parte de la filosofía contemporánea. La denominada “filosofía de la sospecha” (Marx, Freud, Nietzsche) son un buen reflejo de la crisis (y ruptura) y marcan los retos por donde deberá seguir el pensamiento filosófico. En esta entrada, me centraré en algunos de los concomitantes sociales (¿causas?) que pueden ayudarnos a entender el sentido de la crisis de sentido y algunas de sus consecuencias.
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