La primera vez

Podríamos clasificar las experiencias que tenemos a lo largo de la vida en dos tipos:

  1. Las experiencias sorpresa, es decir, que nos sorprenden porque es la primera vez que las tenemos. Son experiencias de descubrimiento, por más que puedan ir acompañadas de conocimiento, como por ejemplo cuando decimos: “he visto a mucha gente besarse, pero nunca he besado a nadie”.
  2. Las experiencias de repetición. La segunda vez que, la quinta vez que, o siempre que… Si una experiencia se repite muchas veces acaba convirtiéndose en rutina. Las rutinas, por más que puedan resultarles aburridas a mucha gente, son muy importantes para hacer la vida más fácil y para orientarnos en el mundo con rapidez. Nos liberan de tomar decisiones.

Es importante tener presente que entre uno y otro tipo de experiencia lo que se da es un proceso que va de la “sorpresa” del descubrimiento –la primera vez que mantienes una relación sexual- a la “confortabilidad” de la rutina –siempre que haces el amor-. La vida es un transitar entre experiencias que son nuevas, y de alguna manera extraordinarias, y experiencias que se convierte en un hecho cotidiano. Envejecer es el proceso de ir reduciendo, que no perdiendo, la posibilidad y capacidad de sorpresa.

En los procesos vitales de la mayoría de las personas, “la primera vez” es muy importante porque queda como referente y puede servir para fundamentar el “mito” de aquellas acciones o momentos clave que tienen lugar en la vida de una persona: “La primera vez que…” En el caso del sexo la excitación que suele acompañar la experiencia, y los preliminares-expectativas que lo acompañan (y que pueden alargarse meses o años), le confieren a esa primera vez una especial relevancia y un lugar destacado en nuestro recuerdo.

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Amor y sexo por compasión

Podría afirmarse que la compasión y la simpatía, también la conmiseración, la pena e incluso sentimientos más complejos como la piedad o la misericordia, incluyen de alguna manera el amor, o pueden mover al amor o el amor puede llevarnos a ellos. Menos claro está que esos sentimientos puedan incitarnos a mantener una relación sexual. Intentemos analizar algunas de estas complejidades –y recovecos– del corazón.

Si nos remitimos a la etimología de la palabra “compasión”, veremos que está compuesta por la preposición latina “cum” (con) más la palabra de origen griego, “pathos” (de donde deriva pasión). El “pathos” vendría a ser la sede de las emociones, el lugar donde tienen lugar los sentimientos. Com-pasión indica pues el conmoverse con el sentimiento (generalmente el dolor o la pena) de alguien. Sentimos compasión por quien se siente desgraciado o triste por la pérdida de alguien, porque ha sufrido una desgracia, porque la vida, en definitiva, no le sonríe. Pero no lo juzgamos, porque la compasión es un sentimiento premoral, sentimos con él (una especie de solidaridad) su dolor, le acompañamos.

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