Pagar para pasar miedo

¿Por qué hay personas que compran una entrada de cine para ver una película de terror? El cine de terror, las películas de “miedo”, tienen su público. Algunas han recaudado millones de dólares, recuérdese “El exorcista”, “El sexto sentido”, “Expediente Warren”, “Annabelle”, “La señal”, “El proyecto de la bruja de Blair” o las de Freddy Krueger. ¿Cómo es que pagamos para tener miedo, una emoción que se clasifica entre las negativas? El miedo nos produce pesar, nos atenaza, nos puede angustiar… disminuye nuestra potencia de existir. ¿Por qué, entonces, pagamos por ello?

Siempre hay, claro está, quién lo pasa tan mal viendo este tipo de películas que se abstiene de hacerlo. El cine de terror puede despertar viejos fantasmas, provocar pesadillas o revivir malos momentos del pasado. Sin duda, si se sabe esto, es mejor abstenerse. Pero estamos hablando de una minoría de personas. Por lo general, a quién no le atrae este género cinematográfico es porque, sencillamente, no le interesa o le resulta aburrido. Esto nos da una primera pista de por qué hay quien sí está dispuesto a pagar por ver una película de terror. Si a una persona al salir del cine, aún con los pelos de punta o muy excitada, le preguntamos por qué ha ido, nos resonderá que porque le encanta, que lo ha pasado muy bien, que le ha gustado el miedo que le ha provocado, o los sustos que ha sufrido. De algún modo está satisfecha, se siente bien. El efecto final no es el pesar o emoción negativa a la que antes me refería.

En este sentido, podemos afirmar que el cine de terror produce una enorme excitación y alteración emocional en la audiencia (sobresaltos, tensión, excitación, miedo) que se vive como una experiencia positiva. Vulgarmente podríamos considerarla como “un chute de adrenalina”, emoción vía intravenosa que va directamente al cerebro. En realidad, podríamos decir que no es tan diferente de la excitación-emoción que se tiene en algunas de las atracciones de los grandes parques temáticos (Europa Park, Disney, Port Aventura, etc.). Pagamos por una excitación controlada. Este es un dato importante: emoción bajo control, sin posibilidad alguna de sufrir un accidente, sin lugar para la contingencia, sin temor a que la situación pueda escaparse de nuestras manos. Emociones enlatadas, bajo control sanitario. Puras o purificadas. Una agitación emocional que no puede desbordarse. No deja de ser paradójico pues se trata de “sentir” sin estar demasiado implicados.

Examinemos con más atención esta falta de “implicación”. Cuando estamos viendo una película de terror, ¿estamos realmente desimplicados o desvinculados de lo que está teniendo lugar en la pantalla y nos mantenemos al margen de la trama que se nos propone? Seguramente que no es así, pues desde el principio se nos despiertan las simpatías y las aversiones hacia unos u otros personajes. Nos cuesta poco identificar los que son “buenos” y los que son “malos”, nos formamos rápidamente juicios de valor (que más tarde podremos contrastar o discutir con nuestros amigos, si también han visto la película) o, en cualquier caso, generamos discurso sobre los personajes o acciones que resultan ambivalentes. Nos sirve para posicionarnos. Es más, nos sirve para experimentar algunas de esas situaciones, nos ponemos en el lugar de y… sentimos eso mismo que debe de estar sintiendo el personaje de la película. El resultado es como haber estado en un pequeño laboratorio de experiencias. Sabemos o hemos tratado de saber qué se siente.

Esto me lleva a considerar otro de los posibles valores del cine de terror por los cuales pagamos: la catarsis. En su versión clásica (la que Aristóteles destacó como el gran valor de la tragedia), la catarsis vendría a consistir en un proceso emocional (el “coctel emocional” que nos provoca la representación teatral o, en nuestro caso, cinematográfica) que tiene como resultado final la purificación del alma a través de la piedad y el terror. Ahora que ya no tenemos alma, pero sí aparato psíquico, deberíamos hablar de una “liberación” emocional, de un proceso homeostático cuyo resultado –después de la agitación controlada a la que nos referíamos- es el placer o bienestar de nuestra psique. ¡Uf, qué descansado, qué bien me he quedado! Para Aristóteles, la catarsis debería hacernos más valientes y justos. Ahora nos conformamos con que nos deje más satisfechos con nosotros mismos y más tranquilos. Hay quien con mirada “economicista” sobre el funcionamiento de nuestro complejo emocional considera que, en la medida que las películas de terror generan expectativas (de liberación, de venganza, de salida de una situación, etc.) y se ven finalmente satisfechas, el cine de terror tiene como resultado un sentimiento de satisfacción. Este mecanismo se puede entender en términos psicológicos como una “transferencia de la activación”. Es decir, a lo largo de la película se va acumulando la angustia y el malestar (el miedo) pero que, si al final acaba bien…, ¡puff!, logramos una descarga emocional que produce placer (bienestar, liberación).

Por último, querría resaltar lo que podemos considerar la gran paradoja del cine actual en general: en un lugar de silencio y oscuridad, un lugar en el que se impone el orden encarnado en el silencio entendido como falta de interacción social, los individuos aislados se reúnen para compartir emociones, la fuente básica del vínculo social. No puedo dejar de constatar esta enorme paradoja y la gran ironía de la situación en la que un ritual cargado de “energía” social se caracteriza por la falta de acción e interacción sociales. Los espacios psíquicos se recargan vitalmente pero se vacían de su dimensión pública y política.

 

 

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s