“Encuéntrate a ti mismo y síguete”. Reflexión sobre un despropósito.

8 Things Society Says You Need To Do (But You Really Don’t

Creo que fue un Tweet el que me llevó a este documento (que no merece la pena leer). La última afirmación, una especie de “mandamiento” para resumir los anteriores, dice lo siguiente:

Find yourself – follow your own heart and mind. The point of this whole article is that you need to find yourself. Follow your own heart and mind, don’t conform to anything just because that’s what society expects from you.

(Encuéntrate a ti mismo – sigue tu corazón y tu mente. El núcleo de todo este articulo es que necesitas encontrarte a ti mismo. Sigue lo que te dicte tu corazón y tu mente, no te conformes con cualquier cosa sólo porque sea lo que la sociedad espera de ti)

Sinceramente, me escandaliza que tan enorme despropósito (como trataré de explicar) pueda pretender ser propuesto como un “mensaje de verdad y de liberación personal”. No obstante, no quisiera menospreciar el hecho de que sea bien recibido por muchísima gente. Es más, el axioma “escucha tu voz interior y no te sometas a las exigencias sociales”, en sus múltiples versiones (novelas, películas, publicidad, terapeutas, etc.), tiene gran difusión y amplio número de seguidores. Intento argumentar su falsedad y el porqué de su extraordinario éxito.

Intentemos entender, con buena voluntad, su gran predicamento. En realidad, todos nos sabemos singulares, únicos, una especie de milagro en el infinito (y muy probablemente anodino) universo. Justamente, el interés de nuestra existencia radica en su irrepetibilidad. Nos sabemos/creemos especiales y nos esforzamos por serlo. Sin querer dejar de ser “uno de los nuestros” (y cada cuál sabe quienes son los suyos) nos dedicamos constantemente a no ser “uno más”, para sentirnos diferentes. En determinado momento de nuestra evolución cultural, hemos hecho coincidir esa diferencia y singularidad con el hecho de ser auténticos, de ser “uno mismo”, es decir, hay que encontrar esa verdad que reside dentro de cada uno y que, por lo que se ve, no coincide con ninguna otra… exactamente. Como si de dos obras de arte originales se tratase. Somos artistas de nuestra vida, de nuestra “interioridad”.

A esta bonita idea acompaña la sospecha de que el “mal”, lo que nos perjudica, lo que nos sienta mal (pues nos limita y nos somete) viene de fuera, de la sociedad. Es la sociedad la que nos lleva por el mal camino. Este juicio tiene algunos antecedentes que no vamos a reseguir pues me limitaré a mostrar lo que hay en su base.

Cuando el individuo moderno apostó por su autonomía inmediatamente sospechó de la autoridad, de la tradición y de la religión (sigo en esta explicación a J. Roiz). En esta lucha por la “liberación” descubrió que la dominación en lo público se traducía en obediencia psicológica. Cuando el individuo está bajo el control del grupo este influye en él de mil maneras (no se puede dudar de esto). Lo mismo le pasa al niño cuando está inserto en la familia. En consecuencia, la emancipación solo podía venir de “uno mismo”.

No sin pocas tensiones, que todavía arrastramos, el alma dejó de ser social (y un asunto divino) para convertirse en un yo (self) racional, con una base material (el cerebro), que responde a las leyes de la naturaleza. Al liberar el espació interno de las tiranías de lo social (de la polis), el yo cree que su libertad depende de él y del buen ejercicio de sus facultades. Le llamamos salud mental. A lo sumo, necesitará de un terapeuta o médico (sustitutos de los guías espirituales) que le oriente o ayude (químicamente si es necesario) en el camino de la libertad. La libertad consiste en poder seguir lo que nos dicta nuestro corazón y nuestra mente. Al Estado, por ejemplo, solo se le pide que garantice los derechos que tenemos como individuos (libertad negativa).

A fin de cuentas, nos creemos capaces de poder dirigir nuestro destino en el mundo. Si juzgamos bien, y elegimos adecuadamente, de nosotros depende nuestro bienestar y el hecho de encontrar un lugar en el mundo. “Sé tú mismo”. “Hazte tu camino”. “Vive tu vida”. “Tú puedes”. “Tú sí que vales”.

Y en este proceso lo que se ha olvidado es la dimensión política de la mente. Más aún: el yo como red de relaciones. Nada hay en nuestro interior, por decirlo aristotélicamente, que no nos haya venido de fuera. Y aunque alguien, astutamente, pueda poner una coma a la anterior afirmación y añadir “excepto la mente misma”, esa mismidad no dejaría de ser, en nuestro caso, un puro formalismo que aún nos haría a todos mucho más iguales. Todos los cerebros funcionan, salvo errores (que los hay) de la misma manera o según los mismos principios y leyes. De acuerdo. Pero aquello de lo que se abastece y se llena el cerebro, las experiencias y los significados, y aún la misma estructura orgánica del cerebro (neuroplasticidad), nos viene de fuera y de nuestra condición de seres sociales y relacionales.

“La vida psíquica –nos dice J. Roiz- está llena de espacios comunitarios, de elementos de la polis y son ricos en sustancia política. Son espacios públicos, como un campo de batalla o un ágora”. Aunque a veces nos creamos que no es así, no hay diferencia entre la res publica i la res privata. Aquello que llamamos intimidad está poblado de sustancia pública y se modela y remodela con la interacción social.

De hecho, nada hay en la vida humana más importante que la vida social de la que se forma parte (el grupo humano, la familia, las relaciones personales). Nuestra realidad, así como nuestro ser, no es anterior a este mundo social. El sentido de nuestra vida y el significado del mundo depende de este juego de relaciones, de la red en la que el yo se inserta y es “tejido”. Nada hay más importante en la vida que las personas con las que te encuentras. Son estos encuentros los que te permiten ir -y te llevan- a alguna parte, allí donde estás es donde has ido por que te han llevado. No, no estoy hablando de determismo social, sino de la realidad esencial del yo humano. Incluso las predisposiciones genéticas (eso sí sería determinismo –y del duro-) están condicionadas por los factores ambientales, que en nuestro caso quiere decir sociales y relacionales. No hay un medio ambiente humano que no sea cultural, es decir, el resultado de nuestra interacción con el mundo y con nuestros semejantes. En este sentido, ni Robinson Crusoe ni el anacoreta más recalcitrante está solo un solo instante. No estoy hablando del sentimiento de soledad, o del abandono, o de las rupturas de los lazos sociales.

Nuestra vida interior está poblada de substancia pública, forjada en la relación social. Encontrarse a sí mismo, como se nos proponía, no puede ser otra cosa que ser consciente de ese tejido social del cual formamos parte, de los flujos y reflujos de relaciones y sus implicaciones emocionales que componen nuestro interior. Debemos tomar conciencia de las obligaciones sociales que nos configuran y responder con el debido cumplimiento. De hecho, nos con-formamos con todo lo que la sociedad (entendida esta como nuestra experiencia con la gente que nos rodea) demanda de nosotros. Cuando se nos dice “sé tu mismo, busca en tu interior y no te doblegues”, se nos está formulando un imperativo (engañoso) que esconde innumerables tiranías (sociales).

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One thought on ““Encuéntrate a ti mismo y síguete”. Reflexión sobre un despropósito.

  1. Intento comprender el mensaje de cuestionamiento de las frases que has enumerado. Entiendo que son fruto de un tipo de sociedad muy marcada por estigmas comerciales y de gran información (medios de comunicación) En contraposición se me acuden las doctrinas orientales (budismo…) donde el guia de la actuación diaria es el sentimiento de uno mismo. Si es cierto que muchos de los mensajes que se venden son prostituciones de estas doctrinas. Hoy entre nosotros cualquiera puede hacer “zen”, “yoga” “masajes” “acupuntura” etc… mientras que las culturas orientales solo los “llamados” pueden ejercer estas disciplinas.
    Es evidente que las religiones occidentales (católicos i protestantes) han perdido la influencia en la población que durante siglos ejercieron, con todos sus pros i contras.
    Quien o de que manera los ciudadanos del futuro tendrán que encontrar los equilibrios existenciales necesarios para su felicidad…?
    Debate para mi muy importante y poco reconocido a dia de hoy

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