Por qué asumimos riesgos

¿Por qué crees que triunfan entre la audiencia esos programas en los que se asumen serios riesgos?

En el hecho de asumir un riesgo, tiene que ver con las ventajas que se espera obtener en función del riesgo asumido (es una cuestión de cálculo, como cuando se juega a bolsa) y puede tener también un componente de excitación (de emoción) y de atracción por parte de determinadas personalidades. Pero el riesgo requiere valor, cuando se asume personalmente. También se puede tener en cuenta que es más fácil asumir riesgos colectivamente, pues el sentirse arropado, formando parte de un todo de un colectivo, disminuye la percepción del riesgo y nos hace más “valientes”.

En cambio “ver”, “contemplar”… ser espectador del riesgo (y a veces del riesgo físico del otro) produce placer. La distancia social (son los otros los que sufren la guerra, el terremoto, el hundimiento de la patera…) nos protege del sufrimiento, tiene el efecto de una coraza, nos inmuniza. Es lo contrario de la empatía (la empatía requiere proximidad, verse cara a cara, tocarse). La mediación que implican las “pantallas” nos hace aún menos vulnerables al sufrimiento ajeno y nos hace espectadores “desalmados”.

En la locación romana “Panem et circenses” está implicado el valor de riesgo como un elemento que satisface una dimensión la vida social. Se trata de un riesgo no personal, de la contemplación del riesgo y del peligro, incluso de la muerte del otro, pero, eso sí, con la tripa llena.

¿El público reclama hoy nuevas emociones? ¿Tiene eso algo que ver con la necesidad de evadirse de vidas cada vez más rutinarias?

Este “reclamo” de nuevas emociones puede ser un efecto de la denominada “ley de los rendimientos decrecientes”. Es una característica humana que el efecto y excitación de la primera experiencia (la primera vez) se va perdiendo con la repetición. El “ahá” o sorpresa inicial se convierte en un “ah, otra vez”. Los espectáculos se basan en romper con la cotidianidad y la normalidad. Nadie vería una película que nos explicase un día normal de un tipo normal. La sociedad moderna enaltece lo singular (que se supone único), nos incita a buscar lo novedoso, lo que por novedoso produce excitación y placer. Pedimos que la vida esté llena de “nuevas” experiencias. Esta exigencia nos radicaliza, nos lleva a buscar en los márgenes, a asumir riesgos económicos, físicos, morales… El consumo, la base del consumo –y del consumismo moderno- pasa por la no satisfacción con lo que se tiene y la búsqueda de emociones nuevas, en definitiva de reproducir incesantemente el proceso del deseo.

No es que nos queramos evadir de las rutinas (familiares, laborales, cotidianas –y que son muy importantes para hacer soportable la vida, aunque no lo sepamos), sino que nos creemos que el sentido de la vida, una vida con sentido y con valor, tienen que ser una vida “emocionante”, en el sentido más básico del término. Nos asusta la normalidad. Y eso nos lleva a la vulgaridad generalizada buscando la singularidad (lo que les pasa a los reality).

¿Necesitamos hoy más superhéroes en la televisión?

Necesitamos “superhéroes”, sí, porque vienen a representar el prototipo (un tipo ideal) de sujeto que nos gustaría ser, tienen una vida que nos gustaría tener. Ser singular y auténtico, ser tu mismo y ser, también en esto, mejor que los demás, son imperativos sociales del mundo moderno. El superhéroe representa esto, y es fácil en la imaginación (que es a lo que apela la televisión y el consumo en general) sentirse identificado, obtener placer en esa “imaginación” (que eso es lo que la imaginación permite, obtener placer sin necesidad de un estímulo “real”).

¿El espectador necesita hoy escenas más extremas por un consumo televisivo en el que ya hemos visto prácticamente de todo?

Me remito a lo dicho anteriormente respecto a la ley de “rendimientos decrecientes”. Y a la habituación que, como con cualquier droga, pasa con las experiencias “excitantes”, se hacen más “usuales”, pierden su poder de estimulación, nos hacemos más tolerantes y necesitamos dosis mayores.

No obstante, esto no es necesariamente así. También hay un mercado, una manera de funcionar de los centros de producción del entretenimiento, que necesitan para su reproducción generar esta sensación de necesidad de novedad y de mayor intensidad. Y que, claro está, acaba teniendo su efecto en la audiencia.

¿Y el concursante que se presta a jugarse, a veces, incluso la vida por un plano? ¿Qué crees que busca esta persona?

Se asumen riesgos, como he dicho, en función del cálculo de beneficios. Si piensas que el riesgo te va a llevar a ser un “héroe”, te va a llevar a la fama, a la celebridad… Y te va a reportar dinero u otros beneficios… El riesgo merece la pena. Los límites del riesgo a asumir los pone la personalidad, el valor, o la necesidad. Como manera de ser, puede haber quién siente placer en el riesgo, quién se activa en ello, quién lo tiene como forma de vida… Pero aún en esa “personalidad” hay una dimensión de búsqueda del reconocimiento (social), del prestigio, del “ser alguien” siendo, se supone, uno mimo.

 

Entrevista para una notícia de La Vanguardia:

http://www.lavanguardia.com/20150312/54428081635/todo-por-la-audiencia-javier-ricou.html

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One thought on “Por qué asumimos riesgos

  1. Quan per les circumstàncies que siguin, vius la vida plenament, no és necessari reclamar noves emocions, perquè la vida és plena de novetats, aventures i emocions; és un aprenentatge constant. Millor dit, nosaltres estem carregats de vida, emocions, necessitat d’aventures i aprenentatge.
    Però i sobretot, amb la creació industrial, el capitalisme i les macro ciutats, s’ha creat una societat d’ús, les persones són per servir, aprofitar i, des que som petits ens eduquen per obeir, tenir por o millor dit, no defensar-nos ni revelar-nos a l’autoritat, davant la qual, ens sentim impotents i la servim. De petits ens fiquen primer dintre escoletes, escoles, IES i universitats, vuit hores diàries quiets, asseguts i callats si l’autoritat no et demana i fent el que et diuen que has de fer i sinó, les conseqüències són molt greus; cap nen o jove, si no es sentit amenaçat o extorsionat d’alguna manera, aguantaria sis hores assegut, callat i obeint. Així s’aconsegueix fer persones adultes submises i preparades per servir, a canvi de matar el teu natural i usar-te 8 hores diàries de la teva vida i esgotant les teves forces.
    Això té un preu, les persones es senten que tenen una vida sense sentit, viuen sense viure i estan esgotats, els hi falta viure aventures i emocions diàries, ens podem conformar i dir que així estem més tranquils o la vida l’hem de guanyar; però matem una part de nosaltres i per això cerquem omplir-la amb emocions televisades falses, que no patim nosaltres; ja que a més ens hem tornat covard, tenim por i ens deixem morir abans que enfrontar-nos al que ens usen o inclòs ens maten.

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