Traición y cálculo. Por qué la traición “sale a cuenta”.

¿Cuáles son los principales motivos que llevan a alguien a cometer una traición?

La respuesta es muy clara y fácil: el interés y el cálculo. Dicho de otro modo, la instrumentalización de la razón. La traición consiste en rompe un compromiso, en romper la confianza que se ha generado en alguna relación. Por ejemplo, se pierde la confianza que se siente hacia un país o hacia una institución,  se rompen los vínculos que unen a un grupo, a una familia, a una persona (la pareja o un amigo). Y generalmente, esta ruptura o esta pérdida de confianza (que puede llevar a la traición) se lleva a cabo por “cálculo”. También puede suceder que ha haya habido un cambio de “afectos”, pero es menos frecuente como motivo de la traición. Justamente, lo que mantiene firmes las relaciones sociales, los pactos (incluso los comerciales) son los vínculos emocionales que se generan y que unen mucho más que las razones o los intereses. Si calculas, generalmente sale a cuenta traicionar. La teoría de juegos describe las estrategias y circunstancias posibles de este tipo de racionalidad.

La confianza (el compromiso) se entiende como una especie de promesa y de decisión de mantenerte en una relación aunque en el futuro encuentres otra que te podría interesar más, “salir más rentable”, como vulgarmente se dice, tanto si se trata de una relación de pareja o de una relación comercial. Si no se hace esta apuesta, la que implica la confianza, es evidente que se está abierto a que el compromiso sea traicionado así que se de una circunstancia favorable. Y es esta actitud racional la que nos hace muy traidores. Es decir “busca, compara, y si encuentras algo mejor…”.  Somos homo economicus en muchos ámbitos de nuestra vida. ¿En todos?

En este sentido, podría pensarse que “la educación nos hace más traidores”, pues la persona educada, bien formada, tiene más elementos para llevar a cabo los cálculos de su interés y para tener presente cuales son sus intereses. No cabe duda de que la educación nos capacita para aumentar la capacidad de elección, llevada a cabo en nombre de lo que nos “interesa” (y no de lo que nos ata o de lo que moralmente debería ser).

 

¿Los motivos de la traición han variado mucho a lo largo de la historia? ¿Hay más traiciones entre las personas con un nivel de educación más elevado? 

En la línea de interpretación que propongo, como apuntaba antes, los últimos dos siglos de nuestra historia nos han hecho más calculadores, pues son los siglos del proceso de racionalización y instrumentalización de la razón… occidental. Claro está que siempre ha habido traiciones (o actos que eran considerados por unos como tales), pero solían responder a cambios de fidelidad o a fidelidades a principios o valores superiores en nombre de los cuales se cometía un acto que era valorado por algunos como una traición.

No deja de tener gracia que Platón afirmase que la razón y el valor siempre se impondrían a la traición y la ingratitud. La razón de Platón, esa que te prevenía de la traición, está muy lejos de ser la razón instrumental del hombre moderno. Contrariamente a lo que pensaron los padres del capitalismo (que los intereses nos pondrían al resguardo de las pasiones de los poderosos), ha resultado que la razón calculadora que debía frenar la pasión dominadora se ha convertido en la principal fuente de sumisión humana, en nombre de la cual se cometen las mayores traiciones.  La mayoría de las rupturas y traiciones se acompañan del cálculo.

La traición por “arrebato” (por verse arrastrado por una pasión hacia otra persona, hacia otro amor, incluso hacia otros valores o principios) puede entenderse y perdonarse. Pero la traición hecha a partir del cálculo de intereses, de conveniencias, de lo que me “sale a cuenta”, con toda la frialdad que esto permite, es vivida como mayor más traición que la otra. La traición “calculadora” requiere una buena educación, y no tanto como herramienta del cálculo, que también, sino porque la educación cuanto más sofisticada y elitista es más te permite el control sobre tus pasiones y te da las capacidades para llevar a cabo el cálculo. Curiosamente, cuando este tipo de traiciones lo llevan a cabo gobiernos (la llamada “razón de estado”) o corporaciones o empresas (la llamada “búsqueda del beneficio”) no lo percibimos con los mismos malos ojos que cuando la comenten individuos.

Seguramente, pues, hay más traición entre las personas que tienen más educación (más capital cultural y social y también, normalmente, económico) que entre las que no. De hecho, tienen mucho más a ganar o a perder que los que no tienen nada o muy poco. La ilustración, podríamos decir, nos hace interesados. Las consecuencias no previstas de este comportamiento interesado resultan, o pueden resultar, nefastas.

 

¿Quiénes son, actualmente, traidores ilustres?

No querría poner nombres propios a la traición, porque la traición (pese a lo que la mueve) despierta siempre las pasiones (las emociones). Pero hay por todos lados muchos traidores ilustres: todos los que “por interés y por cálculo” rompen con el vínculo social, con el compromiso legal de, por ejemplo, pagar impuestos y evaden capitales o tratan de no cumplir con el “compromiso” de pagar los impuestos. Esto es una traición que se comete en nombre del “cálculo y el interés”.

[En este caso es especialmente relevante tener en cuenta la pérdida de los vínculos sociales, la falta de “mores sociales” que te harían sentir obligado y comprometido con la sociedad, con tu comunidad… Pero es que incluso el ordenamiento jurídico fomenta la racionalidad calculadora: si no te ven o, peor aún, aunque el mal sea manifiesto pero que no se puede demostrar legalmente, no puede haber sanción. Por lo tanto, si calculas bien, la traición casi siempre te sale a cuenta.]

También hay muchísimas personas (ilustres y de a pie) que rompen sus relaciones (familiares y personales) porque les sale más a cuenta una nueva relación… de pareja, de amistad, de intercambio…

Afortunadamente, diría que hay menos traidores que fieles, lo cual nos ha de llevar a pensar que todavía los vínculos personales (y cada vez más los sociales e incluso los comerciales) no se mueven solo (o no se forman solo) por el cálculo.

 

Respuestas a preguntas para el siguiente artículo:

http://elpais.com/elpais/2016/04/18/buenavida/1460975248_656609.html

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s