Identidad y subjetividad

(En respuesta a una pregunta para un trabajo final de postgrado).

¿Cómo se relacionan entre sí los conceptos de identidad y subjetividad?

Uau! Bonita pregunta! Fácil de responder, ja, ja. Respondo como filósofo y como sociólogo. A ver si lo consigo.

Así, a bote pronto, se me ocurre:

Desde una perspectiva sociológica la identidad (todos esos personajes-rol que uno/a es) se adquiere en el proceso de socialización. Socialización (primaria) entendida como la manera en que los miembros de una colectividad aprenden –y aprehenden- los modelos de su sociedad, los asimilan, los integran en las estructuras de la personalidad (que probablemente tenga bases biológicas) y los hacen propios. Se aprende, por ejemplo, a andar, a comer, a pensar, a sentir, a comportarse, a ser… de una determinada manera, a ser A o a ser B, o una cosa ahora y otra después o las dos a la vez (que también pasa), etc. Se adquiera una identidad social y, también, personal. Nos incorporamos, eso que podría llamarse hacerse persona, en el mundo dado por descontado, que lo hacemos nuestro. Nuestro mundo, mi mundo. Un mundo que, dicho sea de paso, siempre nos precede. El mundo, ahora y siempre, está acabado cuando uno nace… Socializarse es integrarse en él, ese mundo que estaba ahí cuando “vinimos al mundo”. Nos identificamos, pues, y adquirimos nuestra identidad en ese proceso. Es un proceso, no un acto puntual. Esto es importante.

Es fácil imaginar también (y experimentar y comprobar) cómo se problematiza este proceso (el de socialización/identificación) y cómo se complica en contextos sociales –en sociedades- plurales, con varios o muchos mundos dados por descontado que no siempre son coincidentes, ni tan siquiera en lo esencial.

El lenguaje, claro está, juega en este proceso un papel fundamental. Se trata de una institución básica (cargada del sentido y del significado social) que nadie te puede negar (y que, de momento, se nos da siempre gratis). De hecho, podríamos decir que el lenguaje (la lengua que uno aprende) es la institución más fundamental del mundo en el que se nace y la base del proceso de socialización. No olvidar, que las emociones (las relaciones afectivas con los otros significativos) son fundamentales en el proceso de socialización, es decir, de constitución de nuestra identidad social.

Vayamos a la subjetividad. La identidad, que siempre tiene esa dimensión social, la que está implicada en el proceso de socialización, siempre es de un sujeto. Cierto que podríamos hablar de identidades de colectivos, de instituciones, de pueblos o naciones, etc., pero requeriría otra reflexión.

Yo soy… todo eso que uno/una puede ser. El sujeto (humano) es el que soporta una identidad, tiene una identidad, se configura con una identidad, se identifica con… Por lo tanto, aquello que se reconoce como “subjetividad” es todo aquello que reconozco como propio, estructurando y dando forma a lo que soy. Yo.

Un problema con la “subjetividad” es que nos remite al ámbito de la autonomía, de la singularidad, del yo-self como el centro de lo que se es, se piensa, se conoce, se siente, se anhela… y todo eso que Descartes decía que era la cosa que piensa. Podríamos referirnos a ello como “la conciencia” pero requeriría también de muchos matices. Al tener también un cuerpo, se nos ha complicado el término subjetividad, pero este vuelve a ser un terreno pantanoso. Quedémonos con la “subjetividad” (en tanto que aquello que pertenece a un sujeto humano) como el fundamento ontológico de lo que somos. Yo (ese self-sujeto) soy… tal y cual…

Podríamos decir (aunque puede ser discutido) que el sujeto es todo lo que es porque lo ha incorporado socialmente. Se hace haciendo. Somos lo que hacemos y lo hacemos en un determinado mundo, el nuestro. Somos seres sociales hechos en un mundo (dentro de unos horizontes de sentido) que nos precedían en tanto que sujetos y es necesario ese proceso en el que nos “identificamos” y nos incorporamos en un mundo en el que somos algo. Subjetividad, por más que apela a autonomía y singularidad (yo soy eso que soy) no implican “subjetivismo” (en el mal sentido del termino), ni solipsismo.

[Si nos referimos al sujeto como “individuo”, lo solemos hacer para dar preeminencia a la dimensión social en tanto que miembro de un colectivo específico, el que le bridaría una identidad. Podríamos decir que cuando hablamos de individuos se da más importancia a la dimensión cuantitativa por encima de la singular. Hablamos de “el/un individuo” como uno de los muchos miembros de determinado colectivo social a los que se les supone una determinada y común identidad. Haría falta matizar aún mucho más]

La modernidad ha puesto al sujeto en el centro del mundo, de hecho, ha hecho del mundo su campo de acción y de representación, y somos el foco de donde emana todo conocimiento y comprensión del mundo. Lo cual ha tenido enormes consecuencias.

Ahora, por ejemplo, está en el cetro de la reflexión filosófica intentar recuperar alguna dimensión de la humanidad (el colectivo plural que somos) que pueda encontrar un fundamento pre-originario y pre-egológico de una responsabilidad para con la tierra y todos los que la habitan (humanos y no humanos). Una superación de la subjetividad moderna desvinculada. Pero este también es otro tema.

 

 

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