Aprendizaje emocional

Sentir las emociones, aprender a reconocerlas (en uno mismo y en los demás), saber expresarlas, disciplinarlas o controlarlas, es un proceso fundamental en la vida de cualquier ser humano. Los niños deben aprender a hacerlo. Las emociones no son (o no solo son) innatas. Lo que sentimos y cómo lo sentimos, pero sobre todo, la interpretación de lo que sentimos y lo que sienten los demás, o suponemos que sienten, no es un saber innato y hay que aprenderlo. Esto no quiere decir que no haya una base biológica común sobre la que se construye -y es posible- nuestro paisaje emocional.

El aprendizaje emocional, es decir, saber qué es eso que sentimos cuando lo sentimos, por qué lo sentimos o cómo se debe sentir y si es correcto sentirlo de una u otra manera, es un aprendizaje que se lleva a cabo generalmente en el contexto familiar y en el ámbito de las relaciones (primarias) que se tienen durante la infancia. Suele ser un aprendizaje no intencional, indirecto, basado en el ejemplo (bueno o malo) y  resultado de las relaciones que se establecen con el entorno y en respuesta a estas relaciones. Este aprendizaje en los primeros años de vida marca profundamente nuestro “tono emocional”, es decir, lo que sabemos sentir y lo que no, nuestra capacidad de empatizar con los demás, de simpatizar o de sentir compasión, de entender el propio malestar emocional y de expresar las emociones correctamente. Sencillamente, saber expresarlas, bien o mal, condiciona el hecho de poder tenerlas. También puede ser un aprendizaje intencional y programado, como el que se lleva a cabo en algunas escuelas o cuando los padres son conscientes de la importancia y de la necesidad de educar las emociones, en definitiva, de enseñarlas.

Las emociones tienen unas bases biológicas que son sus condiciones de posibilidad y que pueden condicionar algunos de sus contenidos y nuestro comportamiento. Nos ponemos rojos, se nos acelera el pulso, se nos cierra la boca del estómago o se nos dilatan las pupilas, o… en reacción a los estímulos. Se trata de una respuesta psico-somàtica en parte programada. Determinados estímulos pueden hacer reaccionar y sentir de una determinada manera. No obstante, es necesario que aprendamos a interpretar todo esto. Además, el comportamiento y las reacciones supuestamente más básicas son modificadas por nuestro aprendizaje. Qué es lo que sentimos cuando nos pasa lo que nos pasa es algo que hay que aprender en el contexto (social) de nuestra experiencia. Que eso que sentimos es miedo, o asco, o alegría o rabia o amor o … lo que quiera que sea, hay que aprender a reconocerlo como tal emoción y hay que aprender a saber qué hacer cuando se siente lo que se siente y que llamamos … “lo que sea”. Hay que saber cómo se expresan las emociones, cuando conviene expresarlas o no. Hay que aprender a controlarlas. Más aún, es muy importante aprender a reconocer las emociones en los demás y saber cuándo se supone que los demás sienten lo mismo que siento yo y que les pasa lo mismo que a mí.

Las emociones que siente un niño o una niña se pueden potenciar o reprimir (aunque sería mejor decir “moderar”) y la forma en que se expresan se puede enseñar y modelar. Por ejemplo, si el niño o niña en respuesta a una necesidad, un deseo, un estímulo, comienza a gritar, a patalear, a llorar… y nosotros le prestamos atención, le reímos la gracia (como sucede a menudo), le estamos dando una respuesta positiva a lo que le está pasando, y lo que de hecho estamos haciendo es reforzarle aquel comportamiento cuando siente lo que siente. Le estamos diciendo: muy bien, eso es lo que hay que hacer cuando te pasa eso que te pasa. Le enseñamos a comportarse de esta manera, y no de otra posible, entre las muchas posibles.

El niño debe aprender a reconocer cuando está triste o contento, enfadado o atemorizado (lo cual no es muy difícil, ciertamente) y debe aprender a reconocer que le pasan cosas diferentes en diferentes momentos y por diferentes motivos (causas ). A los adultos nos corresponde proporcionarle la palabra adecuada: esto que sientes y te está pasando es… miedo, rabia, ira, indignación, etc. Diferentes nombres (emociones) que implican diferentes matices. De hecho, implican contenidos bien diferentes y es muy importante entender esas diferencias a la hora de saber cómo gestionarlas, cómo responder ante una u otra emoción.

La alegría y la tristeza, dos emociones muy básicas, se pueden expresar de muchas maneras (algunas de estas maneras pueden ser similares o iguales, como por ejemplo gritos y lágrimas). El niño aprende en la práctica y en el contexto (viendo, sintiéndose estimulado o no) cómo debe hacerse. O cómo no se debe hacer. Las emociones, y también sus fuentes (lo que nos las puede estimular), se pueden reprimir, mucho, poco, completamente. Siempre se puede aprender a expresarlas de una u otra manera.

En definitiva, desde pequeños se nos ha de enseñar a sentir los “afectos”, a saber qué se siente, a saber cómo se demuestra. El ejemplo es el mejor maestro. Pero también se puede estimular a que se diga lo que uno/una siente, a que se ponga nombre a las cosas. Se puede enseñar, y de hecho es lo que hacemos, a reconocer las emociones que sentimos, a valorarlas como positivas y o como negativas. Esto es fundamental. Hay que saber reconocerlas sin negarlas, hay que poder preverlas, expresarlas … y controlarlas.

En el tema de la educación sentimental es fundamental el lugar (familiar y social) en el que hemos crecido, los “maestros” que hemos tenido y, en definitiva, las personas con las que nos hemos “topado”. Seguramente hay genes, y deseos, y emociones y pensamientos y acciones … y todo se mezcla, pero la lógica de los genes, de los deseos, de las emociones, los pensamientos y de las acciones no son la misma. Y eso es lo que, como humanos, tenemos que aprender: a diferenciar los niveles y movernos siguiendo las reglas de unos y de otros.

 

En relación a este tema, des de la UOC, Anna Torres publicó la siguiente nota de prensa:

http://www.uoc.edu/portal/es/uoc-news/actualitat/2016/059-dia-internacional-felicidad.html

http://www.uoc.edu/portal/ca/uoc-news/actualitat/2016/059-dia-internacional-felicitat.html

En La Vanguardia Javier Ricou ha publicado:

http://www.lavanguardia.com/vida/20160330/40741925338/padres-deben-llorar-delante-hijos-aprendizaje-emocional.html

http://www.lavanguardia.com/vida/20160330/40741923031/els-pares-tambe-ploren.html

 

 

 

 

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