Por qué el mundo no existe

La editorial Pasado & Presente   publicó el mes pasado el libro de Markus Gabriel (ver entrevista) Por qué el mundo no existe. Un libro de buena filosofía que se lee como una novela negra. Debo confesar que me hizo olvidar la comida, y que si no llega a ser porque tengo hijos quizás no habría podido detenerme hasta llegar al final. Aún así, lo leí en menos de 24 horas. Lo sospechaba, pero ahora estoy seguro de que el mundo no existe.

El libro se presenta como un libro de filosofía que trata del mundo, de la vida y todo lo demás; es decir, se pregunta qué somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos … Y además, la respuesta es clara: venimos de ninguna parte y avanzamos juntos, en una gran expedición, hacia el infinito. Tratemos de entender alguna de las múltiples dimensiones de lo que podría parecer solamente una frase ocurrente.

La respuesta más terrible (menos acogedora) que nunca he leído sobre el sentido de la existencia humana, la pone Nietzsche en boca de Sileno respondiendo a la impertinencia del ambicioso rey Midas que quería saber la verdad más profunda de la condición humana: “Hijos de la miseria y del dolor -le responde Sileno a Mides tras largos meses de cautiverio-, lo mejor para el hombre es no haber nacido; pero ahora, que ya lo sabes, morir cuanto antes “. Difícilmente el animal humano podrá encontrar una respuesta distinta o más esperanzadora si se busca mirando hacia el universo infinito: somos una curiosa combinación de polvo de estrellas que durante unas pocas respiraciones del rutilante universo nos entretenemos comiendo y reproduciéndonos.

Es posible que tan atractiva respuesta pueda parecer verosímil a quien cree que la existencia es sólo lo sensorialmente accesible y confunde la realidad física con toda la realidad del mundo, como no se cansan de predicarnos los científicos. “El universo no es el todo. El universo es lo que es explorable por las ciencias naturales, pero el mundo es mucho más grande que el universo …” El mundo, en caso de existir, sería el dominio de todas las cosas y todos los hechos que tienen lugar sin nosotros. Está claro que en unas respiraciones más del monstruo infinito, los seres inteligentes serán calcinados, nos advierte F. Nietzsche. Pero en el mundo hay también todas las cosas y todos los hechos que existen gracias a nosotros. El mundo lo incluye todo: la vida, el universo y todo lo demás … Gabriel argumenta que esto que todo lo abarca no puede existir, pero sí todo lo demás, claro.

Tratemos de explicar cómo es esto y también por qué los humanos queremos saber de qué va todo esto y dónde estamos exactamente nosotros, cuál es nuestro lugar en el mundo. Este es el impulso metafísico que caracteriza nuestra condición. Es más, se afirma que podemos satisfacer nuestra curiosidad, es decir, conocer cómo es el mundo en sí, aunque sea desde nuestro punto de vista humano. No podría ser de otra manera. Seamos realistas!

El nuevo realismo que propondrá Gabriel, no es ni el de un mundo sin espectadores ni es el mundo del espectador (una especie de fantasmagoría imaginada). El nuevo realismo está interesado en el mundo-con-espectadores. Pero para entender qué implica eso debemos partir de una nueva ontología. Casi nada. Repasémosla brevemente.

Será necesario que comencemos por aceptar que existen las hadas. Está claro que las “hadas” no responden al modelo de realidad física y no pueden ser investigadas “científicamente”, pero, pese a ello, existen, como existen los sueños, el futuro y los números. Como ya hemos dicho, el mundo es más grande que el universo.

De hecho, el mundo está lleno de diferentes ámbitos objetuales, como si fueran pequeños mundos aislados. El ejemplo que nos pone Gabriel es el de un restaurante donde encontramos los camareros, los cocineros, los que comen en diferentes mesas y conversan; también están las arañas que viven en el techo, los insectos que se mueven por el suelo, los millones de bacterias invisibles … unos al lado de otros y, a veces, sin interactuar. Existen realmente, aunque puedan no estar “interconectados” porque no hay una regla que describa la totalidad del mundo.

El mundo no puede existir. Sólo puede existir -esta es una clave importante del argumento- lo que aparece en el mundo (y está claro que el mundo como totalidad no puede aparecer, porqué ¿dónde lo haría?). En cambio, es evidente que los coches, los restaurantes, las estrellas, las falsas creencias, las hadas, los sueños … sí existen (nos aparecen) aunque no lo hagan en los mismos ámbitos objetuales. Es importante saber dónde existen las cosas que existen.

“Una sala de estar y un planeta no pertenecen al mismo ámbito objetual. Un ámbito objetual es un área que contiene un determinado tipo de objetos y en la que se cumplen reglas que conectan estos objetos entre sí… Los ámbitos objetuales no están delimitados espacialmente (31)… Ha muchos ámbitos objetuales y todos los objetos pertenecen a uno… (salas de estar, planetas, municipios, etc. –que dan cabida a otros objetos-.). En condiciones normales, somos muy capaces de distinguir los diferentes ámbitos objetuales (pág. 32)”

Si alguien está pensando que en definitiva todo está hecho de materia (también nuestro cerebro donde pasan muchas de estas cosas), quiero advertir, aunque aquí no lo pueda mostrar, que el materialismo no solo no es demostrable, sino que, como se demuestra en el libro, es absolutamente falso.

Sabemos, pues, que el mundo, de ser algo, es el contexto de todas las cosas que existen y de los hechos que tienen lugar en los diferentes ámbitos objetuales (un hecho es algo que es cierto sobre algo). Sí, alguien ya podría estar objetando o pensando que quizás se podría reducir a un solo ámbito objetual (el de las cosas del mundo físico-material) y que los hechos, estos únicos (o los que sean) difícilmente podemos conocer porque sólo hay o puede haber interpretaciones. No es posible constatar hechos en sí. La objeción es un clásico de la filosofía (desde Kant hasta nuestros días).

Estas objeciones son, a juicio de Gabriel, falsas. Si bien es cierto que los humanos producimos teorías (discursos sobre el mundo) y que las observaciones y registros que hacemos a través de diferentes herramientas pueden dar resultados diferentes, el hecho de hacer registros diferentes no quiere decir que lo producimos nosotros, y hay que distinguir las condiciones del proceso del conocimiento de las condiciones de existencia de lo conocido. Somos seres-en-el-mundo, pero no dioses creadores del mundo que habitamos.

El mundo existe. Mejor dicho: existen pluralidad de mundos o de cosas que aparecen. De hecho “existir” (nuevo concepto importante) es la circunstancia de que algo nos aparezca en un campo de sentido. Es necesario que las cosas nos aparezcan en uno de los ámbitos del mundo, hay muchos y algunos son independientes entre sí. Puede ocurrir que la mariposa mueva las alas desesperadamente en la telaraña de la habitación de al lado y ni yo, ni mi perro, ni Messi, que está jugando un partido de fútbol en Sebastopol, nos enteremos del drama, ni tenga ninguna repercusión en nuestras vidas o en su triste o suculento final, según desde donde se mire.

Pero atención, aunque este es otro tema importante que tendré que obviar, que algo aparezca no quiere decir que sea verdad: pueden aparecer pensamientos falsos, como por ejemplo que hay brujas, lo cual no quiere decir que aparezcan los objetos sobre los que tratan estos pensamientos.

El sentido, por ser breve, es la forma en que aparece un objeto. Y no hay objetos fuera de los campos de sentido. En el plano ontológico, es indiferente si alguien lo percibe o no. Todo tiene lugar en ninguna parte, es decir, tienen lugar infinidad de cosas a la vez, aunque de muchas no nos enteremos. El lenguaje y la cultura es la manera humana de hacer significativos algunos de estos eventos.

Los campos de sentido son áreas en las que determinados objetos aparecen de una manera determinada. En los ámbitos objetuales, y desde luego en las cantidades, se hace en cambio abstracción de ello. Así, pues, dos campos de sentido pueden referirse a los mismos objetos, que aparecen en ellos de forma diferente (pág. 77). [Por ejemplo, dependiendo del campo de sentido, una mano puede ser un montón de átomos, una obra de arte o un instrumento para hacer algo]

A estas alturas de la argumentación, debería quedar claro que sólo conocemos una parte del infinito y desde la perspectiva humana. Me remito a la lectura del libro para que se pueda ver claro cómo pese a la indiferencia de lo que pueda tener lugar en un ámbito objetual, los objetos no son indiferentes a los campos de sentido en que aparecen, por lo que debemos conocer el sentido de un campo de sentido para saber en qué campo de sentido nos encontramos y los objetos con los que nos podemos encontrar. Algunos campos de sentido sólo son accesibles para los humanos.

Con esto quiero decir -interpretando lo que Gabriel nos está diciendo – que no se puede mirar el mundo desde “ningún sitio”. La vida humana, dice (pág. 105), es un movimiento continuo por diferentes campos de sentido y las relaciones entre los cuales vamos descubriendo o imaginando. Con ello también se está afirmando que la realidad es mucho más amplia de lo que conocemos y puede ser distinta de como la conocemos, lo que no quiere decir que no haya realidad o que no la conozcamos en sí.

“La comprensión de que el mundo no existe y de que solo hay campos de sentido que se multiplican infinitamente en infinitas variaciones, nos permite concentrarnos en el ser humano con independencia de cualquier visión particular del mundo. Todas las concepciones del mundo son de hecho falsas porque suponen que hay un mundo del que formarse una imagen.” (pág. 106)

En el fascinante libro de M. Gabriel, también se habla del sentido de la religión y del arte, pero ahora no lo podemos explicar.

El libro termina con una respuesta al problema del sentido, como le corresponde a un libro de filosofía y como se ha prometido que era el tema del libro. La respuesta, la indicación, no quiere obviar la condición humana desde la que estamos en el mundo para que no desaparezca todo sentido humano si sólo nos fijamos en el universo (que hace quince mil millones de años que se expande a la velocidad de la luz en todas las direcciones!):

“La respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida está en el sentido mismo. El hecho de que haya infinitos sentidos que podemos reconocer y cambiar, ya es el sentido. O para decirlo en pocas palabras: el sentido de la vida es la vida, la confrontación con el sentido infinito en la que afortunadamente podemos participar. (pág. 217) “

 

Gabriel, Markus (2015) Por qué el mundo no existe. Barcelona: Pasado y presente.

 

 

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One thought on “Por qué el mundo no existe

  1. Retroenllaç: Quin és el sentit de l’art? | CESC_Blog de Francesc Núñez Mosteo

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