Pluralismo y mito_4/7

3. Consecuencias de la modernidad: pluralismo y crisis de sentido

Una tesis bastante extendida es la crisis de sentido entendida como un resultado del pluralismo contemporáneo que a su vez es consecuencia de los efectos de la modernidad en la conciencia. En la interpretación que estamos haciendo, la crisis de sentido es paralela a una crisis del mito, no de lo mítico, sino del contenido mítico de algunos mundos de sentido.

Entenderé por sentido -seguiré de cerca en este apartado a P. Berger y Th. Luckman (1997) – una forma compleja de conciencia, la conciencia de que existe una relación entre varias experiencias. El sentido no es algo que se da independientemente y que actúa como motivación de la acción humana. La manera en cómo se genera el sentido (subjetivo) en la conciencia del individuo implica la acción social. Tipificaciones, clasificaciones, patrones de experiencia y esquemas de acción son elementos del patrimonio subjetivo de conocimiento que en buena medida provienen de los patrimonios sociales de conocimiento. Sin embargo, el sentido de una experiencia o acto surge siempre en alguna parte, en algún momento como acción consciente de un individuo para resolver un problema en relación con un entorno natural y social (B y L, 1997: 35). Ahora bien, como la mayoría de problemas a los que se enfrenta un individuo son los mismos problemas que surgen en la vida de otras personas, las soluciones son intersubjetivamente relevantes. Lenguaje e instituciones son los “depósito de sentido” (social y socialmente adquirido) para liberar al individuo “de la pesada carga de solucionar los problemas de la experiencia y el acto que afloran, como por primera vez, en situaciones particulares “(B y L, 1997: 40). No debe pasar por alto que producción, legitimación y comunicación de sentido están socialmente distribuidas, es decir, no son uniformes e implican relaciones de poder.

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Nota:

Sobre el tema de la institucionalitazció ver, de los mismos autores, La construcción social de la realidad (Cap. “La sociedad como realidad objetiva”), escrito treinta años antes, en 1966.

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Como resultado general de todas estas actividades surge la estructura histórica específica de los depósitos sociales de sentido. Dicha estructura se caracteriza por la proporción que se da entre lo que es accesible a todos los miembros de la sociedad, en la forma de un conocimiento general, y el conocimiento de los especialistas, de acceso restringido. La fracción del depósito de sentido que es conocimiento general constituye el núcleo del sentido común cotidiano, mediante el cual el individuo ha de hacer frente al entorno natural y social de la época…

La vida cotidiana de las sociedades modernas está cada vez más moldeada por tales “importaciones”: los medios de comunicación masivos difunden en forma popularizada el saber de los expertos y la gente se apropia de fragmentos de dicha información y los integra a su bagaje de experiencias (Berger y Luckmann, 1997: 38)

El pluralismo moderno (que no es la mera coexistencia de personas viviendo su vida de manera diferente en una misma sociedad) conduce a la relativización total de los sistemas de valores y esquemas de interpretación (B y L., 1997: 75), a la pérdida del hogar mítica, como hemos dicho al principio.

Para que el pluralismo lleve a una crisis de sentido, es necesario que los diferentes grupos o comunidades de vida (de carácter étnico o religioso o del tipo que sea), divididos según diferentes reservas de sentido, ya no se encuentren (espacialmente) separados, ni interactuando en un terreno neutral separado en esferas funcionales institucionalizadas. En estas condiciones los encuentros y conflictos entre sistemas de valores y cosmovisiones se hacen inevitables. La modernidad ha elevado a categoría de valor “ilustrado” esta situación. “La tolerancia, por ejemplo, es considerada como la virtud ilustrada por excelencia, ya que sólo gracias a ella los individuos y las comunidades pueden vivir unos junto a otros, establecer relaciones mutuas y, al mismo tiempo, orientar su existencia hacia valores diferentes. Esta forma de pluralismo constituye, sin embargo, la condición básica para la proliferación de crisis subjetivas y intersubjetivas de sentido “(B y L, 1997: 61).

Si bien la crisis de sentido no tiene por qué ser una ley inexorable del pluralismo, sí es cierto que en los países desarrollados (que han tenido un alto crecimiento demográfico, migraciones, urbanización, economía de mercado y medios de comunicación) por norma general ha comportado la relativización de los sistemas de valores y de los esquemas de interpretación. Las reservas de sentido han dejado de ser patrimonio común de todos los miembros de la sociedad. Y una sociedad se difícilmente concebible sin valores comunes e interpretaciones compartidas de la realidad!

 

“Los intentos de las instituciones por conectarse a valores supraordinales para fines de legitimación podrían producir sólo fórmulas insulsas, quedando así limitada al ámbito privado la conducta de vida orientada hacia valores. Lo anterior contribuiría a crear las condiciones para la propagación de crisis de sentido subjetivas e intersubjetivas. Sin embargo, al mismo tiempo se crearían las precondiciones para algo más: específicamente, para la coexistencia de distintos sistemas de valores, y fragmentos de dichos sistemas, en una misma sociedad, y por ende para la existencia simultánea de comunidades de sentido completamente diferentes. El estado que resulta de estas precondiciones puede denominarse pluralismo. Si a su vez éste se transforma en un valor supraordinal para una sociedad, podemos hablar de pluralismo moderno.” (Berger y Luckmann., 1997: 57)

 

El pluralismo erosiona el conocimiento dado por supuesto, también nos libera de dogmas y abre la posibilidad de elección, mejor dicho, hace necesaria la elección. Al aumentar las opciones, aumenta la posibilidad de que no ocurra lo que se espera, es decir, aumenta el riesgo. Expansión de opciones y expansión de riesgos son dos procesos paralelos. Para algunas personas esta situación puede ser incluso excitante, son los que Berger y Luckmann llaman los virtuosos del pluralismo. Para la mayoría, sin embargo, esto conlleva inseguridad y el riesgo de perderse en un mundo lleno de posibilidades, de interpretaciones y de formas de vida.

 

Sólo el nacimiento y la muerte siguen siendo determinados por el destino. Paralelamente a la pluralidad de posibles alternativas a nivel material, los procesos de modernización múltiples abren una gama de opciones a nivel social e intelectual: ¿qué empleo debo aceptar?, ¿con quién debo casarme?, ¿cómo debo criar a mis hijos? Incluso los dioses pueden ser escogidos dentro de un abanico de posibilidades. Puedo cambiar mi fe religiosa, mi ciudadanía, mi estilo de vida, mi autoimagen y mis hábitos sexuales.

El pluralismo no sólo nos permite tomar nuestras propias decisiones (sobre trabajo, esposo o esposa, religión, partido), sino que, además, la moderna variedad de bienes de consumo nos obliga a escoger [entre marques, p. e.] Ya no podemos abstenernos de elegir: se ha vuelto imposible cerrar los ojos al hecho de que las decisiones que adoptamos podrían haber sido distintas. Dos instituciones centrales de la sociedad moderna impulsan esta transición desde la posibilidad de elección hasta lo obligación de escoger: la economía de mercado y la democracia…. El ethos de la democracia transforma la elección en un derecho humano fundamental (Berger y Luckmann, 1997: 87)

 

Como acabamos de decir, no todas las personas tienen las mismas capacidades, ni están en las mismas condiciones, para hacer frente a la situación de pluralismo, la disolución de las certezas y la consiguiente crisis de sentido. También hemos apuntado más arriba que, cuando los “mitos” no se ajustan -no satisfacen- a las circunstancias personales, son destruidos o cambiados por otros que sí lo hacen.

La privatización de la búsqueda de sentido caracteriza la situación del individuo moderno. No es más que otra forma de la conocida fórmula propia de las sociedades líquidas (Bauman, 2004) o del riesgo (Beck, 1998) que nos propone buscar soluciones individuales a problemas que tienen origen social, es decir, se dejan en manos privadas la solución de problemas sistémicos.

A pesar de esta situación de orfandad, no podemos ignorar que todos los individuos nacemos y nos criamos en comunidades de vida que son, además, comunidades de sentido (B y L., 1997: 46). Estas pueden suplir -o ayudar a hacerlo- las carencias de sentido compartido universalmente. Si durante un par de siglos, el Estado -que necesitaba de la confianza de sus súbditos- había propuesto organizar -y monopolitzar- la producción del sentido (Bauman, 2004: 18ss), ahora, en la situación de globalización económica ( y de modernidad líquida), esta función está más que erosionada. Peter Berger y Thomas Luckman (1997: 100-101) confían en el surgimiento de lo que llaman instituciones intermedias para suplir las deficiencias. Su valor consiste en permitir a los individuos transportar “los valores personales desde la vida privada en distintas esferas sociales, aplicándolos de manera tal que se transforman en una fuerza que modela el resto de la sociedad” (B y L, 1997: 101). Algunos de los ejemplos que citan son: una comunidad parroquial local, un grupo de psicoterapia, un organismo del Estado benefactor

 

Por consiguiente, sugerimos la hipótesis de que mientras el sistema inmunológico de las instituciones intermedias siga funcionando eficazmente, las sociedades modernas “normales” no sufrirán la propagación pandémica de crisis de sentido. En tanto se mantenga esa condición, el virus de las crisis de sentido, que se siente a gusto dentro del organismo de todas las sociedades modernas, será reprimido. Sin embargo, si el sistema inmunológico ha sido suficientemente debilitado por otras influencias, nada podrá detener la expansión del virus. (Lo habitual es que el Estado sea el que contribuya a debilitar las instituciones intermedias;¿será acaso como una forma de competir?) (B y L, 1997:106)

 

A estas alturas el proceso de diferenciación social y el pluralismo no parece tener freno o que haya antídoto posible que no tenga unos gravísimos efectos (fundamentalismo, relativismo). Tampoco parece que el agotamiento de las “reservas de sentido” y la destrucción de mitos no pueda ser seguida por nuevas “recargas” y mitos nuevos o renovados. Es famosa la sentencia durkheimiana que nos advierte de que no hay ningún evangelio que sea inmortal y que no existe razón alguna para creer que la humanidad sea incapaz de concebir uno nuevo (Durkheim, 1992: 398).

Un buen ejemplo de esta situación en la que se encuentra el individuo moderno, resultado de los efectos en la conciencia de la modernización (ver nota) nos la puede ofrecer la actual situación de la institución familiar y las nuevas formas de la relación amorosa (Beck y Beck -Gernsheim, 2001). La familia nuclear, construida sobre la base de la diferenciación sexual, se está deshaciendo ante las preguntas por la emancipación y la igualdad que traspasan las puertas de la vida privada. Las mujeres y los hombres de hoy están en un proceso de búsqueda de nuevas formas de relación, forzados por la situación de acordar todo individualment (nota) , de hacer un mundo nuevo desde la comunidad del amor (Beck y Beck- Gensheim, 2001: 16-17). Lo que antes se hacía sin preguntar (Cupido te dictaba al oído) ahora hay que negociarlo. En consecuencia, sin embargo, cuando más aumenta la complejidad en el campo de la decisión, más crece el potencial de conflictos.

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Nota

Si como estamos viendo, el pluralismo puede considerarse como un resultado del proceso de modernización social que se concreta en una yuxtaposición de mundos de vida, de valores y de mitos que, de alguna manera, entran en competencia, también debemos tener presentes uno de los posibles efectos del pluralismo en la conciencia: la actitud crítica, es decir, la necesidad de un juicio seguro sobre los conocimientos heredados (Kant, A XI nota k). Esta actitud está muy alejada del estado de conciencia en la vida cotidiana, pero es cada vez más presente en el occidente contemporáneo. Nos podríamos referir, en términos sociológicos, a un incremento de la reflexividad, entendiendo por reflexividad la capacidad -individual y social- de observarse a sí mismo, de confrontarse con los propios procesos y productos y cuestionarlos de manera permanente y sin pausa (caducidad de las certezas). El conocimiento científico, los medios de comunicación y últimamente Internet juegan un papel importante en el incremento de la reflexividad contemporánea (Fernández y otros, 2002, 236).

El proceso de individualización es, como el pluralismo, una consecuencia más de la modernidad (y de las exigencias del mercado laboral). O si es prefiere, modernidad, pluralismo e individualización tienen “afinidades electivas”. Con el proceso de individualización “la biografía del ser humano se desata de los modelos y de las seguridades tradicionales, los controles ajenos y de las leyes morales generales y, de manera abierta y como tarea, se adjudicada a la acción y la decisión de cada individuo “(Beck y Beck-Gensheim, 2001: 19). Los individuos se convierten en legisladores de su forma de vida. Los vínculos tradicionales que determinaban la vida de los seres humanos se han soltado al tiempo que han aumentado las posibilidades de elección ha disminuido el sentimiento de familiaridad, protección así como la base de la estabilidad y la identidad interior (Beck y Beck-Gensheim , 2001: 72

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La situación de muchos individuos enamorados es la misma situación trágica de tener que resolver como si se tratara de conflictos entre parejas lo que más bien se trata de un derrumbe de las estructuras sociales de la vida privada. P. e., Los roles de género establecidos por la sociedad industrial, y que han sido claves para la reproducción del capitalismo moderno, están dejando de ser “funcionales” en la nueva situación de economía global, y la falta de soluciones institucionales puerta los conflictos individuales (en la pareja).

 

Los “conflictos del siglo” que se descargan en acusaciones y decepciones personales, también tienen su origen en el intento de probar la liberación de los estereotipos de género sólo a través de los enfrentamientos privados de hombres y mujeres, manteniendo las mismas estructuras institucionales. Es igual al intento de cambiar la sociedad conservando las mismas estructuras sociales dentro de la familia. Lo que entonces queda es un intercambio de desigualdades… La idea central es la siguiente: la igualdad de hombres y mujeres no se puede conseguir en estructuras institucionales que presupongan la desigualdad de hombres y mujeres. (Beck y Beck-Gensheim, 2001: 51)

 

No es de extrañar, pues, que en este contexto el sentido (y los mitos) del amor, de los hijos, de la vida en común, de la masculinidad y de la feminidad dejen de tener valor o entren en crisis – como lo hacen las instituciones que los conservan-. Dado que en la tesis antropológica que hemos adoptado (el ser humano necesita vivir en un mundo de sentido, en un nomos) esta situación (de anomia) es difícilmente soportable por los individuos, no tardan en aparecer soluciones. Al final destacaré la importancia del consumo y de la publicidad en el surgimiento de nuevas formas de “reencantamiento” del mundo y de mitos que puedan ser compartidos.

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