Pluralismo y mito_3/7

  1. El mundo de la vida cotidiana
    [O por qué le resulta difícil al extranjero incorporarse en “nuestro” mundo]

Antes de analizar algunas de las consecuencias de la modernidad, quisiera resaltar las características del mundo de la vida cotidiana donde se sitúan la mayoría de los individuos que viven y “sufren” una situación de pluralismo. A menudo, al no tener presente estas características, el discurso y la acción política no tienen sentido para la mayoría de ciudadanos, y los efectos buscados y pretendidos suelen alejarse mucho de las consecuencias no previstas -ni queridas-, pero bien reales, de la acción política y social. Sigo en esta caracterización la obra de Alfred Schütz.

El mundo de la vida cotidiana significa el mundo intersubjetivo que existe mucho antes de nuestro nacimiento, experimentado e interpretado por otros, nuestros predecesores, como un mundo organizado (y lleno de sentido). Es el objeto de nuestras acciones e interacciones y, si no pasa nada extraordinario, no hay ninguna razón para que sea cuestionado y puesto en duda. Normalmente, nos movemos dentro de él con un motivo claramente pragmático: es el mundo donde debemos actuar para llevar a cabo nuestras acciones.

En “actitud natural” nos interesa principalmente el sector del mundo de la vida cotidiana que está a nuestro alcance y que en el espacio y el tiempo se centra a nuestro alrededor. El lugar que ocupa “mi” cuerpo dentro del mundo, mi aquí actual, es el punto de partida desde donde me oriento en el espacio. Es el origen de mi sistema de coordenadas. Y también es así en cuanto al ahora actual. La realidad de la vida cotidiana está compuesta por lo que está a mano (mundo de las ejecuciones, los movimientos corporales, los objetos que manipulamos, etc.) y que podemos denominar “mundo al alcance” (presente, futuro o recuperable). La totalidad del mundo social es un mundo dentro de mi alcance asequible, que tiene la posibilidad de ser alcanzado (Schütz, 1974, 209). La situación es la misma en cuanto al ahora.

Este que hemos descrito como el mundo del ejecutar (la acción social) es manifiesta como la realidad eminente y sobresale entre otros (sub) universos de realidad posibles. En la actitud natural, repito, el mundo del ejecutar no es un objeto de pensamiento, sino un campo de dominación. En él tenemos un interés eminentemente práctico, causado por la necesidad de satisfacer los requerimientos básicos de la vida, es decir, no estamos interesados ​​en todos los estratos de la ejecutar, porque no todos son igualmente significativos (Schütz, 1974, 213) .

No importa mucho, con respecto al actuar dentro del mundo de la vida cotidiana, si es real o no lo es. De hecho, no hay ninguna razón para dudar de que nuestras experiencias nos ofrecen las cosas tal y como son. Hará falta una motivación especial, por ejemplo la irrupción de una experiencia ajena (no incorporable al conjunto de conocimientos a mano o incompatible con ellos), para hacernos revisar nuestras experiencias y el mundo dado por supuesto. Si la epojé fenomenológica es la suspensión de esta creencia en la realidad del mundo como recurso para superar la actitud natural, la epojé de la actitud natural lo que hace es suspender la duda en la existencia del mundo. Lo que se pone entre paréntesis es la duda que el mundo y sus objetos puedan ser diferentes de como se aparecen (Schütz, 1974, 214).

Resumiendo, la vida cotidiana ocupa un lugar principal en la experiencia del hombre corriente, aunque pueda también considerarse como uno más de los posibles ámbitos finitos de sentido y se distingue por un estilo cognoscitivo específico y por un determinado “acento de realidad “:

a) Tensión específica de la conciencia (una actitud alerta que se origina en una plena atención a la vida);

b) una epojé específica (la supresión de la duda);

c) una forma dominante de espontaneidad (la ejecución);

e) una forma específica de experimentar el propio sí-mismo;

f) una forma específicade socialidad(el mundointersubjetivocomún de lacomunicación yde la acciónsocia); y

g) una perspectiva temporal específica

 

 

 

Uno de los efectos de la presencia del extranjero puede ser la supresión de la epojé de la actitud natural, una especie de conmoción, como la de quedarse dormido que nos transporta al mundo de los sueños; como el cambio de actitud frente a un cuadro que nos abre el paso al mundo pictórico, o como la transformación interior que sufrimos cuando en el teatro se abre el telón y transitamos hacia el mundo del escenario. La presencia del extranjero también hace “tambalear” nuestro mundo de certezas.

El extranjero es aquel que no comparte con nosotros el mundo dado por supuesto: el ejemplo paradigmático de extranjero es el inmigrante pero también lo puede ser el pretendiente que quiere ser aceptado por la nueva familia o el nuevo socio de un club exclusivo. El nacido y educado dentro de un grupo acepta el esquema estandarizado y ya elaborado de la pauta cultural recibida de los antepasados. Es lo que se llama un “conocimiento de receta”, que es muy útil para interpretar el mundo y para tratar con personas y cosas sin tener que pensar. El extranjero pone en cuestión todo lo que parece incuestionable por los miembros del grupo al que se acerca. Se trata de un recién llegado que puede compartir presente y futuro, pero que no comparte la tradición y está excluido de las experiencias del pasado. Es una persona sin historia dentro del nuevo grupo. (Schütz, 1964: 99)

 

Para el extranjero siguen valiendo los patrones culturales de su grupo, son el esquema de referencia: interpreta el nuevo medio social desde su pensamiento usual y desde aquí se hace una idea de los patrones supuestamente válidos del nuevo grupo, que rápidamente verá que es inadecuado. La adquisición del conocimiento tipificado que le podría servir para moverse dentro del nuevo grupo es difícil de adquirir (y no siempre está a su alcance la posibilidad de adquirirlo). Por parte del endogrupo, el extranjero es percibido como un extraño y una persona de dudosa lealtad, que se mueve entre dos pautas diferentes de vida: es un híbrido. El extranjero no suele aceptar la totalidad de la pauta cultural del grupo donde se acerca, porque para él -y esto no lo ve el que acoge- no representa protección y refugio, sino un laberinto donde se debe orientar. (Schütz, 1964: 105)

La situación, así descrita, es de total desavenencia. El extranjero no entiende el mundo al que se incorpora y los miembros de este mundo tampoco entienden el mundo del que aquél proviene. Además, hay una superposición de vidas, porque no se comparten ni los valores ni los sentidos. .

Claro que, en opinión de Alfred Schütz, el proceso de asimilación social del extranjero es posible. Otra cosa es si las condiciones actuales la hacen posible o si es algo deseable. La extrañeza y la familiaridad son categorías generales de toda la interpretación del mundo. Si en nuestra experiencia hay algo que nos resulta desconocida, iniciamos un proceso de indagación. Primero, definimos el nuevo hecho y tratamos de captar el significado; después, transformamos paso a paso nuestro esquema de interpretación del mundo, por lo que el hecho extraño y su significado se hagan compatibles y coherentes con todos los demás hechos de nuestra experiencia y sus significados. Si lo conseguimos, lo que era extraño se vuelve familiar, un elemento de nuestro conocimiento justificado. Hemos ampliado y ajustado nuestro depósito de experiencias. El proceso de ajuste social del recién llegado es un caso especial de este mecanismo general. La adaptación del recién llegado es un proceso continuo de indagación en la pauta cultural del grupo abordado. Este proceso puede o no puede tener éxito. (Shutz, 1964: 107)

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