El selfie (autofoto)

Según algunos medios de comunicación, selfie (autorretrato) ha sido la palabra de moda del 2014. El término ha sido recogido en Wikipedia en diferentes lenguas (por ejemplo, inglés, español y catalán).

Ahora bien, selfie, además de ser palabra de moda, se refiere a una de las “acciones” posiblemente más repetidas a lo largo de un día, pues forman parte de la vida diaria de millones de personas. La particularidad de esta “acción común”, como tantas otras, es que queda inmortalizada y se hace pública.

La pregunta que está en el aire es “¿a qué se debe este éxito rotundo del selfie y el gusto de tantas gentes, anónimas o famosas, por hacerse selfies y, luego, por mostrarlos (colgarlos) en las redes sociales?” Entre los jóvenes, y muy jóvenes, es una práctica muy habitual, pues está integrada entre sus formas “naturales” de expresión y comunicación.

En una contraportada reciente del diario La Vanguardia, el escritor de novela rosa juvenil (para teenagers) Blue Jeans  afirmaba que la gran presencia de las jóvenes en las redes sociales (en este momento Twitter e Instagram, más que Facebook) respondía a la necesidad de comunicarse, de dejarse ver y de ser vistas; en definitiva, a la necesidad de existir para los otros y de intercambiar emociones. De hecho, lo que mueve a las jóvenes y a los jóvenes a estar en la red son en buena medida necesidades básicas de, también, buena parte de los adultos: que estén por nosotros, que nos miren, que nos hagan caso, que nos respeten…, en resumen, que nos quieran.

Estas necesidades, si se extreman y se vuelven patológicas, pueden convertirse o reconocerse como narcisismo. El narcisista es una persona preocupada por su apariencia, por su imagen social en grado sumo. Al narcisista, como a la gran mayoría, le gusta ser admirado, deseado, ser el centro de atención, el protagonista de toda acción social, sentirse poderoso. Ahora bien, en su caso, Todo ello, decimos, de forma excesiva y enfermiza. Entre el extremo que podemos considerar narcisista y el extremo supuestamente neutro o indiferente, podríamos situar a la mayoría de los seres humanos de nuestro mundo moderno. Se ha argumentado y escrito mucho sobre el narcisismo del individuo moderno (1). Centrados en nuestro yo (self) y preocupados por su “libre desarrollo”, sentimos, como si de un imperativo vital y emocional se tratase, la necesidad de afirmarnos en aquello que se supone lo más esencial en nosotros mismos, lo más auténtico, esto es, nuestra interioridad, aquello que se supone que “somos” y que brota de lo más profundo. Preocupados en exceso por nosotros mismos, es fácil dirigir la mirada hacia nuestro propio rostro, a nuestro lugar en el mundo, ahora fácilmente captado por la imagen electrónica.

Si Narciso se enamoró de sí mismo al verse reflejado en el agua (según una de las versiones del mito), el individuo moderno, y los miles de jóvenes de nuestras sociedades “avanzadas”, se complace enormemente en captarse en diferentes momentos y situaciones de la vida. No hace falta que sea excepcional, basta que sea un momento que nos muestra “tal y como somos” (al menos en ese momento). El clic digital, nos capta, nos define, nos muestra y nos expande por el (ciberespacio) infinito. También nos eterniza.

Aquel selfie que mostramos-colgamos en una red social (en sus infinitas variantes que ya están creando estilos y modas) es solo el resultado final de un proceso. Se trata de la “selfie-aparición” en pantalla; la imagen que hemos decidido mostrar y colgar, hacer pública en el espacio “teatral” de la pantalla. En términos de la sociología de E. Goffmann, se trataría del front stage de nuestra presentación en la vida cotidiana. Pero esta presentación esconde toda una preparación (ensayo, confección, gestación) que denominamos back stage. En muchas actividades protagonizadas por jóvenes adolescentes (y no solo jóvenes), una parte importante del placer de la actividad (que puedes ser un paseo por el campo, una fiesta de cumpleaños, una noche en un bar, etc., etc.) , de su estructura actual, de sus momentos más relevantes, consiste en hacerse “selfies”: pensarlos, prepararlos, realizarlos, visionarlos, comentarlos… y, luego, más tarde, colgarlos en la red para seguir con la interacción social. Estamos hablando de comunicación entre seres humanos. En este sentido hay que entender la importancia de los likes y de los comentarios que puedan recibir nuestros selfies. Es una cuestión de reconocimiento, de popularidad, de éxito social.

Otra idea que me parece sugerente en relación a los selfies y a su “presentación” en alguna red social es que permiten experimentar con la propia identidad y con las acciones que uno lleva a cabo (con la acogida que puedan tener). La cámara puede captarnos de mil maneras y en mil acciones diferentes, extraídas de la cotidianidad o provocadas artificialmente, no importa. La respuesta/aceptación que nuestro selfie pueda recibir en número de likes, de comentarios, de retwitts, etc., nos da la medida también de su aceptación, de su popularidad y, por lo mismo, de su posibilidad de ser repetida, copiada, promovida. En este sentido, este tipo de acciones, como sucede con algunos sueños (como he comentado en otras entradas), puede considerarse que tienen lugar en un pequeño laboratorio de identidad y de emociones. Además, comportan algo menos de riesgo que si experimentamos con la identidad en un ámbito no digital, no mediado.

(Cabe destacar cómo las celebridades de todo tipo prueban y experimentan con su identidad e imagen pública mostrándose en las redes sociales de diferentes formas o mostrando diferentes dimensiones de su vida y de su cotidianidad para ver si establecen nuevos vínculos con sus seguidores, para conseguir nuevas adhesiones o intensificar lealtades sin asumir un riesgo demasiado grande. No obstante, no es fácil controlar las repercusiones de las acciones-imágenes mostradas en la red.)

Y, por último, un equivalente al selfie de la imagen reflejada en una pantalla digital, sería el selfie intelectual del twitt (o similares). Buena parta de lo que hemos dicho sobre el selfie de la imagen visual, se puede aplicar al selfie de la idea o sentencia. Twitteamos con las mismas intenciones narcisistas o de experimentación en un laboratorio emocional-intelectual. También, claro está, buscamos reconocimiento (seguidores, retwitts, favoritos, menciones, etc.).

 

(1) Sobre narcisismo moderno:

André Green. Narcisismo De Vida, Narcisismo De Muerte. Amorrortu, 1999. ISBN 950-518-478-6

**Christopher Lasch (http://es.wikipedia.org/wiki/Christopher_Lasch ), La cultura del narcisismo. Editorial Andrés Bello, 1999. ISBN 84-89691-97-5

*Gilles Lipovetsky, ()· “La era del vacío” : ensayo sobre el individualismo contemporáneo”, Ed. Anagrama ISBN 978-84-473-7018-4

***Richard Sennett ()· El declive del hombre público. Península. 2002. ISBN 978-84-8307-423-7.

Jean M. Twenge and W. Keith Campbell, The Narcissism Epidemic. Living in the Age of Entitlement. Free Press. New York (2009). 339 págs.

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