Fisis y nomos. A propósito del habitus de Bourdieu.

“La evidencia de la individuación biológica impide ver que la sociedad existe bajo dos formas inseparables: por un lado, las instituciones, que pueden revestir la forma de cosas físicas, monumentos, libros, instrumentos, etc.; por el otro, las disposiciones adquiridas, las maneras duraderas de ser o de hacer que se encarnan en los cuerpos (y que yo denomino habitus). El cuerpo socializado (lo que se llama el individuo o la persona) no se opone a la sociedad: es una de sus formas de existencia. (…) Contra la representación común, que consiste en asociar sociología y colectivo, hay que subrayar que lo colectivo se halla depositado en cada individuo en forma de disposiciones duraderas, como las estructuras mentales. “ (p. 30-31. Bourdieu, P. (2000) Cuestiones de sociología. Madrid: Istmo. )

Afirmación número 1:

El concepto de habitus de P. Bourdieu nos permite afirmar, como su definición pone de relieve, que el cuerpo es social. Lo social, que tiene su origen en la interacción entre los individuos –eso que llamamos acción social- se encarna en el cuerpo individual (biológico y natural) en forma de disposiciones adquiridas que dan lugar a maneras de pensar, de actuar, de sentir, en definitiva de relacionarnos y ser individuos (seres sociales).

Afirmación número 2:

El habitus de un individuo es todo aquello que de alguna manera (en forma de pensamientos, actitudes, emociones, etc.) es articulable dentro del mundo social del que formamos parte, mundo que podemos definir como trasfondo. En él nos hemos constituido como individuos, es decir, las disposiciones se concretan y la acción a la que nos impelen se hace comprensible para uno mismo y para los demás. La acción social tiene sentido. Por ejemplo, sentimos determinadas emociones, o nos comportamos de terminada manera, o pensamos esto o aquello, ante determinadas situaciones. No obstante, ello no implica tener plena conciencia y control de lo que siento, hago o pienso, ni por qué lo siento, lo hago o lo pienso. Buena parte de nuestro hacer cotidiano en el mundo/trasfondo en el que estamos inmersos no responde a una acción plenamente consciente y voluntaria, sin que por ello resulte arbitrario, pues se trata de nuestro comportamiento. Nos referimos a nuestra manera de hacer, en definitiva nos referimos a un cuerpo (el nuestro) y a un sujeto que se encarna en el mundo y se arranca del trasfondo social que lo ha hecho posible y humano.

Afirmación número 3

La afirmación anterior podría hacernos pensar en el habitus como en una especie de determinación (determinismo social). Somos simples manifestaciones singulares de lo que permite el código social (encarnamos roles sociales a modo de marionetas). Y, de hecho, así es en cierto modo. Pero, como las instituciones (entre las que cabe destacar el lenguaje), las normas y las reglas sociales que se inscriben en el cuerpo, solo existen en la práctica concreta que implican, en cada acción que llevamos a cabo y en cada representación puntual de nuestro papel social, nos abrimos paso al espacio, también social, de la libertad. La acción humana puede ser libre. La libertad tiene que ver con la singularidad de la representación/actuación social (por parte de un individuo, de un cuerpo) y con la contingencia a la que nos vemos constantemente sometidos. Ninguna acción, y muchos menos sus resultados, son (completamente) previsibles.

Afirmación 4 y conclusión :

El habitus nos pone de manifiesto la indistinción entre el nomos (la norma social, lo social entendido como cristalización de la interacción entre individuos) y la fisis (lo natural entendido como naturaleza y supuestamente regido por unas leyes que, no solo no son irreducibles a lo social e histórico, sino que lo gobiernan y determinan).

Sin embargo, lo social se encarna en la fisis (el cuerpo socializado) determinándolo y definiéndola –que no negándola u ocultándola- y la fisis se determina y concreta en la acción humana. La irreductibilidad de la fisis, lo que de su naturaleza no social puede mantener, se manifiesta como contingencia (las leyes de la naturaleza) y en tanto que singularidad (el cuerpo) que encarna lo social colectivo en un solo individuo (un universal concreto) se abre al espacio de la imprevisibilidad, la acción social libre (libertad como respuesta no determinada: no podemos elegir lo que pasa –contingencia- pero sí cómo actuar frente a lo que nos pasa, pues nuestras disposiciones permanentes son lo social en el cuerpo).

Un buen ejemplo, creo, de esta indistinción entre la fisis y el nomos son las emociones. Una emoción, pongamos por ejemplo “miedo”, “rabia”, “vergüenza”… o –aunque sean mucho más complejas- “amor”, “celos” o “envidia” implica reacciones corporales más o menos evidentes: presencia de determinadas hormonas, aceleración del ritmo cardíaco, cambio de temperatura corporal, enrojecimiento, etc., etc. Hay quien puede pensar que la emoción se define por ello y afirman que son estos cambios, complejos muchas veces, los que producen y caracterizan la emoción.

Des de la perspectiva que propongo, estos movimientos corporales (cambios en la fisis, que algunas veces los hay) no son más que la singularización y encarnación de los social, sin lo cual, eso que tiene lugar, no sería significativo, no sería. Las emociones, para ser tales emociones, implican conocimientos y/o creencias: pensamos/creemos que tal o cual persona puede hacernos daño, o sabemos que fulano o mengano ha hecho tal y cual cosa, etc.; las emociones implican también evaluaciones: consideremos que si hago tal cosa me sentiré mejor porque así obtendré…, considero que tal acción me reportará satisfacción o dolor, etc.; y las emociones van acompañadas de motivaciones para la acción: quiero conseguir eso porque así me valoraran mejor, me siento atraído por algo o alguien que sé que me proporcionará esto o aquell…, etc.

Las emociones, que tienen lugar en el cuerpo y que son resultado de nuestra relación con el mundo y con los otros, toman su carácter definido como una determinada emoción (miedo, alegría, rabia, envidia, admiración) cuando gracias al lenguaje (una institución social) podemos expresarlas. Es así como adquieren su carácter humano y social. La fisis se hace social, el cuerpo se hace vida.

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