Cupido y la «ocasión» del verano

Las noches de verano están hechas para soñar. Astronómicamente, son las más cortas del año; en la vivencia personal, en cambio, resultan mucho más largas e intensas. Si, además, coinciden con las vacaciones, probablemente nos vayamos a dormir más tarde, incluso de madrugada. Terrazas, verbenas, fiestas… El hecho de disponer de más tiempo para uno mismo nos relaja y nos permite ensanchar la vida social. Quien quiere, puede lanzarse a buscar el amor con tesón.

Se diría que el verano, el calor y la supuesta aceleración de los ritmos biológicos y hormonales nos inclinan a buscar el amor romántico, y el sexo que siempre le acompaña. Las fantasías amorosas suelen implicar la posibilidad de una relación sexual. La búsqueda amorosa se intensifica en verano. A Cupido le aumenta estacionalmente el trabajo.

No obstante, el verano no es un elemento significativo en el origen del amor, esto es, cuando Cupido lanza la primera flecha. Las circunstancias en las que esto tiene lugar son infinitamente variadas y plurales –así lo confirman docenas de entrevistas que he realizado en el contexto de varias investigaciones sobre el amor y la relación de pareja–. El amor suele aparecer por sorpresa, como una liebre blanca; aunque también es cierto que en las biografías amorosas suele haber historias de amor veraniego o de una noche de verano.

Por otro lado, las estadísticas sobre nacimientos nueve meses después del verano no son nada reveladoras, según datos del Instituto Nacional de Estadística. No hace falta relacionar sexo con procreación para pensar que por un aumento de la probabilidad pudiera haber una correlación entre mayor actividad sexual y nacimientos. Efectivamente, no la hay, no parece que pueda inferirse que los meses de verano tengan como consecuencia una mayor natalidad entre marzo y mayo. Más bien, la concentración de alumbramientos se da en verano, lo cual nos hace pensar que las estrategias de procreación no pasan por la fogosidad veraniega.

Y tampoco las ventas de preservativos, por buscar otro indicador, nos permiten deducir claramente un aumento espectacular del número de relaciones en verano. No es una medida fácil de obtener, cierto; y, aunque la percepción de algunos farmacéuticos puede ser que sí se venden más preservativos, no lo confirman las grandes marcas.

 

Y, sin embargo, en la sabiduría popular, confirmada por la observación cotidiana, el verano es más propicio que otras épocas del año para la «búsqueda del amor y del sexo». En las sociedades occidentales, sexo y amor son fuentes de sentido. El mayor tiempo libre del que solemos disfrutar, la voluntad –casi la obligación– de pasarlo bien y romper con el día a día nos llevan a un comportamiento más relajado y, también, a la búsqueda de experiencias intensas (como dato curioso, en las noches de los meses de verano se produce un aumento de las urgencias médicas, muchas por alcohol y drogas).

Podríamos concluir, entonces, que el verano es la ocasión que Cupido aprovecha para practicar su arte. Cupido es el angelote que tiene el encargo de inyectarnos las ansias del amor con sus flechas. Durante todo el año estamos expuestos, con diferente intensidad según la edad y condición social, a los reclamos del amor y del sexo. Publicidad, televisión, cine, lecturas, conversaciones con amigas y amigos nos muestran los atractivos del amor, el poder de la seducción y la intensidad del placer sexual. ¿Cómo negarse? Nuestra imaginación, ese poderoso instrumento que tenemos los humanos para suscitar emociones y proyectarnos hacia el futuro, nos abre a un mundo de posibilidades. En los sueños experimentamos con nuestros deseos y ponemos a prueba su valor.

La «ocasión», como he dicho, es el motor de muchas de nuestras acciones y el verano, el momento que Cupido aprovecha para alterar los corazones de los que están más dispuestos y necesitados, bien porque son más jóvenes, bien porque tienen más tiempo o porque buscan el amor y, ¡ay!, por eso les empuja la esperanza. La luz del verano nos hace más explícita la belleza de los cuerpos en los que nos gustaría alcanzar no pocos de nuestros sueños, y en la mirada se concentra el deseo. Cada largo día y noche de verano, liberados del trabajo y las obligaciones, se nos presenta como una renovada promesa de amor, ese sueño esperado todo el año y que en verano parece tener mayor oportunidad para ser realidad, pues son más los deseos de los que buscan con intensidad, por lo que se puede converger más fácilmente. Y, aunque a veces ocurra que post coitum tristitia, no importa, porque nuevas flechas aprovecharán la ocasión para acrecentar el anhelo.

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s