Contra la autenticidad_1/2

El mundo se compone ahora de millones y millones de estetas excéntricos satisfechos de serlo, en pos de su autorrealización personal y excusados de la virtud por la oportuna doctrina de la autenticidad. (J. Gomá)

Esta es una reflexión a partir de los dos autores, Ch. Taylor y J. Gomá (para mí, maestros) que más me han ayudado a entender las claves del pensamiento contemporáneo y a configurar un mapa de orientación. Me dedicaré, en gran medida, a resumir sus argumentos (que citaré literalmente), pero entiendo que también hay una buena parte de interpretación en lo que destaco y rehílo, pues hace tiempo que persigo los temas de los que aquí trato. Sin duda, la lectura original de los textos podría llevar por otros derroteros.

(Ver Bibliografía básica al final)

Charles Taylor, en su libro La ética de la autenticidad, considera que esta ha sido uno de los (grandes) logros de la modernidad y que ha ido de la mano de la libertad y, sobre todo, de la igualdad. Modernidad y autenticidad también han comportado malestar y consecuencias de las que no hay motivo para sentirse orgullosos. Pero el malestar no justificaría renunciar a su bien más precioso: la igualdad de todos los seres humanos (como mínimo de iure). Y sí, es paradójico que la igualdad vaya acompañada por grandes esfuerzos, por parte de todos los individuos, de diferenciación (en nombre de lo que de más auténtico y original hay en su interior: “uno mismo”, “yo”). De esta paradoja vamos a hablar y a intentar dar claves para su comprensión.

Taylor describe con la brillantez que le caracteriza cuáles son los logros de la ética de la autenticidad (su peculiaridad y novedad en la cultura moderna) y algunos de sus límites. En el fondo, tras la crisis (y el derrumbe) del mundo clásico-medieval, hemos vivido un endiosamiento del yo, una primacía absoluta de la subjetividad que no admite ningún tipo de reservas o condiciones (“Solo un yo previamente autodivinizado puede vindicarse por encima del mundo entero, un yo que vale más que todo y que todos…” Gomà 2007: 187). Herder, dice Taylor, lo expresó con la idea de que cada uno de nosotros tiene una forma original de ser humano, cada persona tiene su propia medida. En nuestros días, pocas personas dudan de que ser uno mismo significa ser fiel a la propia originalidad, algo que sale de dentro, que yo debo enunciar y descubrir. Cada cual debe encontrar su camino, porque en esto consiste su realización. Cine, arte, literatura… , y buena parte de las fuerzas de persuasión (marketing y publicidad) que recorren la sociedad de consumo, se encargan de mostrarnos que no hay otra manera de encontrar la felicidad que el seguir “ese particular camino”. Ser uno mismo, ser auténtico.

[Mi intención es mostrar lo falaz de ese argumento]

A la formulación de Herder, podríamos recordar la “sorprendente iluminación de Vincennes” (Gomà 2007: 187) a partir de la cual J. J. Rousseau tuvo la desfachatez [este adjetivo lo pongo yo] de sostener que, en la tensión que se produce entre el mundo y la recién estrenada subjetividad humana, “es el mundo el que debe ceder, porque el yo encarna la virtud y la bondad natural, y la sociedad, en cambio, la corrupción, la injusticia y la desigualdad…” [Y aún hay, ¡ay!, docenas de manuales y corrientes pedagógicas que lo sostienen y educan con esta sintonía de fondo]

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Sobre la formulación de esta concepción del “yo”, Javier Gomá proporciona los siguientes referentes:

“La ontología premoderna se hunde [y con ella la relación modelo-copia]… En su lugar, ocupa entonces el centro de la cultura, sin abandonarlo ya más, la ontología de la subjetividad moderna, autónoma, creadora y libre, incompatible con cualquier linaje de objetividad ejemplar (…)

Fue Herder quien, en los orígenes del Romanticismo, primero cultivó un sentido para la diferencia cualitativa de todo ente, irrepetible y único, y para ensalzar la multiplicidad inagotable de lo real (…) Cada hombre contiene su propia medida, su propia ley, su propia originalidad no asimilable a ninguna otra (…)

Mills aboga por un concepto de individualidad como extravagancia, más tarde Nietzsche acuño el sueño de un “superhombre” escatológico, y Heidegger, en su estela, emprendió una indagación fenomenológica sobre los contornos de un “Dasein” heroico que elige para sí mismo una existencia auténtica, excepcional, arrancada a la vulgaridad del término medio. Estas son imágenes de una subjetividad moderna entendida literalmente como privilegio, esto es, como ley privada que desafía los modelos preexistentes y renuncia enfáticamente a su generalización, reconociendo en ese renunciamiento la marca de un exclusivismo superior.

Carlyle y Emerson pusieron en circulación a mediados del XIX la teoría de los hombres superiores (…) (hombres que no se proponen a la imitación sino a la admiración) (…) Ejemplos sin ejemplaridad(…) La influencia que despliegan sobre la sociedad –ahora masa- ha de discurrir por vías puramente emocionales (Gomá 2009, 198-200)

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No obstante, la ética de la autenticidad tiene sus límites, cree Taylor. Para salvar el relativismo que comporta la individualidad (y que, de hecho, está en su origen) argumenta –y muestra- la necesidad de contar con unos horizontes de sentido –en otras entradas de este blog nos hemos referido a ellos- en los que la realidad (y nuestras acciones) adquiere sentido.

Por otro lado, también nos recuerda que descubrir la identidad por uno mismo no significa que esta se elabore aisladamente, ni mucho menos que seamos su artífice [podríamos criticar las ideas de Rorty al respecto y también las del último Foucault acerca del cuidado de sí]. En este sentido, la importancia de las relaciones sentimentales en nuestras vidas no solo responde a que son fuente de satisfacción sino a que, son crisoles, asegura Taylor, de la identidad generada desde el interior.

[Recuerdo en este sentido la entrada sobre el matrimonio publicada en este blog el 22 de mayo]

Como conclusión/a modo de conclusión, podríamos decir que para Taylor no es necesario, ni seguramente deseable, que nos deshagamos de la ética de la autenticidad. Sin embargo,sí que hay que persuadir a las gentes de que el ideal de “autorrealización” que comporta requiere de las relaciones sociales y de exigencias morales que van más allá del yo.

Este veredicto podría aplicarse, en parte, al análisis que Javier Gomá hace de la modernidad, pero creo que se quedaría corto, pues su interpretación o, mejor aún, su propuesta de acción pasa por superar la vulgaridad a la que la autenticidad nos ha abocado, pese a la necesidad de reconocer su valor.

El diagnóstico de Gomá, podemos resumirlo en el siguiente parágrafo:

“El subjetivismo moderno produce la moral de la sinceridad y de la autenticidad: frente a la época anterior, en la que la conducta de cada sujeto moral era juzgada por un código de normas objetivo y eterno sancionado de alguna forma por la divinidad (ley natural: moral, jurídica y científica), la nueva moralidad se emancipa de toda instancia exterior o superior al sujeto mismo y entroniza como valor supremo la sinceridad de este consigo mismo, la lealtad y la veracidad con el propio yo. El enemigo de la sinceridad es la sociedad, que falsea y pervierte el ser auténtico del yo y lo esclaviza a las apariencias y las opiniones. El efecto reflejo de la moral de la sinceridad es, pues, una crítica a la estructura de las sociedades existentes a la manera del primer Discurso de Rousseau de 1750, una enfática teoría negativa de la alienación social, que no conoce precedentes como no los conoce tampoco el subjetivismo que le sirve de fundamento”. (Gomá, 2007:167-168)

En la próxima entrada voy a detallar algunos de los argumentos que nos permiten entrever parte de las consecuencias (y “causas”) de este veredicto. Creo que la perspectiva que nos ofrece merece la pena

 

 

Bibliografía:

Taylor, Charles (1994) La ética de la autenticidad. Barcelona: Ediciones Paidós.

Taylor, Ch. (2006) [1989] Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna. Barcelona: Paidós.

Charles Taylor (2003) Las variedades de la religión hoy Barcelona: Piados Studio

Gomá Lanzón, J. (2007) Aquiles en el gineceo. Valencia: Pre-Textos

Gomá, J. (2009) Ejemplaridad pública. Madrid: Taurus.

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One thought on “Contra la autenticidad_1/2

  1. Retroenllaç: Ch. Taylor y P. Bourdieu. Seguir una regla. | CESC_Blog de Francesc Núñez Mosteo

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