¿Qué es el amor? Presentación (por F. Núñez)

Con esta entrada quiero iniciar una serie larga de entradas (10-15) sobre el amor (ver títulos al final).

Después de más de 20 años de ir pensando sobre el tema (aunque de forma marginal entre mis dedicaciones), no estoy muy seguro todavía de tener una respuesta (unívoca) a “qué es el amor”. Posiblemente porque no es nada esencial o singular, como lo puede ser una moneda o un acceso de ira, es decir, algo que uno se encuentra (“he encontrado el amor”) o que le arrebata (“me ha invadido un ataque de amor” –como sí lo podría ser de ira-). Es preferible hablar en términos de proceso, de construcción. Y también porque puede ser cualquier cosa, o porque podemos denominar amor a muchas emociones (estados emocionales) y disposiciones diferentes.

El tema me viene interesando desde que en 1993 tuve que presentar una “tesis de licenciatura” en sociología y me propuse ser original: “El sentido del amor en la juventud”, rezaba el título. Recuerdo que el tema fue aceptado a regañadientes por el director, que esperaba el resultado con mucho escepticismo. Me dediqué un año a leer sin excesiva sistematicidad todo lo que encontraba, a entrevistar y a hacer grupos de discusión con mis alumnos de bachillerato y a recoger redacciones y asociaciones de palabras sobre el tema. Nada muy “científico” (era mi primera investigación sociológica), pero que me satisfizo bastante y me abrió un horizonte apasionante y no muy explorado en aquel momento.

Desde la primera gran reflexión sobre el amor, la de Platón en El Banquete, se hace patente la dificultad de su definición, la ambigüedad de su apariencia. Hijo de Poros y Penia, colaborador del alma, ser intermedio entre el mundo sensible (el de los amores físicos y líquidos) y el mundo inteligible (de las ideas y bellos pensamientos).

El amor no parece que sea nada que permanezca, ni en el tiempo, ni en la vida de las personas, ni en las formas culturales. Más bien, parece que sea algo que evoluciona, que debe  ser fijado y que puede ser (y tal vez debe ser) definido constantemente. No es pues el amor algo que se “encuentre” –¡ay, ya lo tengo, ya lo siento, ya lo vivo!- o un tipo de experiencia, pero sin duda  implica emociones, deseos, pasiones, ideas. Seguramente, aquello que para nosotros sea el amor, o pueda llegar a ser, depende de nuestra manera de ser y, a la vez, nuestra manera de ser dependerá de cómo sepamos amar. Hablaremos de ello.

También es importante, muy importante, no olvidar que el amor (como mínimo una de sus versiones más destacadas) es el encuentro con otra persona, con otras personas. Estos encuentros (con personas, animales o cosas… también) pueden aumentar o disminuir nuestra potencia de existir, y redefinir aquello que seamos (y que somos en conversación, como he dicho en otro momento). El amor, pues, nos redefine en el encuentro con lo que amamos.

Sin duda que tiene bases naturales (nuestro cuerpo, nuestro deseo, nuestro “carácter”), pero es, sobre todo, una construcción social, una institución, un canal por donde circulamos y encontramos sentido a las cosas (eso son las instituciones). Cuando el/la joven “enamorado/a”, lleva días que se le remueven las tripas y le palpita el corazón, no duerme, está ansioso/a, nervioso/a cuando está con él/ella aunque solo quiere estar con él/ella… y cuando, por fin, a la luz de la luna (por poner una situación bonita, pero las hay mucho menos “bellas”), después de, tal vez, haberlo hablado con los/las amigos/as, es capaz de declarar: “te quiero”, acaba de entrar en el universo institucional del amor. A partir de ahí es mucho más fácil saber lo que siente, como expresarlo, como vivirlo. Por eso, para entender el amor, también hay que entender (tener la perspectiva de) el universo cultural de los “enamorados”. En este sentido, qué sea el amor dependerá de cómo lo definamos, de cómo lo experimentemos, en definitiva, de cómo lo “digamos” y lo hablemos. Decirle a alguien “te quiero” (y hay muchos y bien distintos receptores de esta declaración) es empezar a encarnar todo un universo de ideas, de sueños, de pensamientos… y puede encerrar una propuesta de acción, una manera de entender la vida.

Digámoslo así: el amor es poliédrico. No quiero dar LA definición del amor, sino repasar algunas de sus definiciones, reflexionar sobre lo que pueda ser y lo que pueda significar para cada uno de nosotros, proponer senderos por donde transitar, abrir o cerrar puertas.

 

Temas a tratar:

  1. El amor un invento de los hombres para someter a las mujeres.
  2. “El amor es hacer del azar necesidad”. Octavio Paz, La llama doble.
  3. El amor es un arte. Fromm, El arte de amar.
  4. El amor como una revolución a dos. Alberoni.
  5. El amor es como la lotería, la felicidad buscada por los locos y los idiotas. Stendhal.
  6. Eros vs. Ágape.
  7. La teoría triangular del Amor (intimidad, compromiso, pasión). Robert Sternberg
  8. El amor romántico.
  9. Por qué duele el amor. Eva Illouz.
  10. Amor como reducción de la complejidad. N. Luhmann.
  11. El amor como fuente de sentido
  12. Otros.
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