Le Cirque du Soleil y la melancolía

Aprovechando que hoy se estrena en Barcelona el último espectáculo del Cirque du Soleil, Dralion, recupero una entrada que escribí cuando presentaron Corteo, y que sigue siendo válida.

 

Los anuncios del último espectáculo en Barcelona del Cirque du Soleil, “Corteo”, me llamaron la atención porque todas las imágenes de los personajes que los autobuses de línea paseaban por la ciudad eran caras tristes, melancólicas, o así me parecieron.

Me he asomado a la red para buscar imágenes de alguno de sus otros espectáculos, Alegría, Saltimbanco, Mistère… y en todos ellos predominan las caras de la melancolía (o la ausencia de sonrisas o rostros alegres). También este es el tono emocional de la mayoría de sus vídeos. En raras ocasiones sus personajes dejan escapar una sonrisa y aún cuando lo hacen es tan tenue, tan frágil, que refuerza más, si cabe, el fondo de (aparente) tristeza.

Como se afirma en su web, desde 1984 el Cirque du Soleil ha buscado constantemente seducir a la imaginación, estimular los sentidos y apelar a las emociones de los espectadores de todo el mundo, y con ello ha conseguido que su espectáculo sea consumido por millones de espectadores (más de cien millones, se nos dice) y así mantener sus carpas por todo el mundo.

¿Cómo es que los espectadores se sienten tan atraídos para sumergirse en “un mundo teatral y misterioso, en algún lugar entre el cielo y la tierra, que mezcla la diversión, la comedia y la espontaneidad”¿Cómo es que, pese a lo que nos dice el marketing publicitario sobre mostrar al espectador caras alegres y ambientes confortables y hedonistas, nos dejamos arrastrar –pagando una gran cantidad de dinero– a los mundos casi siempre melancólicos y tristes del Cirque du Soleil? ¿De qué clase de energía emocional nos recarga la participación colectiva en el ritual de asistencia a un espectáculo del Cirque du Soleil?

Mientras que en el caso de la publicidad se trata de suscitar a través de la imaginación del espectador una emoción (positiva y alegre) ligada al producto que se pretende vender, en el caso del Cirque du Soleil se trata de participar en un ritual en el que las emociones suscitadas nos recargan emocionalmente como si fuéramos una batería eléctrica. Mientras que el consumo es siempre un acto solitario, el circo nos hace participar de cierto ritual colectivo, aunque en las emociones suscitadas se entremezcle la tristeza, el miedo, la compasión y la alegría.

Los personajes del circo, especialmente aquellos que están encargados de presentar el espectáculo, de acompañar al espectador a lo largo de las diferentes representaciones, han de ganarse la simpatía (cum+pathos) del publico, su conmiseración. El payaso, que todavía representa la esencia de este espectáculo, es el mejor ejemplo del cómico que haciendo reír o llorar al público ha de ganarse su compasión o simpatía.

La melancolía es un sentimiento prestigioso y muy presente en el mundo moderno (recuérdese el Spleen de Baudelaire). Es fácil apelar a este tipo de emociones para inmergirnos en el espectáculo del circo y crear el ritual de integración y pertenencia que al acabar la sesión nos inunda y tanto nos satisface.

También las músicas seleccionadas en el Cirque du Soleil son “ melancólicas” (si este adjetivo sirve para la música) y nos acompaña en la celebración del ritual de iniciación y pertenencia. El espectáculo del Cirque du Soleil pretende ser mágico y transportarnos a un universo finito pero lleno de significado, como nos transportaría un sueño o una película o un cuento… o simplemente un bolero o un fado.

La música (de Ch. Baudelaire)

¡La música frecuentemente me coge como un mar!
Hacia mi pálida estrella,
Bajo un techado de brumas o en la vastedad etérea,
Yo me hago a la vela;

El pecho saliente y los pulmones hinchados
Como velamen,
Yo trepo al lomo de las olas amontonadas
Que la noche me vela;

Siento vibrar en mí todas las pasiones
De un navío que sufre;
El buen viento, la tempestad y sus convulsiones

Sobre el inmenso abismo
Me mecen. ¡Otras veces, calma chicha, gran espejo
De mi desesperación!

La musique. Charles Baudelaire (1821-1867)

La musique souvent me prend comme une mer!
Vers ma pâle étoile,
Sous un plafond de brume ou dans un vaste éther,
Je mets à la voile;

La poitrine en avant et les poumons gonflés
Comme de la toile
J’escalade le dos des flots amoncelés
Que la nuit me voile;

Je sens vibrer en moi toutes les passions
D’un vaisseau qui souffre;
Le bon vent, la tempête et ses convulsions

Sur l’immense gouffre
Me bercent. D’autres fois, calme plat, grand miroir
De mon désespoir!

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s