Arendt, La condición humana_3/3

Arendt, H. (1993) La Condición Humana. Barcelona: Paidós.

ACCIÓN

24. La revelación del agente en el discurso y la acción.
La pluralidad humana, básica condición tanto de la acción como del discurso, tiene el doble carácter de igualdad y distinción. Si los hombres no fueran iguales, no podrían entenderse ni planear y prever para el futuro las necesidades de los que llegarán. Si los hombres no fueran distintos, es decir, cada ser humano diferenciado de cualquier otro que exista, haya existido o existirá, no necesitarían el discurso ni la acción para entenderse. Signos y sonidos bastarían para comunicar las necesidades inmediatas e idénticas.


El discurso y la acción revelan esta única cualidad de ser distinto. Mediante ellos, los hombres se diferencian en vez de ser meramente distintos; son los modos en que los seres humanos se presentan unos a otros, no como objetos físicos, sino qua hombres… Los hombres pueden vivir sin laborar, pueden obligar a otros que laboren por ellos, e incluso decidir el uso y disfrute de las cosas del mundo si añadir a éste un simple objeto útil; la vida de un explotador de la esclavitud y la de un parásito pueden ser injustas, pero son humanas. Por otra parte, una vida sin acción ni discurso (esta vida ha renunciado a toda apariencia y vanidad) está literalmente muerta para el mundo; ha dejado de ser una vida humana porque ya no la viven los hombres.
El hecho de que el hombre sea capaz de acción significa que cabe esperarse de él lo inesperado, que es capaz de realizar lo que es infinitamente improbable (lo nuevo siempre se da en oposición a las abrumadoras igualdades de las leyes estadísticas y de su probabilidad -que son certeza-). Cada hombre es único.
Mediante la acción y el discurso, los hombres muestran quiénes son (en contradistinción al “qué” ), sus cualidades, dotes, talento, y defectos… Se puede ocultar con el silencio, pero su revelación casi nunca puede ser voluntaria… (y es fácil que permanezca oculto para la propia persona)

25. La trama de las relaciones y las historias interpretadas.
Sobre las dificultades de decir quién es alguien (el vocabulario nos induce a decir qué es alguien).
Nadie es autor de su propia vida (solo actor y protagonista).

26. La fragilidad de los asuntos humanos.
La acción, a diferencia de la fabricación, nunca es posible en aislamiento; estar aislado es lo mismo que carecer de la capacidad de actuar…
Debido a que el actor siempre se mueve entre y en relación con otros seres actuantes, nunca es simplemente un “agente”, sino que siempre y al mismo tiempo es un paciente. Hacer y sufrir son como las dos caras de la misma moneda, y la historia que una actor comienza está formada de sus consecuentes hechos y sufrimientos. Dichas consecuencias son ilimitadas debido a que la acción, aunque no proceda de ningún sitio, por decirlo así, actúa en un medio donde toda reacción se convierte en una reacción en cadena y donde todo proceso es causa de nuevos procesos. Puesto que la acción actúa sobre seres que son capaces de sus propias acciones, la reacción, aparte de ser una respuesta, siempre es una nueva acción que toma su propia resolución y afecta a los demás… (pág. 214)
La ilimitación de la acción no es más que la otra cara de su tremenda capacidad para establecer relaciones, es decir, su específica productividad ; por este motivo la antigua virtud de la moderación, de mantenerse dentro de los límites, es una de las virtudes políticas por excelencia, como la tentación política por excelencia es hybris y no voluntad de poder.
Pero el cuerpo político no puede ofrecer protección contra su segunda importante característica: su inherente falta de predicción…. La luz que ilumina todos los procesos de acción (en contraposición a los de fabricación), y por tanto todos los procesos históricos, sólo aparece en su final, frecuentemente cuando han muerto todos los participantes… El narrador es quien capta y hace la historia.

27. La solución griega.
La falta de predicción del resultado se relaciona con el carácter revelador de la acción y del discurso en los que se revela el yo de uno mismo sin conocerse a sí mismo ni poder calcular de antemano a quién revela.
Remedio griego: la fundación de la polis. Funciones.

28. El poder y el espacio de la aparición.
(Para los hombres, la realidad del mundo está garantizada por la presencia de otros, por su aparición ante todos… y cualquier cosa que carece de esta aparición viene y pasa como un sueño, íntima y exclusivamente nuestro pero sin realidad)
El espacio de aparición cobra existencia siempre que los hombres se agrupan por el discurso y la acción, y por lo tanto precede a toda formal constitución de la esfera pública y de las varias formas de gobierno…
(Sobre el poder) El poder sólo es realidad donde  palabra y acto no se han separado, dinde las palabras no están vacías y los hechos no sin brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades.
El poder es lo que mantiene la esfera pública, el potencial espacio de aparición entre los hombres que actúan y hablan.
(Sobre la rebelión popular).
La fuerza (los medios de la violencia) como alternativa al poder. Pero si la violencia es capaz de destruir el poder, nunca puede convertirse en sustituto (de ahí la no infrecuente combinación política de fuerza y carencia de poder).

29. El homo faber y el espacio de aparición.
La convicción de que lo más grande que puede lograr el hombre es su propia aparición y realización no es cosa natural. Contra esta convicción se levanta la del homo faber al considerar que los productos del hombre pueden ser más que el propio hombre, y también la firme creencia del animal laborans de que la vida es el más elevado de todos los bienes (ambos son apolíticos)… *Consecuencias.

30. El movimiento de la labor.
*Implicaciones de una sociedad basada en la labor y el consumo (pág. 235).

31. La tradicional sustitución del hacer por el actuar.
La exasperación por la triple frustración de la acción -no poder predecir su resultado, la irrevocabilidad del proceso, y el carácter anónimo de sus autores- es casi tan antigua como la historia registrada… siempre ha supuesto una gran tentación encontrar un sustituto a la acción con la esperanza de que la esfera de los asuntos humanos escapara de la irresponsable moral y fortuita inherente a una pluralidad de agentes… Este intento de reemplazar el actuar por el hacer es manifiesto en el conjunto de argumentos contra la “democracia”, que, cuanto más consistente y razonado sea, se convierte en alegato contra la esencia política.
Las calamidades de la acción derivan de la condición humana de la pluralidad, condición sine qua non para ese espacio de aparición que es la esfera pública. De ahí que el intento de suprimir esta pluralidad sea equivalente a la abolición de la propia esfera pública… [Es recorda la solució platónica].
Sobre el (inadecuado) uso de las categorías de medios y fines para hablar de la esfera política… La sustitución de hacer por actuar y la concomitante degradación de la política en medios para obtener un presunto fin “más elevado”-en la antigüedad la protección de los buenos del gobierno de los malos en general, y la seguridad del filósofo en particular, en la Edad Media la salvación de las almas, en la Época Moderna la productividad y el progreso de la sociedad- es tan vieja como la tradición de la filosofía política.
Perplejidades inherentes a la capacidad humana para la acción y la fuerza de la tentación para eliminar los riesgos y peligros al introducir en la trama de las relaciones humanas categorías, mucho más cálidas y dignas de confianza, inherentes a las actividades en las que nos enfrentamos a la naturaleza y construimos el mundo del artificio humano.
Tratar los asuntos humanos como si fueran los o pudieran ser los planeados productos de la fabricación humana (se ha canalizado la capacidad humana para la acción, para comenzar nuevos y espontáneos procesos)

32. El carácter procesual de la acción.
(Relación de esta capacidad humana para actuar y los procesos sin retorna en que las ciencias naturales se han convertido).
Mientras que la fuerza del proceso de producción queda enteramente absorbida y agotada por el producto final, la fuerza del proceso de la acción nunca se agota en un acto individual, sino que, por el contrario, crece al tiempo que se multiplican sus consecuencias; lo que perdura en la esfera de los asuntos humanos son estos procesos, y su permanencia es tan ilimitada e independiente de la caducidad del material y de la mortalidad de los hombres como la permanencia de la propia huamanidad. El motivo de que no podamos vaticinar con seguridad el resultado y fin de una acción es simplemente que la acción carece de fin. El proceso de un acto puede literalmente perdurar a través del tiempo hasta que la humanidad acabe.
[Peso de las consecuencias no deseadas de la acción]
Miedo a las capacidades humanas para la libertad, a sus consecuencias que acaban haciéndonos aparecer menos libres que en cualquier otra esfera que en esta cuya esencia es la libertad y no debe su existencia a nadie ni a nada si no es al hombre [Razón común].
Si consideramos la libertad desde el punto de vista de la tradición, identificando la soberanía con la libertad, la simultánea presencia de la libertad y de la no-soberanía, de ser capaz de comenzar algo nuevo y no poder controlar o incluso predecir sus consecuencias, casi parece obligarnos a sacar la conclusión de que la existencia humana es absurda. En vista de la realidad humana y de su fenomenal evidencia, es tan espurio negar la libertad humana a actuar debido a que el agente nunca es dueño de sus actos como mantener que es posible la soberanía humana por el incontestable hecho de la libertad humana. La cuestión que surge entonces es la de si nuestra noción de que la libertad y la no-soberanía son mutuamente exclusivas no queda derrotada por la realidad, o, para decirlo de otra manera, si la capacidad para la acción no alberga en sí ciertas potencialidades que la hacen sobrevivir a las incapacidades de la no soberanía.

33. Irreversibilidad y el poder de perdonar.
El animal laborans es redimido de su encarcelamiento en le siempre repetido ciclo de la vida, de… por el homo faber. El homo faber podía redimirse de su situación insignificante, de… mediante las interrelacionadas facultades de la acción y del discurso… Lo que en cada uno de estos casos salva al hombre… es algo diferente por completo, algo que llega del exterior, no del exterior del hombre, sino de cada una de las respectivas actividades.
El caso de la acción y de los predicamentos de la acción es muy distinto. Aquí el remedio contra la irreversibilidad y carácter no conjeturable del proceso iniciado por el actuar no surge de otra facultad posiblemente más elevada, sino que es una de las potencialidades de la misma acción. La posible redención del predicamento de irreversibilidad… es la facultad de perdonar. El remedio de la imposibilidad de predecir, de la caótica inseguridad del futuro, se halla en la facultad de hacer y mantener las promesas. (Una relacionada con el pasado, otra con el futuro).
(Sobre el perdonar i l’obligación de cumplir promesas)

Peligros de utilizar la enorme fuerza y elasticidad de los procesos de la acción en cualquier esfera que no sea la de los asuntos humanos… (los procesos en la naturaleza son irreversibles).
Jesús de Nazaret, descubridor del poder del perdón en los asuntos humanos.
El perdón es el extremo opuesto a la venganza, que actúa en forma de re-acción contra el pecado original, por lo que en lugar de poner fin a las consecuencias de la falta, el sujeto permanece sujeto al proceso, permitiendo que la acción en cadena contenida en toda acción siga su curso libre de todo obstáculo…
La alternativa al perdón, aunque en modo alguno lo opuesto, es el castigo, y ambos tienen en común que intentan finalizar algo que sin interferencia proseguiría inacabablemente. Por lo tanto es muy significativo, elemento estructural en la esfera de los asuntos públicos, que los hombres sean incapaces de perdonar lo que no pueden castigar e incapaces de castigar lo que ha resultado ser imperdonable (lo que Kant llama el “mal radical” y cuya naturaleza se sabe tan poco. Lo único que sabemos es que no podemos ni castigar ni perdonar dichas ofensas, que, por consiguiente, trascienden la esfera de laos asuntos humanos y las potencialidades del poder humano. Aquí donde el propio acto nos desposee de todo poder, lo único que cabe es repetir con Jesús: “Mejor le fuera que le atasen al cuello un rueda de molino y le arrojasen al mar”).
Solo el amor tiene poder para perdonar.
(Encerrados en nosotros mismos, nunca podríamos perdonarnos ningún fallo o transgresión debido a que carecemos de la experiencia de la persona per cuyo amor uno puede perdonar).

34. La imposibilidad de predecir y el poder de la promesa.
La no predicción que, al menos parcialmente, disipa el acto de prometer es de doble naturaleza: surge simultáneamente de la “oscuridad del corazón humano”, o sea, de la básica desconfianza de los hombres que nunca pueden garantizar hoy quiénes serán mañana, y de la imposibilidad de pronosticar las consecuencias de un acto en una comunidad de iguales en la que todo el mundo tiene la misma capacidad para actuar. La inhabilidad del hombre para confiar en sí mismo o para tener fe completa en sí mismo (que es la misma cosa) es el precio que los seres humanos pagan por la libertad; y la imposibilidad de seguir siendo dueños únicos de lo que hacen, de conocer sus consecuencias y confiar en el futuro es el precio que les exige la pluralidad y la realidad, por el júbilo de habitar junto con otros un mundo cuya realidad está garantizada para cada uno por la presencia de todos.
La facultad de prometer… corresponde exactamente a la existencia de una libertad que se concedió bajo la condición de no-soberanía.
En el momento en que las promesas pierden su carácter de aisladas islas de seguridad en un océano de inseguridad, es decir, cuando esta facultad se usa mal para cubrir todo el terreno del futuro y formar una senda segura en todas direcciones, pierden su poder vinculante y, así, toda la empresa resulta contraproducente.
Dejados sin control, los asuntos humanos siguen la ley de la mortalidad (de la fatalidad). La facultad de la acción es la que se interfiere en esta ley. El lapso de vida del hombre en su carrera hacia la muerte llevaría inevitablemente a todo lo humano a la ruina y destrucción si no fuera por la facultad de interrumpirlo y comenzar de nuevo, facultad que es inherente a la acción a manera de recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso, sino para comenzar… De hecho la acción es la única facultad humana de hacer milagros.

LA VITA ACTIVA Y LA ÉPOCA MODERNA.

35. La alienación del mundo.
Tres grandes acontecimientos se sitúan en el umbral de la época moderna y determinan su carácter: el descubrimiento de América y la consiguiente exploración de toda la Tierra; la Reforma, que al expropiar las posesiones eclesiásticas y monásticas inició el doble proceso de expropiación individual y acumulación de riqueza social; la invención del telescopio y el desarrollo de una nueva ciencia que considera la naturaleza de la Tierra desde el punto de vista del universo… (lo que parecía ampliar la Tierra, la hizo pequeña. .. nada puede permanecer inmenso si cabe medirlo).
… la moderna secularización como hecho histórico tangible no signidica más que separación de Iglesia y Estado, de religión y política, y esto, dese un punto de vista religioso, implica una vuelta a la primitiva actitud cristiana de “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” en vez de una pérdia de fe y trascendencia o un nuevo y enfático interés en las cosas de este mundo.
La moderna perdida de fe no es de origen religioso -no puede derivarse de la Reforma y Contrarreforma, los dos grandes movimientos religiosos de la Época Moderna- y su alcance no está en modo alguno restringido a la esfera religiosa. Más aún, incluso si admitiésemos que la Época Moderna comenzó con un súbito e inexplicable eclipse de trascendencia, de creencia en el más allá, de ninguna manera se seguiría que esta pérdida devolvió el hombre al mundo. Por el contrario, la evidencia histórica demuestra que los hombres modernos no fueron devueltos al mundo sino a sí mismos. Una de las más persistentes tendencias de la filosofía moderna desde Descartes, y quizá su contribución más original a la filosofía, ha sido la exclusiva preocupación por el yo, diferenciado del alma, la persona o el hombre en general, intento de reducir todas las experiencias, tanto con el mundo como con otros seres humanos, a las propias del hombre consigo mismo. La grandeza del descubrimiento de Max Weber sobre los orígenes del capitalismo radica precisamente en demostrar que resulta posible una enorme y estrictamente mundana actividad sin tener que preocuparse o disfrutar del mundo, actividad cuya motivación más profunda es, por el contrario, el interés y preocupación por el yo. La alienación del mundo, y no la propia alienación como creía Marx, ha sido la marca de contraste de la Época Moderna.
Etapas de esta alienación (la del mundo)

36. El descubrimiento del punto de Arquímedes.
(Sobre la revolució cientifico i tècnica)

37. Lo universal y la ciencia natural.
La línea divisoria entre la Época Moderna y el mundo en que vivimos cabe trazarla en la diferencia entre una ciencia que considera a la naturaleza desde un punto de vista universal y que de esta manera adquiere pleno dominio sobre ella, y una verdadera ciencia “universal” que conlleva procesos cósmicos incluso con el claro peligro de destruir a la naturaleza y, por consiguiente, el dominio que sobre ella tiene el hombre.

38. El auge de la duda cartesiana.
Ataque a la tradición. Crisis del concepto clásico de la verdad i de que la verdad se revela a sí misma [crisis de la confianza pitagórica].

39. La introspección y la pérdida del sentido común.
Facultad de razonar: lo que los hombres tienen en común.
El punto de Arquímedes se traslada al interior del propio hombre.

40. El pensamiento y el punto de vista del mundo moderno.
Pero sería difícil evitar la sospecha de que este mundo matemáticamente preconcebido sea un mundo de ensueño en el que toda soñada visión que produce el hombre sólo tiene carácter de realidad mientras dura el sueño… En todo caso, dondequiera que intentamos trascender la apariencia más allá de toda experiencia sensual, incluso con ayuda de aparatos, con el fin de captar los secretos esenciales del Ser, que según nuestro punto de vista del mundo físico se halla tan oculto que nunca aparece y al mismo tiempo es tan poderoso que produce toda apariencia, encontramos que los mismos modelos rigen al macrocosmos y el microcosmos, que los aparatos registran las mismas lecturas. Aquí, una vez más, cabe que nos recreemos en una reencontrada unidad del universo para caer luego en la sospecha de que tal vez lo que hemos encontrado nada tiene que ver con el macrocosmos o el microcosmos, que sólo tratamos con modelos de nuestra mente, la que diseñó los aparatos y puso a la naturaleza bajo sus condiciones en el experimento -que prescribió sus leyes a la naturaleza, según la frase de Kant-, en cuyo caso es como si nos halláramos en manos de un espíritu maligno que se burla de nosotros y frustra nuestra sed de conocimiento, de tal modo que al buscar lo que no somos, encontramos solamente los modelos de nuestra propia mente.
Círculo vicioso en el que parece haber caído la ciencia.
41. La inversión de la contemplación y de la acción.
Prejuicio que lleva a pensar en el desarrollo de la ciencia como el deseo pragmático de mejorar las condiciones de vida humana en la Tierra… su desarrollo se debe exclusivamente a una búsqueda no práctica de conocimiento inútil.
Al margen de lo que ocurra, la experiencia fundamental de la inversión de la contemplación y de la acción fue precisamente que la sed de conocimientos del hombre sólo podía saciarse se confiaba en la inventiva de sus manos…
42. La inversión dentro de la vita activa y la victoria del homo faber.
Hacer y fabricar, prerrogativas del homo faber, fueron las primeras actividades de la vita activa que ascendieron al puesto ocupado anteriormente por la contemplación…    El cambio del “qué” y “por qué” al “cómo” implica que los verdaderos objetos de conocimiento ya no pueden ser cosas o movimientos eternos, sino que han de ser proceso, y que por lo tanto el objeto de la ciencia no es ya la naturaleza o el universo, sino la historia, el relato de la manera de cobrar existencia, de la naturaleza o de la vida o del universo.
Insistencia en el proceso de fabricación o en considerar toda cosa como resultado de un proceso de fabricación…
Estas inversiones también pueden verse en la esfera de los asuntos humanos.
(Pero este tipo de actuación implica “calcular” las consecuencias, no dar lugar a lo  inesperado).

43. La derrota del homo faber y el principio de felicidad.
Entre las características sobresalientes de la Época Moderna desde su comienzo hasta nuestros días encontramos las actitudes típicas del homo faber: su instrumentalización del mundo, su confianza en los útiles y en la productividad del fabricante de objetos artificiales; su confianza en la total categoría de los medios  y fin, su convicción de que cualquier problema puede resolverse y de que toda motivación humana puede reducirse al principio de la utilidad; su soberanía, que considera como material lo dado y cree que la naturaleza es “un inmenso tejido del que podemos cortar lo que deseemos para recoserlo a nuestro gusto”; su ecuación de inteligencia con ingeniosidad,… por último su lógica identificación de la fabricación con la acción.
Dicha mentalidad se encuentra en la economía clásica…
Lo que exige explicación no es la moderna estima del homo faber, sino el hecho de que esa estima fue rápidamente seguida por la elevación de la labor al más alto puesto en el orden jerárquico de la vita activa…
Como el principio de utilidad fue rápidamente reemplazado por el de “la mayor felicidad para el mayor número”… entran en juego las categorías de procesos.
… lo que ayuda a estimular la productividad y disminuye el dolor y el esfuerzo físico es útil. Dicho con otras palabras, el modelo esencial de medición no es la utilidad y el uso, sino la “felicidad”, es decir, el grado de dolor y de placer experimentado en la producción o en el consumo de las cosas.
Sobre (la primacía) el dolor.

44. La vida como bien supremo.
Por qué la derrota del homo faber terminó en victoria del animal laborans; por qué con el ascenso de la vita activa, fue precisamente la actividad laboral la que subió al más alto rango de las capacidades del hombre… por qué dentro de la diversidad de la condición humana, con sus múltiples y diversas capacidades, fue la vida la que dominó sobre todas las demás consideraciones.
Persistencia de la inversión que el cristianismo había llevado cuando irrumpió en el mundo antiguo: la inmortalidad de la vida humana individual invirtió la antigua relación ente el hombre y el mundo y elevó la cosa más mortal, la vida humana, a la  posición de la inmortalidad, hasta entonces ocupada por el cosmos… La vida terrena pasa a ser el bien supremo del hombre (énfasis en la sacralidad de la vida)
Qué ha cambiado hoy en día.

45. La victoria del animal laborans.
El hombre moderno, cuando perdió la certeza de un mundo futuro, se lanzó dentro de sí mismo y no del mundo; no sólo inmortal, sino que ni siquiera estuvo seguro de que fuera real. Y en la medida en que hubo de asumir que era real debido al optimismo no crítico de una ciencia en constante progreso, se trasladó de la Tierra a un punto mucho más distante del que cualquier otra mundanidad cristiana le había llevado. Sea cual fuere el significado de la palabra “secular” en el uso común, históricamente no es posible equipararla a mundanidad; el hombre moderno no ganó este mundo cuando perdió el otro, ni tampoco, estrictamente hablando, ganó la vida. Se vio obligado a retroceder y a adentrarse en la cerrada interioridad de la introspección, donde lo máximo que pudo experimentar fueron los vacíos procesos de cálculo de la mente, se juego consigo misma. El único contenido que quedó fueron los apetitos y deseos, los apremios sin sentido de su cuerpo, qué erróneamente tomó por pasión y consideró que eran “irrazonables” debido a que no podían “razonar”, es decir, calcular con ellos. La única cosa que podía ser potencialmente inmortal, tan inmortal como el cuerpo político en la antigüedad y la vida individual en la edad media, era la vida misma, es decir, el posiblemente eterno proceso vital de la especie humana.
Si comparamos el mundo moderno con el pasado la pérdida de la experiencia humana comprometida en este desarrollo es sorprendente. No sólo, ni de manera primordial, la contemplación  lo que ha pasado a ser una experiencia desprovista por completo de significado. El propio pensamiento, cuando se convirtió en “cálculo de consecuencias”, pasó a ser una función del cerebro, con el resultado de que los instrumentos electrónicos sirven mucho mejor para cumplir estas funciones. No tardó en entenderse la acción -y así continúa- casi exclusivamente como hacer y fabricar, con la diferencia de que hacer, debido a su mundanidad e inherente indiferencia por la vida, se consideró como otra forma de laborar, una función más complicada pero no más misteriosa del proceso de la vida.
Pero aún existen otras indicaciones más peligrosas de que el hombre desee y esté a punto de evolucionar en esa especie de animal de la que , desde Darwin, imagina que procede. Si volvemos una vez más al descubrimiento del punto de Arquímedes y lo aplicamos al propio hombre -cosa que Kafka nos advirtió que no hiciéramos- y a lo que hace en esta Tierra, de inmediato se hace manifiesto que todas sus actividades, observadas desde un punto del universo suficientemente alejado y ventajoso, no parecerían actividades sino procesos, de manera que, como ha señalado recientemente un científico, la motorización moderna parecería un proceso de mutación biológica en el que los cuerpos humanos comienzan gradualmente a cubrirse de caparazones de acero…

El hombre no ha perdido sus capacidades… la capacidad de acción sigue en nosotros…

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