Parejas mixtas. ¿Amores difíciles? (por F. Núñez)

Uno de los efectos de la globalización que nos llama más la atención son las parejas mixtas. Por parejas mixtas entendemos parejas donde sus miembros son de distintos países y nacionalidades, de distintos orígenes culturales, de diferentes ambientes sociales, y otras muchas “heterogeneidades”. A esta relación de pareja se puede llegar por muchos caminos: la pasión amorosa (el enamoramiento), la necesidad de cruzar una frontera o tener un pasaporte, el deseo de mejorar el nivel de vida y de tener una vida mejor, etc., etc., etc. Sean cuales sean los entresijos  del “amor”, las parejas mixtas han de afrontar los problemas propios de toda relación, pero agravados, creemos, por la distancia que la diferencia puede suponer.

Según el Idescat (http://www.idescat.cat/cat/idescat/serveis/premsa/NPMNPmatrim2011.pdf ), la evolución de los matrimonios mixtos, con un miembro extranjero (mayoritariamente la mujer) ha pasado de representar el 5,4% de los matrimonios (legales) en el año 2000 a un 22% el 2011 (Ver Nota 1)

Casaments

Al amor se le ha supuesto desde antiguo la posibilidad de traspasar fronteras, de unir lo que está separado, y así parecen demostrarlo las estadísticas. Pese a ello, nos preguntamos hasta que punto el amor puede ser punto de intersección de diferentes mundos que a veces están separados por grandes distancias geográficas, culturales, económicas o simbólicas. ¿Hasta dónde el amor puede resultar un cemento social capaz de salvar todas estas distancias?

El primer problema con que nos encontramos para tratar de la problemática de las parejas mixtas es la misma definición de pareja, cuando ya no nos sirve definirla como el enlace entre un hombre y una mujer, el contrato de matrimonio o el vivir bajo un mismo techo. A los sociólogos Beck y Beck-Gernsheim (Amor a distancia, Paidós, 2012 i El normal caos del amor, Paidós, 2001) les gusta recurrir a la broma del sociólogo J-C. Kaufmann para definir la pareja: “Una pareja empieza en el momento en que dos deciden compartir una lavadora”. Con ese acto aparentemente sencillo, empiezan los problemas domésticos y las decisiones ontológicas. ¿Quién ha de lavar la ropa, tenderla y plancharla? ¿Qué quiere decir ropa sucia? ¿Cada cuánto se lavan las sábanas o las toallas? ¿Hay que planchar las camisas?… y así un sinnúmero de arduas cuestiones que se pueden complicar enormemente con la llegada de hijos.

La broma de la lavadora nos permite abordar uno de los problemas más graves de las parejas mixtas, y también de las familias globales. Como señala el matrimonio Beck en su libro sobre el amor a distancia, en las familias globales, cuando surgen los problemas de relación, justo el día en que se empieza a compartir la lavadora, estas parejas no pueden recurrir a un acerbo común y evidente de respuestas para solucionar las cuestiones elementales que plantea el día a día y que definen la estructura básica de la vida: hábitos alimenticios, regalos, significado de las festividades,concepciones del tiempo y valor de la puntualidad, idearios sobre quién pertenece a la familia y quien no… o incluso si vale la pena esforzarse por el reciclaje y recogida selectiva de basura. En definitiva, lo que se está poniendo de manifiesto es la pluralización de los mundos de vida. [Me remito a la entrada en este blog sobre el pluralismo].

Dicho en otros términos, pese al amor, si sigue existiendo o existió en algún momento, la posibilidad de que los miembros de la pareja sigan siendo el uno para el otro “extranjeros” (y no solo extraños, como tantas veces suele ocurrir incluso entre los nacidos en el mismo pueblo) es muy grande.

Para entender la situación que frecuentemente puede reproducirse en estas parejas  es que, como extranjeros, no comparten mitos. Para entender la situación, me remito a la definición de A. Shütz de extranjero como “aquel que no comparte los propios mitos”. En el mundo de la vida cotidiana, aquel en el que solemos transcurrir una buena parte del tiempo y que es la base de operaciones desde donde transitar a otros ámbitos de realidad (por ejemplo el del erotismo, y por eso en una fase de enamoramiento y intensa relación erótica puede parecernos que compartimos tanto y tanto con nuestra pareja), en este mundo, afirmo, nos movemos con la normalidad de lo dado por descontado, de lo que por ser “normal” nos pasa desapercibido, se nos hace trasparente. Este es, en buena medida, un mundo de prejuicios (en el sentido que no son actitudes que se han racionalizado), un mundo de mitos que compartimos con nuestros “otros significativos”, con las comunidades de vida en las que nos hemos criado, y que solemos aceptar como indudables, como verdaderos. No hay realidad, y mucho menos la de la vida cotidiana, que no se fundamente en mitos. Por eso, para compartir el mundo, más aún el mundo de la vida cotidiana, hay que compartir los mitos, sobre el valor de la vida, la educación de los hijos, la autonomía personal, la importancia del amor…  Pero también, sobre cómo debe cocinarse un buen arroz, cómo se plancha la ropa o cuándo se considera que hay que lavarla porque está sucia. Nada sencillo.

Ni que decir tiene que estos son solo algunos de los problemas que debe enfrontar cualquier pareja y que se agravan con las parejas mixtas. No hay que olvidar, también, que las parejas mixtas pueden incrementar las desigualdades del norte respecto del sur, de la riqueza de unos respecto de la de los otros otros, de los hombres respecto de las mujeres. Y tampoco hay que olvidar todo el sufrimiento y extrañamiento que hay en los procesos migratorios de un mundo globalizado, más para unos que para otros. La condición universal de la globalización, la pluralización de los mundos de vida, no es vivida del mismo modo por todos, ni arraiga por igual en la cotidianidad y en las conciencias de las gentes, tan plurales, tan diferentes.

Para los Beck, las parejas mixtas son “nuevas formas de vida en la era global”, una especie de, muchas veces, consecuencias no previstas de la globalización y que, en lo personal (pues se trata de una forma más de problemas sistémicos que hemos de resolver personalmente) pueden acabar siendo una fuente de malestar y sufrimiento.

No obstante, también lo enseña la sociología, en cuestiones sociales la única predicción posible es que hacer predicciones suele tener malos resultados (sin que con ello estemos negando el poder de las “profecías que se autocumplen”, es decir, que las cosas acaban siendo como decimos que van a ser porque nos predisponemos y las predisponemos a que así sea). Las estadísticas que he podido consultar, del INE (http://www.ine.es/jaxi/tabla.do) , no parece que nos indiquen que en las parejas oficiales (pues no hay datos de las que no han pasado por el juzgado) los porcentajes de divorcios entre parejas mixtas  (parejas con algún miembro extranjero) sean mayores que en las parejas entre los que tienen la misma nacionalidad (sin olvidar cómo de grandes pueden ser también las “distancias” dentro de estas parejas).

[El 84,3% del total de nulidades, separaciones y divorcios registrados en 2012 tuvo lugar
entre cónyuges de nacionalidad española. En el 10,0% uno de los cónyuges era extranjero y
en el 5,6% ambos cónyuges eran extranjero (http://www.ine.es/prensa/np800.pdf ). Ese mimo año, el número total de matrimonios entre españoles fue de 56.482, entre extranjeros de 2.630 i 11.884 de mixtos. No estoy teniendo en cuenta la media de años de matrimonio, cuantos matrimonios se produjeron esos años atrás, etc., pero las dos cifras nos pueden dar alguna pista.]

Nota 1:
La disminución que se observa los dos últimos  años puede ser debida a la disminución del número de extranjeros, que en el año 2013, por ejemplo, llega a ser del 4%, debido principalmente a la emigración y, sobretodo, a la adquisición de la nacionalidad española.

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3 thoughts on “Parejas mixtas. ¿Amores difíciles? (por F. Núñez)

  1. Retroenllaç: L’amor mou fronteres | De Boda a Boda

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