Arendt, La condición humana_2/3

Arendt, H. (1993) La Condición Humana. Barcelona: Paidós.

LABOR.
(En este capítulo se critica a Marx)

11. “La labor de nuestro cuerpo y el trabajo de nuestras manos”
Se propone una distinción (poco usual) entre labor y trabajo.
Sobre la esclavitud… Laborar significaba estar esclavizado por la necesidad, y esta servidumbre era inherente a las condiciones de la vida humana…
En la edad moderna falta (sorprendentemente) una teoría que diferencie claramente el animal laborans del homo faber (hay distinciones entre trabajo productivo e improductivo, experto e inexperto, manual e intelectual). El motivo de la elevación de la labor en la Época Moderna fue su “productividad”, y la en apariencia blasfema noción de Marx al afirmar que la labor (y no Dios) creó al hombre o que la labor (y no la razón) distinguía al hombre de los otros animales, únicamente era la formulación más radical y consistente de algo sobre lo que estaba de acuerdo todo la Época Moderna.


La distinción entre labor productiva e improductiva (p.e. para Marx el trabajo de los sirvientes domésticos) contiene, aunque con prejuicio, la distinción más fundamental entre trabajo y labor… Signo de todo laborar es que no deja nada tras de sí, que el resultado de su esfuerzo se consume casi tan rápidamente como se gasta el esfuerzo… Y no obstante, dicho esfuerzo, a pesar de su futilidad, nace de un gran apremio y está motivado por su impulso mucho más poderoso que cualquier otro, ya que de él depende la propia vida.
[Atención! Aquí debería situarse el trabajo reproductivo. Problemas graves pera dignificarlo desde la teoría marxista]
La época moderna en general, y Marx en particular, anonadados por la productividad sin precedente de la humanidad occidental, tuvieron la casi irresistible tendencia a considerar toda labor como trabajo y a referirse al animal laborans en términos mucho más adecuados al homo faber, confiando en que sólo era necesario un poco más para eliminar por completo a la labor y a la necesidad.
Sobre la productividad propia de la actividad laboral (capital descubrimiento de Marx)… que no se basa en los productos de la labor, sino en el poder humano cuya fuerza no se agota cuando ha producido medios para su propia subsistencia… que es capaz de producir un superávit… (la labor de unos puede bastar para la vida de todos)…. Así todo el laborar es productivo…El punto de vista social (hemos visto antes) es idéntico a la interpretación que sólo tiene en cuenta el proceso de vida de la humanidad y, dentro de su marco de referencia, todas las cosas se convierten en objetos de consumo. En una “humanidad socializada” por completo, cuyo único propósito fuera mantener el proceso de la vida -y tal es desgraciadamente el nada utópico ideal que guía a las teorías de Marx-, la distinción entre labor y trabajo desaparecería por entero; todo trabajo se convertiría en labor debido a que las cosas se entenderían no en su mundana y objetiva cualidad, sino como resultado del poder de la labor y de las funciones del proceso de la vida.

12 El carácter de cosa del mundo.
La realidad y confiabilidad del mundo humano descansan principalmente en le hecho de que estamos rodeados de cosas más permanentes que la actividad que las produce, y potencialmente incluso más permanentes que las vidas de sus autores. La vida humana, en la medida en que construye el mundo, se encuentra en constante proceso de transformación, y el grado de mundanidad de las cosas producidas depende de su mayor o menor permanencia en el propio mundo.

13. Labor y vida.
Las cosas menos duraderas son las necesarias para el proceso de la vida… son las menos mundanas y al mismo tiempo las más naturales de todas las cosas.
Sobre la muerte. Sin un mundo en el que los hombres nazcan y mueran, sólo existiría la inmutable y eterna repetición, la inmortal eternidad de lo humano y de las otras especies animales.
Significado de la palabra vida si la relacionamos con el mundo…. Sólo dentro del mundo humano, el cíclico movimiento de la naturaleza se manifiesta como crecimiento y decadencia… todas las actividades humanas que surgen de la necesidad de hacerles frente se encuentran sujetas a los repetidos ciclos de la naturaleza y carecen en sí mismas de principio y fin, propiamente hablando; a diferencia del trabajar, cuyo final llega cuando el objeto está acabado, dispuesto a incorporarse al mundo común de las cosa, el laborar siempre se mueve en le mismo círculo, prescrito por el proceso biológico del organismo vivo, y el fin de su “fatiga y molestia” sólo llega con la muerte de este organismo.
Este aspecto destructivo y devorador de la actividad laboral sólo es visible desde el punto de vista del mundo y a diferencia del trabajo, que no prepara la materia para la incorporación, sino que la transforma en material con el fin de obrar sobre ella y usar el producto acabado. Desde el punto de vista de la naturaleza, el trabajo más que la labor es destructivo, puesto que su proceso saca la materia de las manos de la naturaleza, sin devolvérsela en el rápido curso del natural metabolismo del cuerpo vivo.

14. Labor y fertilidad.
El repentino y espectacular ascenso de la labor… (entre las actividades humanas) comenzó cuando Locke descubrió que la labor es la fuente de toda propiedad… Adam Smith que era la fuente de toda riqueza… i en el “sistema de labor” de Marx, pasó a ser la fuente de toda productividad y expresión de la misma humanidad del hombre.
Al igualar trabajo con labor (y dotar a una con algunas de las cualidades que sólo posee el otro) se encontraron con auténticas contradicciones…

15. Lo privado de la propiedad y riqueza.
Sobre el dolor.
La labor como experiencia de no-mundanidad.

16. Los instrumentos del trabajo y la división de la labor.
Un peligro: el hombre no puede ser libre si no sabe que está sujeto a la necesidad, debido a que gana siempre su libertad con sus intentos nunca logrados por entero de liberarse de la necesidad. Y si bien puede ser cierto que su impulso más fuerte hacia esa liberación procede de su “repugnancia por la futilidad”, también es posible que el impulso pueda debilitarse si esta futilidad se muestra más fácil, requiere menos esfuerzo. Porque es muy probable que los enormes cambios de la revolución industrial y los aún mayores de la revolución atómica seguirán siendo cambios para el mundo, y no para la básica condición de la vida humana en la Tierra.
Sobre la división de la labor.
Bienes de uso – bienes de consumo… La interminabilidad del proceso laborante está garantizada por las siempre repetidas necesidades de consumo; la interminabilidad de la producción sólo puede asegurarse si sus productos pierden su carácter de uso y cada vez se hacen más objetos de consumo, o bien si, para decirlo de otro modo, la proporción de uso queda tan tremendamente acelerada que la objetiva diferencia entre uso y consumo, entre la relativa duración de los objetos de uso y el rápido ir y venir de los bienes de consumo, disminuye hasta la insignificancia.
En nuestra necesidad de reemplazar cada vez más rápidamente las cosas que nos rodean, ya no podemos permitirnos usarlas, respetar y preservar su inherente carácter durable; debemos consumir, devorar (casas, coches,…) como si fueran las “buenas cosas” de la naturaleza que se estropean inútilmente si no se llevan con la máxima rapidez al interminable ciclo del metabolismo del hombre con la naturaleza…
Los ideales del homo faber, el fabricador del mundo, que son la permanencia, estabilidad y carácter durable, se han sacrificado a la abundancia, ideal del animal laborans. Vivimos en una sociedad de laborantes debido a que sólo el laborar, con su inherente fertilidad, es posible que origine abundancia; y hemos cambiado el trabajo por el laborar, troceándolo en minúsculas partículas hasta que se ha prestado a la división, donde el común denominador de la más sencilla realización se alcanza con el fin de eliminar de la senda de la fuerza laboral humana -que es parte de la naturaleza e incluso quizá la más poderosa de todas las fuerzas naturales-  el obstáculo de lo “no natural” y puramente mundana estabilidad del artificio humano.

17. Una sociedad de consumidores.
Sociedad de consumidores = sociedad de laborantes.
El artista como excepción (único trabajador) en la sociedad de laborantes.
La labor es lo contrario de diversión… Desde el punto de vista de ganarse la vida, toda actividad no relacionada con la labor se convierte en hobby.
Peligros de la automatización…. (intensificará el ritmo natural de la vida, pero no cambiará, sino que hará más mortal el principal carácter de la vida con respecto al mundo, que es desgastar la “durabilidad”.
La esperanza que inspiró a Marx y a los mejores hombres de los varios movimientos obreros -la de que el tiempo libre emancipará finalmente a los hombres de la necesidad y hará productivo al animal laborans- se basa en la ilusión de una mecanicista filosofía que da por sentado que la fuerza de la labor, como cualquier otra energía, no puede perderse, de modo que si no se gasta y agota en las pesadas faenas de la vida nutre automáticamente otras actividades más elevadas. … Cien años después de Marx sabemos que ese razonamiento es una falacia; el tiempo de ocio del animal laborans siempre se gasta en el consumo, y cuanto más tiempo le queda libre, más ávidos y vehementes son sus apetitos. Que estos apetitos se hagan más adulterados, de modo que el consumo no quede restringido a los artículos de primera necesidad, sino que por el contrario se concentre principalmente en las cosas superfluas de la vida, no modifica el carácter de esta sociedad que contiene el grave peligro de que ningún objeto del mundo se libre del consumo y de la aniquilación a través de éste.
Cultura de masas: sustituto de la esfera pública, resultada de la ocupación del animal laborans de la esfera pública.
Sobre la felicidad (que sólo el animal laborans ha exigido y creído posible.
Cuanto más fácil se haga la vida en una sociedad de consumidores o laborantes, más difícil será seguir conociendo las urgencias de la necesidad, e incluso cuando existe dolor y esfuerzo, las manifestaciones exteriores de la necesidad apenas son observables. El peligro radica en que tal sociedad, deslumbrada por la abundancia de su creciente fertilidad y atrapada en el suave funcionamiento de un proceso interminable, no sea capaz de reconocer su propia futilidad, la futilidad de una vida que “no se fija o realiza en una circunstancia permanente que perdure una vez transcurrida la [su] labor”.

Nota 36. Sobre K. Marx.
Nota 83. Simone Weil dice que la esperanza de una liberación final con respecto a la labor y a la necesidad es el único elemento utópica del marxismo y, al mismo tiempo, el verdadero motor de todos los movimientos laborales revolucionarios inspirados en el marxismo. Es el “opio del pueblo” que Marx creyó que era la religión.
Nota 85. [Curiosidad!] Sobre la cantidad de días que se trabajaba en la Edad Media.
[I también]… Tal vez el promedio de vida de la mayoría de los países altamente civilizados de hoy día corresponda al promedio dado por la antigüedad durante varios siglos.

TRABAJO

18. El carácter duradero del mundo.
El trabajo de nuestras manos, a diferencia del trabajo de nuestros cuerpos -el homo faber que fabrica y literalmente “trabaja sobre” diferenciado del animal laborans que labora y “mezcla con”-, fabrica la interminable variedad de cosas cuya suma total constituye el artificio humano (que para Marx es prueba de la naturaleza humana)… Su adecuado uso no las hace desaparecer y dan al artificio humano la estabilidad y solidez sin las que no merecerían confianza para albergar a la inestable y mortal criatura que es el hombre.
Uso y consumo, como trabajo y labor coinciden en zonas importantes (y a veces lleva a confundirlos, tanto por la opinión común como erudita).
19. Reificación.
La fabricación, el trabajo del homo faber, consiste en reificación…
El elemento de violación y de violencia está presente en toda fabricación, y el homo faber, creador del artificio humano, siempre ha sido un destructor de la naturaleza. El animal laborans, que con su cuerpo y ayuda de animales domesticados nutre la vida, pude ser señor y dueño de todas las criaturas vivientes, pero sigue siendo el siervo de la naturaleza y de la Tierra.
La mayoría de descripciones sobre la “alegría del trabajo”… se relacionan con la soberbia sentida al ejercer una violenta fuerza que sirve al hombre para medirse ante el abrumador poder de los elementos y que, mediante el astuto invento de ciertos útiles, sabe cómo multiplicarla más allá de su natural medida…
La fabricación y el modelo de acuerdo con el cual se construye el objeto… (Como esto está en contradicción con los hallazgos de la moderna psicología… producto de la subjetivización de la ciencia moderna…
La potencial multiplicación es diferente del principio de repetición que es característico de la labor -modelo biológico-).
El proceso de la fabricación está en sí mismo determinado enteramente por las categorías de medios y fines…
La labor, atrapada en el movimiento cíclico del proceso vital del cuerpo, carece de principio y de fin. La acción, aunque puede tener un definido principio, nunca tiene, como ya veremos, un fin “predictible”…
El homo faber es efectivamente señor y dueño, no sólo porque es el amo o se ha impuesto como tal en toda la naturaleza, sino porque es dueño de sí mismo y de sus actos. No puede decirse lo mismo del animal laborans, sujeto a la necesidad de su propia vida, ni del hombre de acción, que depende de sus semejantes. Sólo con su imagen de futuro producto, el homo faber es libre de producir y, frente al trabajo hecho por sus manos, es libre de destruir.

20. Instrumentalidad y animal laborans.
Las quejas sobre la perversión de fines y medios en la moderna sociedad (los hombres se convierten en siervos de las máquinas)… tienen su raíz en la situación del laborar… Consecuencias de la introducción de las máquinas (de la tecnología).

21. Instrumentalidad y homo faber.
Como se llega a la instrumentalización del mundo y de la Tierra.

22. El mercado de cambio.
Sobre el significado de valor i valor de uso.

23. La permanencia del mundo y la obra de arte.
Entre las cosas que confieren al artificio humano la estabilidad sin la que no podría ser un hogar de confianza para los hombres, se encuentran ciertos objetos que carecen estrictamente de utilidad alguna y que, más aún, debido a que son únicos, no son intercambiables y por lo tanto desafían la igualación mediante un denominador común como es el dinero; si entran en el mercado de cambio, su precio se fija arbitrariamente…
*Pensamiento y cognición no son lo mismo.
El mundo de cosas hecho por el hombre, el artificio humano erigido por el homo faber, se convierte en un hogar para los hombres mortales, cuya estabilidad perdurará al movimiento siempre cambiante de sus vidas y acciones sólo hasta el punto en que trascienda el puro funcionalismo de las cosas producidas para el consumo y la pura utilidad de los objetivos producidos para el uso. La vida en su sentido no biológico, el período de tiempo que tiene todo hombre entre nacimiento y muerte, se manifiesta en la acción y el discurso, que comparten con la vida su esencial futilidad. La “realización de grandes hechos y la articulación de grandes palabras” no dejarán huella, ni producto alguno que perdure al momento de la acción y de la palabra hablada. Si el animal laborans necesita la ayuda del homo faber para facilitar su labor y aliviar su esfuerzo, y si los mortales necesitan su ayuda para erigir un hogar en la Tierra, los hombres que actúan y hablan necesitan la ayuda del homo faber en su más elevada capacidad, esto es, la ayuda del artista, de poetas e historiógrafos, de constructores de monumentos o de escritores, ya que sin ellos el único producto de su actividad, la historia que establecen y cuentan, no sobrevivirá. Co el fin de que el mundo sea lo que siempre se ha considerado que era, un hogar para los hombres durante su vida en la Tierra, el artificio humano ha de ser lugar apropiado para la acción y el discurso, para las actividades no sólo inútiles por completo a las necesidades de la vida, sino también de naturaleza enteramente diferente de las múltiples actividades de fabricación con las que se produce el mundo y todas las cosas que cobija. No es necesario elegir entre Platón y Protágoras, o decidir si ha de ser el hombre o un dios la medida de todas las cosas; lo cierto es que la medida puede no ser ni la acuciante necesidad de la vida biológica y de la labor, ni el instrumentalismo utilitario de la fabricación y del uso.

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