Post coitum omne animal triste est

Post coitum omne animal triste est
(Todo animal está triste después del coito)
Si era Galeno quien afirmaba que post coitum tristitia, seguramente estaba pensando en el relajamiento y flacidez física y anímica, tras la excitación, que, sobre todo en los machos (1), claro está, sigue al coito. Un desequilibrio humoral. Su teoría de los humores y del equilibrio humoral asemeja su diagnóstico al que también podría hacer S. Freud: tras la liberación de la energía pulsional, que coincide con el mayor placer, y que viene precedida por un estado de tensión en el sistema homeostático, puede pasarse a un estado de relajación y tristeza.  También Aristóteles apostaría por esta oscilación entre placer y tristeza (hedoné y lipé como los dos polos en los que se mueve nuestro ánimo), y afirmaría que “post coitum…”. La investigación hormonal más reciente, achacará a la liberación de prolactina durante el orgasmo masculino esta tristeza postcoital como un efecto derivado. Sin entrar en más detalles, podemos dar el tópico sino por verdadero, por aceptable.

Me resulta divertido pensar que Joaquín Sabina, en un tono mucho más jocoso, apostaba por esta sabiduría galénica cuando afirmaba en una entrevista que él nunca se había acostado con una mujer fea, nunca subrayaba, e insinuaba, además, haberse acostado con muchas. Inmediatamente, sacaba al entrevistador de su sorpresa diciéndole que otra cosa era lo que le parecían por la mañana al despertar a su lado.


No hay que ignorar en la afirmación de Sabina un matiz importante, distinto de la afirmación latina:en este caso, la “tensión erótica”, vamos a llamarle así, le llevaba a una percepción positiva (por no decir distorsionada) de la realidad y que el post coitum o distensión (liberado también de otros humo-res) le llevaba a un juicio si no más triste, sí más pesimista.
No me detendré a argumentar lo que creo que puede haber de acertado o no en la sentencia latina porque requeriría demasiados matices, pero sí que me servirá para hacer un par de reflexiones en torno al amor. Sí, he dicho amor sin olvidar que la afirmación habla de coito. No se trata de una confusión, sino que, justamente, se trata de desentrañar y desgranar la trama de las relaciones entre el amor y el sexo. Y aún me estoy alejando de lo que afirma propiamente esta oración. Permítaseme la metonimia y tomar, en este caso, el todo por la parte.
En la extremadamente nueva y original confluencia de erotismo (deseo sexual), pasión amorosa (enamoramiento, infatuación) y matrimonio (pareja) propia del amor romántico en sus versiones más novelescas y cinematográficas, las convulsiones emocionales, el desencanto amoroso y los conflictos personales, así como la tristeza postcoital, suelen acompañar las relaciones de pareja.
En nuestras sociedades contemporáneas, el Amor, así en mayúscula, consiste en una complicada elección (racional, o sobre todo racional) en la que pueden llegar a converger diferentes y no siempre compatibles dimensiones. Pero siempre suponemos que el amor es la condición indispensable para emparejarse (o casarse) con una persona. Hasta los príncipes, como en los cuentos de Walt Disney, se ajustan a esta norma. Tan atractivo es el amor que incluso debe fingirse en una aventura de sexo fugaz, o así es mucho mejor. Se suele afirmar que las mujeres son más partidarias del amor que del sexo y que dan sexo a cambio de amor, mientras que los hombres dan amor a cambio de sexo. Seguramente esta afirmación también requeriría muchos matices.
En cualquier caso, desde los tiempos recientes del amor romántico, el amor-pasión difícilmente podemos distinguirlo o comprenderlo sin la atracción erótica. Esta proximidad del amor al erotismo (es decir, reducido al primer escalón platónico de ‘deseo de’, el deseo de poseer un cuerpo “bello”) lo ha hecho también más permeable a la decepción postcoital. Tal vez sea porque   la cesación del deseo tras la posesión tenga mucho que ver con esta dinámica del sexo genital, pues si el amor es solo o en buena parte ‘deseo de’, una vez poseído aquello que se desea deja de tener atractivo e interés. Una vez más, serían necesarios muchos matices. Volveré en otro momento a esta dinámica del deseo en relación al consumo(ismo).
En todo este proceso de atracción y de deseo, que mucho tiene que ver con el enamoramiento, la imaginación juega un papel relevante. Nos marca un horizonte hacia aquello que es deseable, nos da dirección y nos adelanta los placeres y emociones de la posesión. Por eso puede muy bien pasar que al deshacerse con el calor de los cuerpos los gélidos espejismos de la imaginación, la decepción puede ser un fácil resultado.

(1) Otras versiones de la frase latina son:
Post coitum omne animal triste est sive gallus et mulier
Post coitum omne animal triste est, nisi gallus qui canit

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