“Peri eudaimonia” (Sobre la felicitat)

(A propòsit d’algunes referències dels estudiants del màster d’Humanitats de la UOC al futur i la felicitat)

És ben sabut que per Aristòtil, i també pel món grec (il·lustrat) en general, la felicitat consistia en l’actualització, per dir-ho així, de les nostres potències (o pas de la potència a l’acte i, en aquest sentit, acompliment de la nostra essència). En el cas dels humans, allò que ens caracteritza com a humans, i ens diferencia de la resta d’éssers sensibles, és la intel·ligència (la capacitat d’aprehendre l’eidos, és a dir, el ser –que per Plató, recordeu-ho, tenia una naturalesa ben especial i diferenciada). Així doncs, l’home lliure, això és, de sexe masculí i no sotmès a l’esclavitud dels treballs quotidians o de subsistència (laborare), treballs que en el món grec feien els esclaus i que ara fan, quan ho podem pagar,  assalariats generalment immigrants de sexe femení que treballen molt i per pocs diners… l’home lliure, deia, és el que pot dedicar-se al cultiu de l’ànima, és a dir, es pot dedicar a l’oci, al pensament racional.


La felicitat i la racionalitat estan unides des d’antic. Poc ha tingut a veure la felicitat amb les emocions que ara (que tenim la vida material força resolta) magnifiquem. Segurament, la felicitat no es sol trobar “allà on et porta el cor” . Per un pensament savi, crec jo, això és com deixar la felicitat en mans de l’atzar.

En el llibre de John Rawls Teoría de la justícia, llibre central en la teoria liberal contemporània. és parla de la felicitat en els següents termes: “… el bien de una persona está determinado por lo que para ella es el plan de vida más racional a largo plazo, en circunstancias razonables. Un hombre es feliz en la medida en que tiene mayor o menor éxito en llevar a cabo este plan… el bien es la satisfacción del deseo racional” (Rawls, 1979:114).  “Sí, és clar”,  podrem protestar, “en un món liquid i incert (quan el món ha estat previsible?), i en una societat plena de riscos, no resulta gens fàcil –i potser és poc emocionant– tenir un pla, i encara menys un pla racional. Com podria la felicitat consistir en això?”

L’amor, per posar un exemple,  és com un conill blanc que salta quan menys t’ho esperes ( Esther Tusquets dixit) Com podem –si és que ho hem de fer- resistir-nos a l’amor?

Estic dient amb això que emocions i racionalitat són incompatibles? De moment, no vull donar una resposta.

Bibliografia:
John Rawls (1979) Teoría de la justícia. Mexico, D.F.: F.C.E.
(Traducció catalana de Joan Vergés: John Rawls Una teoria de la justícia, Girona, Accent editorial, 2010)
Arendt, A. (2005) La condición humana. Madrid: Paidós.  [properament penjaré un resum d’aquest llibre]

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4 thoughts on ““Peri eudaimonia” (Sobre la felicitat)

  1. Sí, dejar el tema de la felicidad y de la vida en manos de “donde te lleve el corazón” puede ser muy peligroso, incluso los fanáticos también se sienten “llevados por el corazón”. Me quedo con la duda de que querrá decir el término “deseo racional”.

    Josep Maria

    • Hola, Josep Ma.,
      Hay muchas maneras de responder sobre el significado de “deseo racional”. Una que me gusta y creo que es muy fecunda es la siguiente:
      Tenemos deseos, bien, vamos a suponer que no los controlamos, que “se tienen”. Ahora bien, una vez tenidos y conscientes (esto ya seria un peldaño a la racionalización, situándolos en la órbita del lenguaje) los hay que son deseables y los hay que son ideseables. Es decir, sabemos que tenemos los unos y los otros, pero a los unos les damos cabida, los aceptamos y hasta nos podemos esforzar por cumplirlos (por ejemplo, deseas un pastel, una persona, un estatus social, un objeto…) y a los ostros, que también podemos tenerlos, pero creemos que no són “buenos”, no les damos cabia y creemos que mejor reprimirlos y esforzarnos por apartarlos (por ejemplo, matar a alguien que te inoportuna en el trabajo, abandonar a los hijos porque te ocupan demasiado, robar el ordenador que alguien ha descontrolado en un despacho…). En este balance hay todo un cálculo (instrumental, valorativo, etc.) que racionaliza los deseos. Y esta bien saber que los tienes y que no te gustan, porque así, si se apaga la luz, como a veces sucede, se puede controlar la barbarie.

      • Hola,

        en los ejemplos que pones la cosa resulta evidente, pues se trata de un, como bien dices, cálculo valorativo, ahora bien, entramos con ello en el terreno resbaladizo de una racionalidad moral, que tanto problemas acarrea.

        En mi consulta de psicólogo es un tema con el cual cada día me he de confrontar, personas que acuden acuciadas por problemas y síntomas que se revelan fruto de elecciones morales y cálculos racionales que se han impuesto frente a unos supuestos deseos calificados de inmorales, rechazables, etc. y que desde la zona rechazada del “alma” regresan y se imponen (como síntomas) a nuestro pesar, mejor, en contra de nuestro mejores deseos y voluntades. En este campo, como en tantos otros, la dialéctica entre racional/irracional y moral/inmoral es harto equívoca y peligrosa.

        Por otra parte, hay deseos que en cuanto ingresan en la conciencia, tienen un rostro racionalmente impecable, por ejemplo el deseo de hacer el bien. Pero que muchas veces e inadvertidamente son máscaras de otros deseos, estos inconfesables, que disfrazados de buenos y racionales deseos acaban campando por sus anchas. Por eso aquello de “el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones”. Será por mi oficio pero esto del deseo racional, para mí, siempre me dispara una especie de señal de alarma.

  2. Buenos días:

    Gracias por esta magnífica reflexión sobre esta “plenitud del ser” que conocemos comúnmente como felicidad. Yo tampoco me atrevo por el momento a resolver si las emociones y la racionalidad son incompatibles.
    En la actualidad estoy leyendo el texto de Hannah Arendt “La condición humana” y en ella se afirma que el rasgo específico de la condición humana los hombres se centra en la comunicación libre de los proyectos de los individuos dentro de un espacio público donde el poder se divida en partes iguales. Pero sobre todo, esta condición humana se centra en la posibilidad del hombre de empezar algo nuevo, de crear para el mundo (por el hecho mismo de nacer). Creo que esto guarda relación con lo que comentabas sobre el pensamiento aristotélico sobre la felicidad, esa posibilidad de hacer posible (el acto) aquello potencial, la esencia del hombre.
    Cuando morimos, nos dice Arendt, el hombre se separa de la comunidad, se separa. Pero, como nos dice la filósofa, “Los hombres , aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar”.Quizás la felicidad tenga relación con esa posibilidad de comenzar. En la medida en que el hombre pierde la capacidad de desarrollar su individualidad (como ocurre en los totalitarismos), pierde también la posibilidad de empezar algo nuevo.
    Un saludo

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